¿Nos gusta el beis?

Tito Rondó[email protected] La reacción de Eduardo Holmann fue comprensible, pero me sorprendió. “Ya no vamos a jugar los dos últimos juegos con el Chinandega”, dijo. Para mí eso es chocante; yo no entiendo de ninguna circunstancia que haga que voluntariamente se cancele un partido de béisbol que estaba señalado en el calendario. Pero voy a […]

Tito Rondó[email protected]

La reacción de Eduardo Holmann fue comprensible, pero me sorprendió. “Ya no vamos a jugar los dos últimos juegos con el Chinandega”, dijo.

Para mí eso es chocante; yo no entiendo de ninguna circunstancia que haga que voluntariamente se cancele un partido de béisbol que estaba señalado en el calendario. Pero voy a tratar de comprender.

Hay dos razones por las cuales se canceló el partido. Una es emocional, la otra es racional: no hay dinero para jugar partidos que no interesan a la fanaticada.

Sobre esto último opinaba ayer un verdadero aficionado que los equipos debían pagarle a la federación el costo del torneo antes de empezar, para garantizar todos los gastos, y hacer así que se jueguen todos los partidos.

Sobre lo otro, que no hay que jugar “porque no es necesario”, ¿qué cosa es “necesario”?. Me decía don Luis Sánchez Sancho que este fenómeno era cosa de cultura. Que a los nicas les gusta el bochinche; mientras no estemos en la recta final la gente no va al estadio “porque no hemos aprendido a gozar de un partido en sí; tiene que haber un enemigo a quien es necesario ganarle”.

En parte. En Nicaragua (como en todas partes, los Hooligans son de la pacífica Inglaterra) el béisbol tiene dos audiencias. Una es los amantes de la pelota, los que aprecian este deporte en sí y de por sí, los que aplauden las grandes jugadas aunque vayan en contra de su equipo favorito.

La otra es la que va al estadio (o a la calle) con el exclusivo propósito de darle en la cabeza al vecino o al del otro pueblo o país, que hasta se siente humillado cuando su equipo pierde. Mientras más importante el partido, más importante imponerse al fuereño, y más se va al estadio, y con mayor frecuencia se ven acciones que nada tienen que ver con divertirse.

Desgraciadamente, por más de 20 años casi todas las transmisiones y programas han sido orientados hacia el segundo elemento; y las agencias de publicidad no han hecho más que exacerbar el problema con tantas “incidencias” que nadie con dos dedos de frente puede escuchar un partido y deleitarse. Se ha ahuyentado al verdadero aficionado.

El resultado es que en Nicaragua se da un fenómeno raro: es el único país del mundo donde el béisbol ha perdido popularidad mientras que la calidad ha subido a tal punto que ya nos acercamos al nivel de la Profesional, y que tenemos más de 20 peloteros activos en el Béisbol Organizado, algo que ni en la Profesional soñamos.

Tenemos la liga del “relajito”, donde los bateadores no corren, los managers no saben, los jugadores se cambian la camiseta en cada juego (¿para que no los reconozcan?), y donde se cancelan juegos programados “porque nadie va a llegar”…  

Deportes

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí