Mario Sánchez [email protected]
Vecinos enardecidos, armados de garrotes y algunos hasta con machetes, expulsaron a una juez, a los policías, a una mujer que reclama un terreno de una manzana y media de extensión, y a un grupo de hombres que llegaron a desalojar a la señora Marina Téllez y a sus ocho hijos y unos 18 nietos, que habitan en una vivienda de madera, ubicada en la comarca Los Cuarezma, en la entrada de Las Sierritas de Santo Domingo, en Managua.
El desalojo se frustró cuando la señora Clarisa Espinoza Mayorga, quien dice ser la dueña del inmueble, se aprestaba a tomar posesión del mismo, luego que la juez Cuarto Local Civil, Ana Jane Espino de Sampson, desalojó a la señora Téllez, apoyada por un grupo de hombres, contratados para sacar los enseres que había dentro de la vivienda.
Los hombres sacaron todos los muebles, camas, ropa, trastos y hasta algunas muñecas y otros juguetes de la casa y de otros cuartos construidos en varios sitios del terreno de la señora Téllez, donde sus hijos vivían con sus respectivas familias.
Ellos han vivido ahí desde el 19 de diciembre de 1975, cuando doña Clarisa, supuestamente, se marchó a los Estados Unidos y dejó en la propiedad a doña Marina Téllez.
La señora Espinoza Mayorga no pudo tomar posesión del terreno, porque los vecinos de distintas posiciones económicas reaccionaron enojados y comenzaron a recoger los enseres de las familias desalojadas que habían sido tirados en un cauce, y los metieron a la casa.
La juez Espino de Sampson dijo que ella llegó a cumplir con el desalojo ordenado por la juez Yelba Aguilera del Juzgado Primero de Distrito para lo Civil, y por sentencia del Tribunal de Apelaciones de Managua, que ordenan la devolución de la propiedad a la señora Espinoza Mayorga.
DUEÑA SE APARECE 26 AÑOS DESPUES
La señora Clarisa Espinoza Mayorga, dueña del terreno, dijo que ella sólo andaba acompañando a la jueza Cuarto Local de lo Civil, Ana Jane Espino de Sampson, mientras que doña Marina Téllez, la desalojada, se apretaba la cabeza con sus dos manos, y llorando decía: “¡Me traicionó mi abogado! ¿Qué voy a hacer si no tengo adónde irme a vivir? ¡Tengo 26 años de vivir aquí! ¡No me quiero robar este terreno, sólo quiero que doña Clarisa me pague el tiempo que lo he cuidado!”