- El embajador de Costa Rica, Edgard Ugalde Alvarez, quien el 31 de enero concluye una estadía de seis años en Nicaragua, confiesa que la campaña electoral en nuestro país y en el suyo es un “hecho que no puede tomarse a la ligera” a la hora de esperar una solución al diferendo entre Nicaragua y Costa Rica alrededor de la navegación de guardias costarricenses armados en el río San Juan
Alberto L. Alemán [email protected]
Fue una conversación amable en el sencillo despacho del embajador Edgard Ugalde, en el edificio de la misión diplomática, dos cuadras al lago de Montoya, al final de una calle que remata una rotonda.
Vestido con una guayabera celeste sencilla y un pantalón gris oscuro, el embajador mismo nos recibió en la entrada. Pronto llega una taza de café. Está de buen humor, parece, y si no lo hubiese estado, de todos modos le obsequia a uno la acostumbrada amabilidad con que atiende a los periodistas.
Cauteloso en el tema, dice que su país espera que un proyecto de ley que debe regular el tránsito de militares costarricenses armados por el río San Juan sea presentado en los primeros tres meses del año “para que se aclare el panorama”, pero a la vez admite que la adveniente campaña presidencial en Nicaragua y en Costa Rica hará las cosas más difíciles para el diálogo entre ambos países sobre este tema.
Por otra parte, llama a abordar los restantes tópicos de la agenda binacional, donde destaca la migración ilegal hacia el país del sur, el cual a su juicio, debería ser “el tema principal”.
También pide que las denuncias del maltrato a ilegales nicaragüenses por las autoridades ticas “sean probadas” y que se reconozca “los antecedentes” de respeto a los derechos humanos por su país.
—Concluye su misión como embajador en Nicaragua, ¿va a continuar en la diplomacia? ¿qué puesto ocupará?
—“Tengo el rango de embajador, soy embajador de carrera. Ahora muero con el rango, según se dice. Posiblemente a partir del cinco de febrero comience a desempeñarme como asesor del Señor Ministro de Relaciones Exteriores y Culto (Roberto Rojas). Sobre las nuevas tareas vamos a ver qué es lo que me asigna el ministro. Presumo que ahí habrá que estar unos meses mientras toman una decisión definitiva sobre un próximo destino. A lo inmediato voy como asesor”.
—Se podría tener la impresión de que Ud., como buen conocedor de Nicaragua, va a asesorar al canciller Rojas sobre el diferendo de los últimos años.
—“Tengo que ser honesto. Hace ocho meses había pedido un traslado, y se especuló a qué países me iban a mandar, donde había situaciones un poco turbulentas. Cuando pedí el traslado, era un período de relativa calma. De momento no se atendió, porque los períodos máximos, salvo excepciones, son de cuatro años. Al ser embajador de carrera, tienen que ubicarlo a uno a un nivel de embajador. Lo que esté pensando el canciller no lo sé todavía”.
—¿Cómo define las relaciones bilaterales? ¿cálidas, frías…?
—“Diría que son normales, pero resulta que hay unos aspectos que no se pueden descuidar. Vuelve a tomar actualidad el problema de la navegación en el Río San Juan a las puertas de campañas electorales en los dos países. Eso hace más delicada la situación. Es una lástima, en esas condiciones la asociación cultural estaría desempeñando un papel muy importante con los intercambios. Yo sigo sosteniendo la tesis de que parte de las incomprensiones que hay entre Costa Rica y Nicaragua se explican por el desconocimiento que tenemos de ambos países. Vea Ud. qué paradoja”.
—¿Va a esperar el Gobierno de su país el fin de la campaña electoral y que asuma un nuevo Gobierno en Nicaragua para seguir buscando una solución al diferendo en el San Juan?
—“Bueno, mire, no sé lo que está pensando el Gobierno en este momento. Los señores presidentes anunciaron la solución hace siete meses y todavía no hay nada concreto. ¿Cuánto tiempo va a transcurrir? No sé. Se maneja que el Gobierno de Nicaragua está preparando una iniciativa para presentarla a la Asamblea Nacional. Tampoco se conoce el contenido de ella. No se puede dejar pasar inadvertidas las declaraciones de algunos miembros de la AN que, sin conocer el texto, se han pronunciado ya en contra”.
