Los jubilados fundadores del seguro social, de 1957 a 1979, fueron 9,209. Todos pagaron cotizaciones con córdobas valiosos a siete por uno con relación al dólar americano.
De 1979 a 1990 el número de jubilados aumentó de 9,209 a 76,677 porque el gobierno sandinista incorporó al INSS como jubilados, sin haber pagado ni una sola cotización, a los lisiados de guerra.
La incorporación masiva de jubilados más la hiperinflación castigó la situación financiera del INSS, lo que aceleró su quiebra técnica.
El gobierno de doña Violeta, por medio de su gabinete económico y funcionarios del INSS, decidió “como un deber moral y de justicia social revalorizar las pensiones en forma gradual y progresiva, teniendo como meta alcanzar los niveles o montos que tenían a la fecha de su otorgamiento”.
Las pensiones revalorizadas fueron todas las otorgadas legalmente al 31 de diciembre de 1990, “hasta un límite máximo de C$2.500.00 (dos mil quinientos córdobas netos). Después de nueve años “la meta” sigue inalcanzable y el límite máximo permanece igual.
Jubilados que pagaron cotizaciones durante 28 años con salarios elevados siguen recibiendo pensiones miserables. Es decir, nacieron sólo para pagar cotizaciones al INSS y enfrentar una vejez sin presente ni futuro, sin ley y sin justicia.
Fernando A. Malespín Ferreti.
Jubilado No. 24.