Al centro Augusto César Mendoza Aráuz, acompañado de dos jugadores más, en los días gloriosos de su carrera deportiva. LA PRENSA/CORTESIA.

Adiós a un prospecto

Hijalmar [email protected] El joven Augusto César Mendoza Aráuz no necesitará más los seis pies de estatura que medía, para elevarse al cielo tratando de atrapar el balón. Ya no será así porque Mendoza Aráuz murió en el propio terreno de juego, desde donde, seguramente, sí se encumbró al Edén por voluntad de Dios. Este prospecto […]

Hijalmar [email protected]

El joven Augusto César Mendoza Aráuz no necesitará más los seis pies de estatura que medía, para elevarse al cielo tratando de atrapar el balón.

Ya no será así porque Mendoza Aráuz murió en el propio terreno de juego, desde donde, seguramente, sí se encumbró al Edén por voluntad de Dios.

Este prospecto de la portería falleció a las 11:05 de la noche del miércoles, víctima de un trauma craneoencefálico severo, tras recibir un contundente golpe en la cabeza durante un partido de fútbol en la Liga Intermunicipal de Somoto.

“Mi hijo reposa en el féretro con su traje de portero, vistiendo el uniforme del Real Madriz. Así será sepultado porque murió jugando. De un juego salió muerto”, dijo sollozando el profesor Ramón Mendoza Herrera, colega cronista deportivo.

UNA VIDA DEDICADA AL DEPORTE

El principio y el fin, el Alfa y Omega de Augusto César Mendoza se encontraba en el deporte, especialmente en el fútbol.

Siempre se destacó como un verdadero atleta, al principio como excelente jugador de béisbol en Infantil y Juvenil y Mayor A.

“Por su buena estatura, generalmente jugó la primera base, hasta que se salió del béisbol por una lesión”, agregó su papá Ramón Mendoza.

En fútbol fue un fiel integrante del Real Madriz, durante todo su proceso de ascenso, desde la Tercera hasta la Primera División. Todavía en el torneo pasado se alternó en la portería con Oscar Arroyo.

Mendoza Aráuz, que ajustaba los 21 años de edad al fenecer, también brilló en baloncesto y ajedrez.

“Era un verdadero ejemplo, no bebía ni fumaba. No tenía ningún otro vicio que el deporte”, expresó Mendoza Herrera.

Fue exactamente la filosofía del deporte lo que fortaleció el cuerpo y el alma de este prospecto de la portería, al calificársele de una persona verdaderamente amistosa y solidaria.

Por entregarse al deporte no era sobresaliente, pero tampoco un mal estudiante. En este 2001 decidió abrirle más tiempo al intelecto, y cursaba el primer año de Ingeniería Civil en la UCC de León.

“Escúcheme papá: por el deporte no le he dedicado mucho tiempo al estudio. Sin embargo, déme la oportunidad de estudiar. ¡No me deje morir!”, dijo Augusto César a su papá Ramón Mendoza al inicio del año, sin imaginarse que este otro anhelo sería imposible en su vida.

Sus restos serán sepultados el sábado, y también este día serán velados en el Estadio Municipal de Somoto, donde la familia futbolística le brindará muchos homenajes.

LOS SUEÑOS DE AUGUSTO CESAR

– Cumplir con los ideales del individuo ejemplar, con una vida más próspera y sana a través de la práctica del deporte, alejándose de los vicios.

– Alzar, por medio de su sacrificio, la voz para hacer realidad el sueño de construir un estadio de fútbol en Somoto.

– Por la pobreza en la Zona Norte del país, en especial en el departamento de Madriz, que se apoye económicamente a la organización del Real Madriz para sobrevivir en el fútbol de Primera División.

– Que en un futuro no muy lejano el Real Madriz, el equipo de su vida, se corone Campeón Nacional.

– Augusto César era hijo del Licenciado en Educación, Ramón Mendoza y de la también profesora Blanca Nubia Aráuz.

Descanse en paz.  

Deportes

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí