Tomás [email protected]
He leído con detenimiento su editorial de hoy y permítame expresarle que estoy en total desacuerdo con su punto de vista. Creo que toda persona tiene el derecho de llevar una vida digna y si en algún momento alguna enfermedad llega a arrebatarle esa dignidad y esa persona decide en forma consciente poner fin al sufrimiento, debe de existir un marco legal que le permita hacer valer su derecho.
Desafortunadamente, todavía existen muchas enfermedades fuera del control de la ciencia que van a continuar por un tiempo diezmando a la humanidad; por lo tanto no debe de sorprendernos que países avanzados tomen medidas para proteger los derechos de sus ciudadanos, bajo la premisa de que uno de los pilares fundamentales de la sociedad es el bienestar de sus integrantes.
El considerar a la vida como un “misterio” tal como afirma usted en su editorial, calza en una sociedad que creía que la tierra era plana y que condenó a Galileo por afirmar lo contrario.
Señor editor, estamos ya en el tercer milenio, en una aldea global, mediatizada, que trata de conseguir un mayor bienestar para sus habitantes, bajo la utopía de que algún día todos van a ser felices.
Dejemos atrás, pues, el sacrificio, el flagelo, en fin el sufrimiento como autoimposición y dejemos que la vida, esa cruda realidad, nos lo ponga enfrente y si al final de todo tiramos la toalla, lo hagamos con dignidad.