- Conductor milagrosamente sale ileso después de sufrir aparatoso accidente en una curva de la carretera vieja a León
- Automotor transportaba más de dos mil cajas de botellas de vidrio para envasar ron nacional
Mario Sánchez [email protected]
“¡Ayyy, Dios mío!”, fue la exclamación que logró decir el conductor costarricense Rodolfo Castillo, cuando observó y sintió que la cabina del furgón Internacional, placas 1777-32, en una irónica similitud al hundimiento del Titanic, se alzó como buscando las nubes, mientras el contenedor cargado de 2,016 cajas de botellas de vidrio, se precipitaba al abismo ubicado en la curva de la carretera vieja a León, a la altura del kilómetro 14 y medio.
Castillo dijo que él conducía el furgón desde Cartago, Costa Rica, y se dirigía hacia el Ingenio San Antonio, en Chinandega, cargando unas 12,384 botellas de vidrio nuevas, para envasar ron Flor de Caña, pero al llegar a la curva Monte Verde, se le averiaron los frenos, se apagó el motor y “el camión se me vino de retroceso, hasta caer al abismo”.
El conductor, que milagrosamente resultó ileso sin siquiera un rasguño, relató que avanzaba sobre la pendiente cuando lo rebasó un bus y después una camioneta roja, cuyo conductor mantuvo la velocidad a una distancia muy cercana al furgón.
A fin de evitar la embestida a la camioneta, él bajó la velocidad, pero en ese momento sintió que los cambios de la pesada máquina no respondieron. Quiso salir a un lado de la vía para estacionarlo, pero no pudo hacerlo porque en el carril contrario se acercaba un carro.
DE RETROCESO SE FUE A ABISMO
Fue entonces cuando intentó frenarlo para detenerlo y parquearlo poco a poco, aunque de retroceso. En ese momento comenzó a sentir miedo, ya que los frenos tampoco respondieron, intentó encender el motor, pero fue imposible.
Sintió que el camión comenzó a tomar velocidad, mientras él maniobraba con el timón para tratar de estacionarlo. Era imposible controlarlo en una pendiente tan empinada y de retroceso. Por el espejo retrovisor de la puerta izquierda observaba, aterrorizado, que las llantas traseras estaban avanzando hacia el abismo.
A los pocos segundos sintió cuando el contenedor cayó hacia el precipicio, mientras la cabina se levantaba y quedaba casi de manera perpendicular. “En ese momento sólo me acordé de Dios y dije: ¡Ay, Dios mío, éste es mi fin!”, expresó Castillo poco después del accidente, mientras detrás de él se observaba el furgón destruido.
Seguidamente sintió que el furgón dio una voltereta, rumbo al fondo del precipicio, pero inexplicablemente se detuvo. No siguió rodando. Esto ocurrió cuando el contenedor, como si fuera una caja de cartón, se abrió debido al movimiento de la pesada carga y se incrustó en la tierra húmeda, dejando salir una correntada de botellas quebradas.
PREOCUPADO POR AVISAR DE ACCIDENTE
– Rodolfo Castillo, conductor del furgón costarricense que procedía de la fábrica de botellas de vidrio Vicesa de Cartago, Costa Rica, dijo que él estaba vivo porque Dios le oyó su imploración cuando caía al abismo con todo y la máquina.
– Aunque la cabina se apachurró, solamente recibió golpes leves. Para salir, lo hizo por la puerta derecha. Los vecinos del sitio se impresionaron al verlo salir “sano y salvo”. Él, de inmediato buscó un teléfono para avisar del accidente a su hermano, Manuel Castillo, dueño del camión, y al Ingenio San Antonio para informar sobre la pérdida de la carga.