- La práctica de la equitación en Nicaragua se reduce aún para quienes tienen posibilidades económicas de hacerlo. No obstante, una actividad como esta puede alcanzar un fuerte desarrollo combinado con actividades de servicio. Aunque no es la finalidad de la Escuela “Aras de Albanta”, la capacidad de atención se ha visto limitada a veces por ser la única que existe en el país con alta calidad y la posibilidad de nuevas alternativas está por verse en el futuro.
De baja estatura, enérgica y fuerte. Lidiando con caballos desde los tres años, Lorena Mántica creó su propia escuela de equitación cuya lógica es lograr que se expanda este tipo de deporte; más que interesarle que su empresa sea altamente rentable, pese a que en otros países la tendencia moderna apunta a combinar lo ecuestre con otros rubros.
Por gestiones realizadas por el señor César Augusto Lacayo, recibió una invitación para estudiar donde Alvaro Domeq, en España, en la Finca Los Alburejos. Durante dos meses tuvo la oportunidad de conocer con mayor detalle las técnicas de equitación más modernas.
Cuando empezó, a los tres años, ¿le fue difícil discernir si le gustaría o no andar con los caballos por el resto de la vida?
No es un asunto de discernir o no. Cuando uno nace con una pasión… recuerdo que a los tres años todo lo que tenía que ver con los caballos era pasión, cualquier dibujo, al carretonero que pasaba por la casa le pagaba un “chelín” para que me dejara subir. Durante mi vida estudié artes plásticas y sentía que nada de lo otro que hiciera me llenaba, como cuestiones de periodismo y arte. Aunque me gustaba lo que hacía, siempre en el fondo estaba lo del caballo y en mis tiempos libres me dedicaba a eso.
Se nace con una pasión. No es algo que se planea, sino una manera de vivir. Es como que le falta el aire. Nada me hizo cambiar de quedarme en la equitación.
¿Cómo surge la idea de crear una escuela de equitación?
Lo quería hacer desde que tenía 13 años, pero por motivos de la vida no se pudo. La idea de dedicarse a la equitación no era muy factible porque mi familia me decía que de eso no se vivía, que eso era un hobby, y yo no me la planteaba así, sino como una profesión. Al inicio no tuve mayor apoyo, hasta que con mucho esfuerzo comencé a hacer mi propia escuela y mi familia se dio cuenta que se podía vivir de ello y utilizarse como una profesión y que valía la pena vivir haciendo lo que a uno le gusta si eso da para vivir.
Aunque la equitación es un hobby de lujo, es caro, no se gana cantidades de dinero. Al que vive de eso no le abunda el lujo porque los caballos se consumen todo lo que se gana. Y creo que esa es la meta en la vida: hacer lo que nos gusta. Es un privilegio y además que por hacerlo nos paguen.
¿Por qué consideran que la equitación es un lujo, es la concepción en Nicaragua por las condiciones económicas del país, o así es en todas partes?
Nicaragua es un país que tiene cantidad de caballos. La afición por el caballo es fuerte. Pero, de alguna manera a nivel de gobierno o en forma particular, nadie se ha movido para hacer que la equitación crezca como escuela o a nivel deportivo.
Yo siempre critico que todos los días del mundo vemos noticias de béisbol, básquetbol, boxeo y nunca presentan lo que sucede en la equitación en este país. Voy a invitar cada vez que tengamos una competencia en la escuela, porque son cosas que el pueblo debe conocer. Que se empiece a hacer conciencia en las personas que la equitación existe más allá de una simple afición de primeros de agosto. Nicaragua ya está compitiendo en salto con otros países y ha quedado en primeros lugares. Este año vamos a llevar un grupo fuerte de niños y adultos.
Si en Nicaragua el gobierno apoyara un poco más a los jinetes, se pudiera surgir un poco más. El problema es que no hay dinero y la equitación es cara, para trasladar caballos, jinetes, pagos de inscripción y demás. Si hubiera una institución donde se diera oportunidad a personas pudientes o no, para que aprendan o se otorguen becas, como lo hacemos nosotros, pero no podemos hacerlo para todos.
De hecho, la escuela ha hecho mucho, porque cada piedra puesta ha sido con dinero ganado de la misma, se ha vuelto a reinvertir, porque empezamos con 25 mil dólares, y han sido cinco años de trabajo sin parar.
La equitación es muy incipiente en el país, hay pocas escuelas…
Ya no hay más que ésta. Antes estaba la de doña Margarita Sánchez, la de don Douglas Reyes, que también cerró. Pero es que es muy difícil llevar una escuela de equitación. Es como cualquier otra profesión, porque hay que pasar varias horas del día leyendo o bien seis horas montando. Se trabaja desde muy temprano en la mañana. Y todos los alumnos tienen las mismas obligaciones y los profesores aquí se hicieron.
¿Le han dado mayor énfasis al espectáculo?
