General Joaquín Cuadra, Ex jefe del Ejército Nacional.

General Joaquín Cuadra: “Garrote y zanahoria” contra los rearmados

La muerte de José Luis Marenco y otros seis miembros de los grupos remanentes del FUAC, es para el general Joaquín Cuadra la culminación de un proceso exitoso de pacificación emprendido por los dos últimos gobiernos desde 1990, donde el Ejército ha descabezado a los grupos irregulares a través de operativos de infiltración combinados con […]

  • La muerte de José Luis Marenco y otros seis miembros de los grupos remanentes del FUAC, es para el general Joaquín Cuadra la culminación de un proceso exitoso de pacificación emprendido por los dos últimos gobiernos desde 1990, donde el Ejército ha descabezado a los grupos irregulares a través de operativos de infiltración combinados con fuertes despliegues de fuerza

Fabián [email protected]

El general Joaquín Cuadra, ex jefe del Ejército Nacional, considera exitoso el proceso de pacificación que ha impulsado el gobierno desde 1990 a la fecha, y para demostrarlo pone dos ejemplos: “El drenaje de armas ha sido inmenso”, y la última banda que funcionaba lo hacía en una zona “económicamente muy marginal”. “Hace diez años no se podía ni salir de Estelí, y las Akas se compraban baratísimas en el Mercado Oriental”, dice.

Los dos últimos gobiernos han utilizado como política oficial “garrote y zanahoria” para lograr la desmovilización de los grupos armados, donde al Ejercito le corresponde golpearlos y al gobierno llegar a acuerdos económicos y sociales para su reinserción a la vida civil.

“No importa que luego no les cumpla, pero es mejor tener un resentido desarmado más, que uno armado”, subraya. Sin embargo, desde 1999 se terminó la política de “garrote y zanahoria” cuando el gobierno decidió no negociar más con grupos armados que sólo serían tratados como delincuentes. O sea, quedó el puro garrote.

Para golpear a los grupos irregulares, Cuadra reconoce que ha sido clave la infiltración y el engaño, como el que se utilizó en el operativo que terminó con la vida de José Luis Marenco, uno de sus lugartenientes, y cinco delincuentes más a mediados de agosto.

— En términos militares cómo analiza usted el operativo que acabó con José Luis Marenco. Se habla de infiltración…

“Claro, eso es totalmente legítimo. Este tipo de grupos no se puede combatir de manera frontal. Si hacés un recuento en los últimos cinco años o más, la forma cómo se ha venido neutralizando, la forma cómo se ha venido aniquilando a estos grupos ha sido con operaciones especiales. Para eso sirven estas fuerzas de operaciones especiales. Te infiltrás en el grupo”.

“Este grupo no te presenta pelea, no te combate. Golpea y huye. Eso es universal, no es algo que estemos inventando aquí en Nicaragua. Al final al grupo lo terminás reduciendo con presión de fuerzas militares, con presencia en determinados lugares, para dirigirlo a una determinada zona, donde vos tenés preparadas las condiciones: tenés campesinos infiltrados, tenés tropas disfrazadas de campesinos… Y los llevás, y los conducís hasta ahí, hasta darle un golpe para terminar con el grupo”.

— ¿Y buscan siempre golpear la cabeza?

“Claro. Siempre el golpe es a la cabeza. La cabeza es lo difícil que se reproduzca en ese tipo de fenómenos. Mientras que si golpeás los pies y las manos, los reproducen, tienen capacidad… Mientras se mantengan esos liderazgos, esos mitos que se crean tienen capacidad para reproducirse, para conquistar nueva gente. Reclutar forzosa o voluntariamente”.

— A los grandes despliegues de fuerzas que hace el Ejército como que no se les ve mucho resultados.

“Es que el resultado es este final. Si vos lo vez aislado, te equivocás. Es parte de una operación. Vos hacés, incluso, despliegues en otras zonas, haciéndoles creer que vas para otro lado, o que creés que el grupo está en otro lado, con el propósito que se relaje, que baje la guardia, que se confíe. Y para mientras estás preparando condiciones para asestar un golpe por otro lado”.

“Igualmente, de repente querés sacarlo de una zona y que se mueva a otra zona donde tenés mejores condiciones topográficas, poblaciones, de seguridad, ya has sembrado en el territorio tu “agentura”, gente que te dice para dónde va y para dónde viene… Hombré metés uno de estos típicos despliegues operacionales que salen en los periódicos, para que los vean, para que los escuchen. Y salen en la televisión: ¡las tropas van para tal lado…! y a lo mejor es con el propósito de que estos, al ruido de los caites se muevan y caigan en una zona donde son vulnerables”.

“Es parte de un conjunto. No son acciones aisladas. No es que por un lado están trabajando las tropas regulares del Ejército y por otro lado las tropas especiales”.

