- Después de 18 años, empieza a develarse el misterio que rodeó a la columna guerrillera hondureña del PRTC, desde su nacimiento hasta su aniquilamiento
Roberto Fonseca [email protected]
Ultima entrega.- En esta segunda y última parte de la entrevista, Eduardo Báez Cruz, hermano de David Arturo, se develan otros detalles sobre el misterio que rodeó a la columna guerrillera hondureña del PRTCH, organizada y pertrechada en Nicaragua en 1983, y que fue virtualmente aniquilada por las tropas hondureñas y de la Contra.
Dieciocho años después, Eduardo junto a su mamá, Lillyam Cruz de Argüello, esperan el momento en que la Fiscalía de Honduras los llame para identificar y reconocer el cadáver de David Arturo, quien se incorporó a la columna bajo el seudónimo de “Comandante Adolfo”.
¿Cuándo retomaron el tema de la búsqueda de tu hermano David Arturo?
Bueno, yo me retiré del Frente (Sandinista) a finales del 86, y me empezó a entrar la inquietud de qué habría pasado con mi hermano, sabía que se había ido a Honduras, pero quería saber más detalles, conocer su paradero.
¿Nunca oíste alguna noticia en ese período, en los medios locales?
No, absolutamente nada. Soy obsesivo de leer periódicos, pero aquí en Nicaragua no se escribió ni una letra sobre eso, en cambio me quedé extrañado cuando descubrí en Honduras que fue un alboroto el quiebre de esa columna guerrillera, porque provenía de Nicaragua. Te hablo de reportajes, cables internacionales, escritos hasta en el Washington Post, pero aquí nada, supongo que fue bloqueado.
¿Y al oficial “Aníbal”, de Inteligencia del EPS, lo volvieron a ver?
Jamás.
¿Entonces?
Empecé a averiguar a través de amigos en el Ejército, que conocieron a Arturo o pelearon con él. La primera versión entonces me la ofreció Arturo Navarrete, un amigo de Jinotepe que había sido oficial de la Contrainteligencia, del CIM. Yo le pedí que averiguara algo, y meses después me contó una historia, muy parecida a lo que hemos venido luego averiguando. Me dijo que (David Arturo) se había ido con una columna guerrillera hondureña y que el trabajo de Arturo, además de asesor militar, era de cuidar al viejito cubano, supongo que se trataba de Reyes Matta, pues era una reliquia. Luego, en documentos desclasificados que hemos encontrado, dicen que mi hermano era como el “guardaespaldas” o el “custodia” de Reyes Matta, así se refieren a él, porque siempre estaba con él.
Además, me dijo que había sido un fracaso la operación desde el inicio, que no había durado mucho, que los habían quebrado desde que entraron. Los habían cercado, y que les habían echado a tropas hondureñas y a una fuerza de la Contra estacionada en El Aguacate. Todo eso lo confirmamos en documentos que se han venido desclasificando.
¿No quedó nadie vivo?
Tengo entendido que sí. Hace algunos años hablé con un ex oficial del Ejército, de nombre Darwin y originario de Masaya, quien se me presentó como sobreviviente de esa columna, como alguien que había logrado salir. Él era de Inteligencia del EPS, y me aseguró que había salido una parte con vida. Me habló con propiedad de mi hermano Arturo.
¿Qué persiguen ahora con todo este proceso?
En primer lugar, recuperar los restos de mi hermano. Todo esto lo hago por mi mamá y por mí mismo… Quisiéramos saber también qué pasó, cómo murió y recuperar sus restos. Es un asunto hasta de resolver tus duelos. Nosotros no tenemos mucha expectativa con tribunales, no queremos meternos en ese rollo, porque es ilusorio pensar que en nuestros países se puede hacer justicia con gente que estuvo metida en esas cosas. En el mismo Honduras, por ejemplo, hay una amnistía contra los culpables. Entonces, simplemente, queremos saber toda la verdad.
¿Y del gobierno hondureño han recibido alguna información?
En esto ha sido importantísimo la participación de la Fiscalía de los Derechos Humanos de Honduras, esa gente ha sido de lujo, beligerante, y en condiciones muy difíciles, porque la gente involucrada en este caso son ahora los coroneles, los generales de las Fuerzas Armadas hondureñas, ése es el verdadero trasfondo en todo esto. Gente que juega aún un papel importante en ese país.
¿Van a asistir como familia a las excavaciones de El Aguacate?
Nosotros tenemos el compromiso de estar ahí presentes. Quiero llevar a mi mamá, porque a estas alturas (18 años después), la única forma de identificar los restos quizás sea vía ADN, tomándole una prueba de sangre a mi mamá, pues es la forma más efectiva. Estamos pendientes de que nos avisen de la Fiscalía, pero sí hemos hecho muchas gestiones en Honduras. Esto de El Aguacate tiene casi un año, primero no quería dejarlos entrar el Ejército, argumentando que estaba minada.
¿Tu mamá lo quiere localizar, aunque eso le confirme definitivamente que está muerto?
Sí, claro. Ya le pasó con mi papá (Adolfo Báez Bone), lo mataron, pero no se sabía dónde había quedado su cadáver, hasta que meses después localizaron unos huesos. Como dice ella: “Eso da cierta tranquilidad”.
Pero en Nicaragua, ¿este asunto se mantuvo como Top Secret?
Sí, totalmente. Estaba completamente sepultado.