La equitación tiene varias ramas: doma, salto, el espectáculo de doma y alta escuela que en Nicaragua no hay nadie que lo haga. Aquí siempre ha habido caballos haciendo algunos movimientos, se hace lo que puede, muchos movimientos mal hechos porque no ha habido seriedad en el trabajo y continuidad a través de muchos años.
Desgraciadamente, al igual que en otros países la hípica viene siendo una afición del pueblo, y todo el mundo expresa eso, pero no de manera seria. Sólo hay un grupo pequeño que lo toma con orden y disciplina. Uno de mis grandes sueños es poder hacer una escuela para instructores, gente totalmente disciplinada que aprenda por niveles.
¿También hay muy poco conocimiento de la equitación?
Por eso es que insisto en que lo que estoy tratando de hacer es educar a la gente, que entiendan lo que ven para que lo disfruten. Hay miles de cosas que se pueden hacer en equitación.
¿La equitación también es riesgosa?
Toda profesión es un riesgo, se golpea uno a cada rato, se cae del caballo…
De igual manera mantener un caballo es costoso…
Todos los caballos comen, nadie puede decir que se puede mantener físicamente bien sin comer. Solamente en comida uno de ellos se come 10 a 15 libras de concentrado y una paca al día, cada paca cuesta un dólar y un quintal de concentrado cuesta 130 córdobas. Si sacas cuentas, un caballo para mantenerle la alimentación no se gastan entre 60 a 80 dólares mensuales. El nica tiene que educarse y conocer sobre equitación.
¿La afición ha crecido?
Ha crecido cada vez más, los criadores están sacando mejores líneas y han invertido mucho dinero y mejorado la crianza. En Nicaragua, hubo muchos años que estuvo muy mal, salieron muchos ejemplares del país y con los años se fue reavivando la crianza. La afición es increíble, todo el mundo quiere tener un caballo, lo que no existe es disciplina. O se mete uno de cabeza o se hace mediocre.
¿Se puede considerar una desventaja el que sólo exista una escuela?
Por supuesto. Estaría feliz que hubieran más, porque en las competencias nacionales tenemos problemas porque no hay con quién competir. Tiene que hacerse entre los mismos alumnos. Porque además se tomaría con un poco más de seriedad. En países centroamericanos se encuentran hasta 20 escuelas. Los nicas deberían invertir un poco más en caballos para poder competir a niveles superiores.
¿Qué se podría derivar de la experiencia en España?
Yo lo que quería era trabajar con los entrenadores. Eso es lo que estamos haciendo los sábados y les enseño lo que aprendí y en el futuro creo [que] cada uno va a ir. Sería egoísta de mi parte no enseñar. Es una experiencia para compartir. A nivel de escuela nosotros queremos hacer un pequeño espectáculo semanal para que la gente pueda ver lo que se está haciendo. Mi gran ilusión es que hagamos algo por Nicaragua. Mi escuela la puedo hacer sobrevivir y está estable, pero mi idea es que el país cambie en lo que a equitación se refiere.
¿Por eso el hecho de entrenar niños?
Hay muchos niños discapacitados, ciegos, autistas, sordomudos, pero todos son becados y se ha pensado en abrir un centro de terapia, pero es una cosa aparte de la escuela y por otro lado tenemos niños que consideramos que tienen excelente capacidad natural y queremos que se mantengan, a esos les ayudamos a continuar sin pagar. Lo que queremos es que la gente aprenda, ésta no es una escuela comercial para ganar dinero, se tiene que mantener, pero tenemos más ganas de hacer algo más.
¿La perspectiva de la equitación en los próximos años?
Nos hemos mantenido en épocas bajas y altas, la escuela quisiera mantenerse llena todo el tiempo, pero no hay disciplina para quedarse por varios años, pero sí va creciendo cada vez más. Todo rebota. El enfoque no es que la escuela se llene, sino que el país mejore en equitación.
Una escuela de equitación pudiera llegar a ser un buen negocio. Hay lugares donde hay cientos de establos, donde hay picaderos, que tienen sus propios hoteles, restaurantes y sí se pudiera dar en Nicaragua llegar a tener un complejo ecuestre, pero todo eso implica dinero.
A nivel turístico he recibido propuestas, pero no las he querido aceptar porque no he querido perder mi visión, pero el turista quiere que lo lleves a pasear a caballo y se cobra y gana bien hasta más de lo que se gana en clases de equitación, sin embargo, no es lo que quiero porque yo soy escuela.
DEJO ARTES POR LOS CABALLOS
Lorena Mántica nació en 1960, su relación con los equinos lleva ya 37 años.
A los cinco años empezó sus clases de equitación con una profesora costarricense.
Con el tiempo continuó sus clases para perfeccionarse.
Trabajó en la Escuela de Equitación San Francisco.
Inició su escuela desde hace 15 años, donde trabaja con niños enseñando doma clásica y salto.
Estudió artes plásticas e impartió clases en el Colegio Americano.
Fue directora de Prensa en la Presidencia de la República.