— Lo que pasa es que dan la impresión que el Ejército anda dando palos de ciego.

“No, no. Es parte de una operación. Tiene una lógica de por medio que las ata. El golpe no lo vas a asestar con este despliegue visible de fuerzas. Ahí vas vos a calmar a la población, a dar un mensaje a la población, y también dar un mensaje al grupo que estás combatiendo”.

— Mientras usted estuvo a cargo del Ejército, ¿recuerda que les hayan identificado a algún infiltrado?

“Sí, muchos. Estos grupos se vuelven muy matreros. Ariscos. Se vuelve muy difícil infiltrarle a alguien. Es el mismo grupo el que anda, son todos conocidos y para entrar te hacen pruebas para medirte: que asesinés, que te manchés las manos con sangre… Son grupos con una enorme descomposición ética, moral, humana. Verdadera escoria. Entonces es muy difícil que acepten a cualquiera en sus filas. Lo que ha pasado es que gente que hemos querido infiltrar la rechazan. La tienen en período de prueba, la mandan a hacer otras misiones, nunca la dejan acercarse donde se están moviendo…”

— ¿Alguna vez les mataron a infiltrados?

“No, no recuerdo que se nos haya producido ese tipo de situación. Lo que sí recuerdo es que muchos intentos de infiltración fueron infructuosos”.

— La gente del Frente Norte 3-80 dice que ustedes los infiltraron varias veces, pero nunca pudieron matar ninguno de sus dirigentes, y en cierta ocasión ejecutaron públicamente a un infiltrado que había logrado ser miembro del Consejo de Comandantes.

“No, recuerdo… El grupo 3-80 tenía como característica envolverse en banderas y causas políticas. Ciertamente el grupo 3-80 cometió muchos delitos. El delito de permanecer fuera de la ley, armado, es un delito. Y al final terminó con un proceso de negociación, incorporándose a la vida política, civil y productiva del país. Y sí, efectivamente en el trabajo de inteligencia teníamos un récord, un seguimiento y un conocimiento de todo lo que hacían, de todo lo que pensaban y para dónde iba el grupo 3-80”.

— ¿Y por qué no pudieron descabezarlo como a los otros grupos?

“Porque con el 3-80 el gobierno estaba hablando con ellos. La política predominante del gobierno era negociar con los grupos, no aniquilar los grupos. Lo que hacíamos era combinar: golpeábamos, hacíamos presencia, amedrentábamos al grupo, e inmediatamente llegaba el ministro de Gobernación a negociar: “Sentate, platiquemos, entregame las armas… ¿Qué querés? Te voy a dar hojas de zinc, tu machete, martillo clavos y tablas para que hagás tu casa… Pero, ahí están las tropas, el Ejército. Te va a volver a volar tiros”. Garrote y Zanahoria. La zanahoria en términos de preferir la salida negociada y la paz, y que el grupo armado deponga las armas”.

“Cuando el 3-80 negocia en Caulatú (Quilalí), alrededor había tropas importantes. Y el 3-80 definitivamente no hubiese podido resistir muchas semanas de combate si la decisión del Estado hubiese sido no negociar y combatirlo”.

“Hoy hay una situación completamente diferente, y en la última (desmovilización) hay que recordar fue una combinación de la fuerza con la política, con el FUAC. Esa fue la última. Y se hizo un acto de desmovilización en Las Minas”.

— Hay quienes dicen que el Ejército patrocinó la formación de grupos recompas como una forma de operar a los grupos recontras, ya que ellos podían hacer lo que no podía hacer el Ejército.

“No. Esa es la opinión más ligera que he oído. Porque el principal grupo recompa que hubo en el país fue el de ‘Pedrito el Hondureño’, que fue ciertamente muy beligerante. Incluso osaron meterse a Estelí. Un combarte frontal contra el grupo, con más de 20 muertos si no me equivoco. Si hubo combate entre recontras y recompas fueron muy marginales. Incluso creo que ni hubo. No me acuerdo de uno. Incluso, muy rápidamente se convierten en ‘Los Revueltos’ ”.

— ¿Usted recuerda el fin de Northiel?

Una operación similar (a la de Marenco). Northiel se había convertido en un rearmado, ex contra, que tenía cautivo a un sector de productores a quienes él les garantizaba seguridad. Y esos productores le pagaban, le daban apoyo. Era su pequeña base. Estos productores aceptan colaborar ante la inseguridad general que había, y ante el resquemor que tenía del Ejército por su origen sandinista en ese entonces”.

