- Experimentarán con semilla y follaje del maíz autóctono nica
María Antonia López M. [email protected]
El descubrimiento del Teocinte (Zeas nicaraguensis) recientemente confirmado en el país por investigadores nacionales y extranjeros podría aportar importantes beneficios tanto para la agricultura como para la ganadería.
La planta que popularmente se le conoce como “maizón” o “teocinto” fue descubierta hace algunos años por investigadores extranjeros y nacionales en una finca denominada Apacunca, ubicada entre Somotillo y Villanueva, en Chinandega a unos 160 kilómetros al Occidente de Managua.
Sin, embargo, recientemente se ha informado de la existencia de una pequeña área en Santo Domingo, Chontales, en el centro del país, por lo cual los investigadores de la Universidad Nacional Agraria (UNA), Carlos Loáisiga y Alvaro Bermúdez recogieron algunas especies y las plantaron para iniciar el proceso de experimentación.
Esta especie de maíz es de relevante importancia por cuanto constituye el principal alimento de la cultura mesoamericana, cuyas fronteras para algunos historiadores termina en Nicaragua. Se cree que el Teocinte probablemente fue domesticado por los indígenas de forma artesanal, aunque no ha sido totalmente comprobado.
Carlos Henry Loáisiga, investigador de la UNA explicó las implicaciones que tiene el descubrimiento de la planta para Nicaragua: “es un recurso silvestre importante porque está adaptado a la zona y tiene muchas características, la caña es dura tiene mucha palatabilidad”.
Agregó que uno de los primeros esfuerzos que se están haciendo es tratar de preservar la zona, es por ello que el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales aportará cinco mil dólares para la compra de la tierra donde nace de forma natural y será manejado por la Universidad Agraria.
“La segunda etapa es la investigación porque queremos ver si el Teocinte se puede utilizar para forraje de ganado, en grandes áreas, queremos sembrarlo y evaluarlo. A su vez queremos hacer un análisis genético molecular y estudiarlos para codificarlos”, explicó Loáisiga.
Mientras tanto, Alfredo Grijalva sostiene que el Teocinte tiene alta capacidad genética por lo tanto se puede aprovechar para mejorar la semilla de maíz que actualmente se cultiva con la finalidad de adaptarlo a condiciones más húmedas.
Por otro lado, consideró que aún hay vacíos legales en el país para proteger algunas especies como ésta, pero de otro modo debido a los problemas que se han presentado a nivel mundial con los bancos genéticos la protección de parte de los países es mayor.
Grijalva estimó que América Latina es uno de los principales productores de semilla comestible y es por eso que se habían creado bancos genéticos donde se depositaba el mejor material pero hubo un momento en que no lo devolvieron y por ello hay más cuidado al respecto.
MUY PRODUCTIVA
El Teocinte es una planta que crece hasta más de cuatro metros de altura, tiene capacidad de producir numerosas mazorcas, cuya semilla es pequeña, de color oscuro y extremadamente dura, de raíz aérea, con capacidad de crecer en suelos con alta concentración de humedad. Algunas investigaciones de la especie encontradas en México dieron como resultado el alto valor nutritivo en proteínas y aminoácidos, pero no fue consumido por los humanos.
UN POCO DE HISTORIA DEL MAIZ NATIVO
– Uno de los primeros que se enterara de la existencia del Teocinte es el investigador botánico Alfredo Grijalva quien se desempeña como director del Herbario Nacional ubicado en la Universidad Centroamericana.
– Grijalva junto al doctor Hugh Iltis y el profesor Robert Bird de Carolina del Norte, en distintos momentos recorrieron el área de Apacunca, descubriendo que en verano la planta tiende a perderse, por el contrario, en el invierno crece de forma natural sobre grandes extensiones de agua o terrenos fangosos.
– El profesor Grijalva recuerda que los campesinos de Chinandega le relataron que en los años 50 el Teozinte nacía hasta en las orillas de la carretera pero con la incursión del algodón y la presencia de ganado fue desapareciendo.
– Los extranjeros que llegaron al país, llevaron algunas muestras a la Universidad de Madison, Wisconsin en Estados Unidos, donde se han hecho algunas investigaciones, las cuales fueron dadas a conocer en una revista científica Novon en noviembre del 2000.