La belleza exótica del San Juan

La frondosa vegetación, la diversidad de especies y los paisajes paradisíacos asoman en cada recodo del histórico río San Juan, sorprendiendo a los visitantes que pueden deleitarse con la vasta belleza de uno de los pulmones naturales de Nicaragua, testigo silencioso de la historia patria José Adán Silva [email protected] Es un río espectacular, de más […]

  • La frondosa vegetación, la diversidad de especies y los paisajes paradisíacos asoman en cada recodo del histórico río San Juan, sorprendiendo a los visitantes que pueden deleitarse con la vasta belleza de uno de los pulmones naturales de Nicaragua, testigo silencioso de la historia patria

José Adán Silva [email protected]

Es un río espectacular, de más de 250 metros de ancho y cientos de millas de largo, con desembocaduras de diferentes ríos que alimentan el lecho acuático. Su curso parece inacabablemente bello. Las aguas son verdosas y en sus riberas se ven aves exóticas y animalitos silvestres.

En algunas partes, principalmente en los deltas, reptiles de diferentes tamaños posan para las cámaras de los turistas. Todo ello, rodeado de densos bosques húmedos, de follajes sofocantes, árboles enormes y casitas pintorescas. Es el río San Juan, a lo largo y ancho de su extensa belleza.

Ahí habitan 303 especies de aves, entre ellas 24 migratorias; 26 especies de mamíferos, 15 reptiles, 3 de anfibios, 61 especies de insectos, 7 de crustáceos marinos, 2 de crustáceos de agua dulce, 13 especies de peces marinos y 10 de valor de agua dulce.

Desde San Carlos hasta San Juan del Norte, comparten el espacio especies como manatíes, tiburones, sábalos, róbalos, gaspares, langostas y otras especies acuáticas.

La zona aumenta sus niveles de importancia y belleza por la presencia de 10 especies de garzas, 2 de cigüeñas, 9 de chorlitos, 3 de martín pescador, patos agujas, pato chanchos, tortugas carey, tortugas verdes y otra inmensidad de animales acuáticos y terrestres.

En los cielos de esos paraísos vuelan especies exóticas como el cóndor centroamericano y el águila arpía, mientras entre los matorrales, los jaguares acechan silenciosamente a las manadas de jabalíes.

También nacen ahí bellezas florales como orquídeas, bromelias, lirios y otras flores exóticas.

PLAN DE MANEJO DEL REFUGIO SILVESTRE

Estas vastas y agrestes zonas naturales son parte de las últimas reservas naturales de Nicaragua. Junto a la Reserva de Bosawás, al norte del país, constituyen los pulmones de Nicaragua. No obstante su importancia, y su belleza, a estas obras majestuosas de la naturaleza hay que defenderlas de un enemigo común: el hombre y sus necesidades.

Provocadas, reales o falsas, las necesidades de la población en esos lugares lejanos y pobres, están poniendo en peligro la biodiversidad de la región.

Con el objetivo de preservar la vida natural de animales y plantas en peligro de extinción, el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena) ha diseñado un “Plan de Manejo de Refugio de Vida Silvestre” en el Río San Juan, que podría salvar las reservas biológicas de esas zonas.

Este plan tiene por objetivo promover un proceso de ordenamiento ambiental de la zona; conservar y manejar los ambientes acuáticos y terrestres singulares presentes en el territorio, así como especies y comunidades biológicas de gran riqueza para estudios naturales y de enorme potencial médico.

El “Plan de Manejo del Refugio de Vida Silvestre Río San Juan”, en su último resumen ejecutivo del mes de marzo del 2001, contempla además conservar y manejar los hábitats de especies silvestres, “particularmente aquéllas catalogadas como raras, endémicas, amenazadas o en peligro de extinción”.

PAISAJES PARADISÍACOS

Este refugio se encuentra en la planicie sedimentaria del sureste, donde se cuentan cuatro lagunas paradisíacas y una multitud de pequeños estanques naturales, todos conectados entre sí a través de intrincados sistemas de ríos y canales que transportan el agua desde las partes altas de las cuencas y alimentan al San Juan hasta en su rumbo al Océano Atlántico o Mar Caribe.