“En este tipo de acciones predomina la inteligencia, el engaño, porque no lo vas a poder neutralizar de otra manera. Son gente que se vuelven matreros, desconfían hasta de lo que toman. Le llevan guaro, le mandábamos guaro envenenado, y hacían beber guaro al otro, al que se lo llevaba… Sí, botellas de guaro. ¡Son jodidos difíciles! Y usabas la presión, la Policía, sobrevolás un helicóptero hasta que…”

— ¿Este grupo de “Rolando El Flaco” fue creado por ustedes para hacer contacto con él?

“No recuerdo con detalles… Pero sí el aniquilamiento de Northiel se debió en parte a contradicciones que él tuvo con otros grupos. Pero en el Ejército nunca empleamos grupos fantasmas. Sí muchísimas operaciones de inteligencia, operaciones de infiltración para mantener información sobre estos grupos, y tratar de determinar el momento más oportuno para asestarles golpes importantes”.

— ¿Cómo fue la muerte de “El Charro”?

“Igual. Después de largos períodos de persecución sobre ‘El Charro’, y al final, como parte final del operativo, la infiltración, llevarlo a un lugar donde se logró hacerle una emboscada con cohetes antitanques”.

— “El Charro” murió cuando estalló un radiocomunicador relleno de explosivos, entiendo yo.

“No, con (cohetes) RPG-7 fue que murió. Después salió una versión que fue con un radio, pero es que al momento de su muerte él estaba trabajando con un radio. La verdad es que lo logramos poner en un lugar y en tal condición estaba al alcance de una escuadra que tenía tres RPG-7, y por eso la forma como el muere es por explosión, más que por balazos”.

— Hay una versión que dice que el señuelo fue un encuentro con unos supuestos diplomáticos estadounidenses…

“Es posible. No lo recuerdo con detalles. Es posible que como parte de la relación de confianza para moverlo a una determinada zona. Es lo que te digo, estas operaciones funcionan cuando, como se dice en lenguaje popular, lo tenés como “venadito en tu huerta”. Lo llevás al lugar donde querés y ahí tenés a la gente escondida, enterrada incluso bajo la tierra, y en su momento, cuando el hombre está en su lugar, el cabecilla o el grupo, se le asesta el golpe. Eso a veces tarda meses, seis meses a veces. Paciencia, con muchas formas… Un radiocomunicador para que se comunique con alguien, y a lo mejor es en la loma donde lo estás esperando…”

“Es un trabajo que yo diría, ahora, desde mi retiro militar, hecho con gran profesionalismo. En el marco de los respetos a los Derechos Humanos… Engañar a un delincuente para eliminarlo o capturarlo no es ninguna violación a derechos humanos”.

— ¿De dónde salen las armas? Se entregan armas y vuelven a aparecer en las manos de los mismos… Pareciera como si estuviesen regresando.

“A veces puede dar la impresión esa, que es inagotable. Pero es obvio que en el transcurrir de los años, cada vez la calidad de las armas es inferior, es más escasa. Otro éxito importante en este proceso de pacificación ha sido que hemos drenado inmensamente el país de armas. Aquí se recogieron con el trabajo que hizo la Brigada Especial de Desarme (BED), más de cien mil fusiles, sólo en esa etapa. Más los que han entregado los grupos que se han desarmado”.

— ¿Quedan buzones?

“Yo creo que hubieran salido ya. Mi apreciación ¿verdad? Vos ves ahora cómo los delincuentes se mueren por conseguir un fusil. En el mercado negro de armas vos ves cómo ha subido el precio de un AK”.

— ¿Usted considera legítimo que el Ejército recurra al engaño para controlar a los delincuentes?

“Totalmente legítimo. Hay puristas que podrían decir que es antiético, infiltrar, recurrir al engaño para controlar estos grupos, y esperan que se neutralicen en acciones de guerra, frente a frente, pero es iluso pensar así, porque jamás estos grupos van a aceptar el choque frontal”.

PROMESAS FALSAS

– El general Joaquín Cuadra reconoce que para lograr la desmovilización de un grupo, muchas veces se hacían promesas que se sabía nunca se iban a cumplir, generando así un ciclo de “promesa, desarme, no se cumple; rearme, nuevas promesas…”

– “Lo importante es que el hombre depusiera las armas… Se les ofrecía el oro y el moro, porque lo importante es que depusieran las armas. Es mejor tener un resentido, de los muchos que hay en Nicaragua, desarmado que armado”.

– Cuadra acepta que ante el incumplimiento de lo prometido el desalzado se volvía a armar, pero asegura que este proceso servía para que “Nicaragua se fuera drenando de armas. Hay quienes pasaron como tres veces por las listas de desarmados”.

Mañana: “Firmar me harás…”

Durante 10 años de “pacificación” el gobierno firmó 53 acuerdos para desarme de grupos y ninguno cumplió totalmente. La política oficial del gobierno fue “no cumplir” y generar un circulo vicioso de “arme-promesas-desarme-incumplimiento-arme”, dice una socióloga.  

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