- En Portugal se han registrado 243 muertes en accidentes viales en los dos últimos años
- “Burlarse de la ley es una característica nacional”, dice agente policial de la localidad
Barry Hatton (AP)
PEÑACOVA, PORTUGAL.- La ruta IP-3 atraviesa serenos bosques de pinos y eucaliptos en esta hermosa comarca del norte de Portugal. Los viñedos de las laderas aparecen matizados de casitas blancas con techos de tejas rojas. El paisaje sería idílico, si no fuera por el peligro mortal que significa la IP-3 para los que viven a su vera. De enero a marzo de este año, en un tramo de apenas 30 kilómetros en torno a Peñacova, se informó de 80 accidentes, con nueve muertos y 14 heridos.
“Uno nunca sabe si será su último viaje”, dice Anabela Bragança, de 31 años, maestra y madre de dos niños que vive en Peñacova, una localidad ubicada a 190 kilómetros al norte de Lisboa. La ruta que une las ciudades de Coimbra y Viseu, en el norte, es conocida como la “ruta de la muerte”, pero es sólo el peor ejemplo de los defectos que hacen de las autopistas portuguesas las más peligrosas de Europa.
Entre 1990 y 1998 se registraron 243 muertes en accidentes viales por cada millón de habitantes de Portugal. El promedio para toda Europa es de 114 por millón, según un informe de la UE. Por la IP-3 circulan tanto camiones enormes y vehículos turísticos que van del norte de España a Lisboa, como habitantes locales que hacen sus recados o llevan niños a la escuela. Así se crea una mezcolanza fatal de tráfico rápido y lento.
Como muchas rutas portuguesas, la autopista tiene una señalización defectuosa, una calzada resbaladiza y cuestas abruptas seguidas de curvas mal diseñadas. Sin embargo, las autoridades culpan a los conductores de la mayoría de los accidentes. José Paredes, agente de la policía de Coimbra, estima que más del 95 por ciento de los accidentes son causados por conductores irresponsables. Paredes reconoce que la IP-3 es peligrosa. “Allí los errores se pagan caro”, dice, pero deplora que los conductores no respeten el límite de velocidad de los malos caminos.
Burlarse de la ley es una característica nacional, dice Paredes. “Es una atracción fatal. Es genética. Nos gusta correr riesgos”. Es común ver a un conductor acercarse a pocos centímetros del auto que lo precede y hacerle señales con las luces a 140 kilómetros por hora. Manuel Joao Ramos, cuya hija de cinco años murió en sus brazos hace tres años, a raíz de un choque con un camión, deplora la actitud “machista” que ve en las rutas.
“Es como una gran corrida de toros, todos contra todos”, dijo. Sostuvo que el problema se debe en parte al gran aumento del tráfico. La fuerte expansión económica desde que Portugal ingresó a la Unión Europea, hace 15 años, trajo consigo una riqueza que provocó un auge en las ventas de autos particulares. Ramos pronostica que media docena de países de Europa oriental y central que ingresarán a la UE en los próximos años sufrirán problemas similares. “Como Portugal, son mercados vírgenes para los fabricantes de automóviles, pero sus rutas están en mal estado”, dice.
UNA RUTA DE ENSUEÑO Y DE «MUERTE»
Esta ruta de dos carriles y que une a las ciudades del norte de Coimbra y Viseu es muy riesgosa. Aunque con primor serpentea tranquilos bosques de pinos y hace relucir majestuosas arboledas de eucaliptos, esta ruta de la muerte” como la llaman, ha reportado 243 accidentes en los dos últimos años. En lo que va del año, se han producido 80 accidentes, 9 muertes y 14 heridos.
LA EXPERIENCIA DE SOBREVIVIENTES
– Intentos por reducir los accidentes en esta zona no se han dejado esperar. Anabela Bragança es fundadora de la Asociación de Usuarios y Sobrevivientes de IP-3, que brega por mejoras en las rutas; el gobierno ha prometido aplicará castigos ejemplares a los malos conductores.
– José Caetano, director del semanario especializado AutoFoco, dice que se necesitará un gran esfuerzo para revertir la tendencia portuguducir (conducir a lo portugués) a gran velocidad. “No creo que podamos rectificar este problema durante mi generación”, dijo Caetano. “Para lograr tal cosa será necesario iniciar la educación vial en las escuelas primarias”. Este es el peor ejemplo de los flujos vehiculares, que hace que las autopistas de Portugal sean las más peligrosas de Europa.