Hay bosques donde los árboles alcanzan unos 30 metros de altura, y otros bosques de palmeras yolillas que dan un aspecto caribeño a la jungla.

Toda la zona es una reserva biológica. Ahí están el Monumento Nacional Solentiname, con un área protegida de 189.3 kilómetros; el refugio de vida silvestre Los Guatusos, de 437.5 kilómetros; Monumento Histórico la Fortaleza de la Inmaculada de 37.5 kilómetros y la gran Reserva Biológica Indio Maíz con 2,950 kilómetros de área, una de las más grandes del istmo.

VENDEDOR DE RANAS Y CULEBRAS

El recorrido por estos parajes se hace enteramente en pangas y lanchas. En un reciente viaje, un equipo de LA PRENSA visitó esos lugares, junto a una delegación de la Vicepresidencia de la República, el Ministerio del Ambiente y algunos embajadores que apoyan proyectos en estas zonas.

Fueron cinco días de travesías, calor, agua y verde por doquier. Adelante de Boca de Sábalos hay una propiedad conocida como Raudal del Toro. Ahí habita un veterinario cuyo nombre suena a la designación científica de alguna especie rara: Yaró Ch-Praslin.

La actividad a la que se dedica Ch-Praslin le ha dejado entre los lugareños un apodo con el cual es mucho más fácil identificarlo: “el ranero”.

Tal mote le viene porque Yaró se dedica a reproducir con fines de preservación algunos animales, y con fines comerciales otros. Por ejemplo, Yaró tiene crianza de culebras, ranas de colores, lagartijas, tortugas y uno que otro animal de monte.

En su propiedad uno debe caminar con cuidado, evitando pisar animalitos de todos los colores, o evitando la picadura de alguna culebra suelta, o la dentellada de un pizote, o la picadura de reptiles venenosos que se infiltran en la propiedad para alimentarse de la granja tipo “Arca de Noé” de Yaró.

Los detalles de la venta de tales animales, y sus precios, son un secreto. “Cuestión de mercado”, dice Yaró, asegurando sí, tener el permiso debido de las autoridades correspondientes, lo cual se comprobó cuando el Ministro Roberto Stadthagen bajó de la lancha a saludarlo y preguntarle por el proyecto.

No sólo ranas y lagartijas se reproducen en esta zona. Existe un lugar en El Castillo llamado Centro de Interpretación de la Naturaleza del Bosque Húmedo Tropical, donde están todas las especies existentes y las extintas de la región.

El único problema con ellas, es que están disecadas o en pósteres escolares. Ahí mismo existe un “mariposario”, una especie de centro de reproducción de mariposas, donde no se pudo entrar ni obtener más información porque las encargadas del local no habían llegado y las lanchas ya partían más al sudeste.

LAS RUINAS DE GREYTOWN Y LOS RECUERDOS DEL CANAL

Después de siete horas de viaje en panga, la visión de los paisajes del trópico suele resultar aburrida y las ansias por llegar a tierra firme aumentan. Ya casi de noche, a las 6 de la tarde, la delegación de cinco lanchas llegó a San Juan del Norte, donde una nube de zancudos esperaba a los visitantes.

Al amanecer del día siguiente, partimos a un tour por los ríos cercanos a la vieja y sarrosa draga que supuestamente trajeron los ingleses en 1890, para iniciar el largo y postergado canal interoceánico que terminó, al menos eso dicen por allá, en el río San Juanillo, donde aún se ven las ruinas y restos de barcos de vapor que naufragaron en la zona.

Por la tarde, entre los destellos calcinantes de un sol que parecía más cerca que nunca, entramos en las ruinas del Greytown antiguo, quemado en 1982 por la guerra entre sandinistas y rebeldes al mando de Edén Pastora.

En este lugar se encuentran las ruinas del viejo pueblo y de antiguos cementerios de inmigrantes británicos, chinos, norteamericanos y nicaragüenses muertos en las primeras travesías a finales del siglo XIX.  

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