—Tengo la impresión de que su país tiene más expectativas de entendimiento con el canciller Francisco Aguirre Sacasa.
—“Digamos que en Costa Rica fue muy bien recibida la posición del canciller Aguirre, porque los costarricenses la tomaron como más conciliadora”.
—Veo que hay una especie de análisis de parte de ustedes que mientras dure la campaña presidencial en Nicaragua no habrá solución.
—“Yo no sé. Creo que no hay que descuidar esos aspectos. Aquí las elecciones son en noviembre de este año, en Costa Rica son dos meses después, tendrán lugar el primer domingo de febrero del 2002”.
“La entrega del poder en Nicaragua es el 10 de enero. En Costa Rica es el 8 de mayo, cuatro meses después de la elección”.
“En mayo del año entrante hay nuevos gobiernos en estos países. Calculo que una vez que transcurra este primer trimestre del que hizo mención el señor canciller de Nicaragua, el panorama estará más claro”.
—¿Cree Ud. que en un entendimiento con Costa Rica influye el que el gobierno sea liberal o sandinista?
—“No podría pronunciarme ahí (…) Todo depende de lo que esté sucediendo en el escenario político interno de cada país. Es muy difícil predecir”.
—¿Cómo ve las relaciones de su país si el sandinismo retornara al poder?
—“Creo que Costa Rica siempre tratará de mantener las mejores relaciones con Nicaragua. Y creo que cualquier gobierno que haya en Nicaragua asumiría la misma actitud”.
—En caso de no hallarse una solución satisfactoria para ustedes al asunto de la navegación de guardias civiles costarricenses armados, está dispuesto su país a ir a la Corte Internacional de Justicia de La Haya?
—“No sé, mire, en primer lugar, si Ud. me da la oportunidad de aclarar eso de ‘armados’, porque creo que eso no ha proyectado una imagen real. En realidad son las armas de reglamento, porque puede dar la impresión de que andan con bazooka, yo no conozco una, pero sé que es un aparato grande”.
—Pero entre las armas de reglamento de los guardias civiles de su país está el fusil automático M-16, que no es precisamente una pistola.
—“Yo de armas no conozco (…) En el Laudo (Cleveland, 1888) y el Tratado (Jerez-Cañas, 1858) hablan de buques de guerra. Ahí hay otra discusión, qué es un buque de guerra. Para los que no conocemos de armas un buque de guerra es uno de esos grandotes ¿verdad? Entonces qué puede ser una lanchita ahí. Pero no quiero evadir su pregunta. Lo que Costa Rica ha dicho es que acudiría a las instancias internacionales para tratar de encontrar una solución”.
Aquí fue otro escándalo, innecesario, cuando Costa Rica se dirige a la OEA (a mediados del 2000). Aquí hubo críticas, trataron de ignorante al ministro y al gobierno porque había mencionado al Tratado de Río (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, entre los Estados americanos en caso de amenazas a la seguridad de un miembro).
—Pero Nicaragua no amenazaba con una invasión a Costa Rica en ese momento, ni ahora.
—“El Tratado de Río se acomodaba a esas circunstancias. Algunas de las disposiciones, el Pacto de Bogotá. Pero si mal no recuerdo el artículo 51 del Pacto de Bogotá… hubo una burla también o tal vez estoy tan susceptible que lo vi como una burla”.
“El ánimo con que a veces se escribe (artículos en la prensa) es hiriente y no facilita las relaciones. Hay un sesgo que no entiendo. No sé cuáles son los propósitos futuros, ya habrá que esperar la elección (en ambos países)”.
LA MIGRACION NICARAGËENSE
Costa Rica ha reforzado el patrullaje de su frontera norte para tratar de detener la oleada de ilegales; 3,551 nicaragüenses han sido expulsados del país vecino durante la primera quincena de enero, según cifras de la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos de Centroamérica (Codehuca), y presentadas por el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).
—Ha habido un número muy grande de deportaciones. Hay un operativo en marcha.
—“Desconozco cuánto va a permanecer el operativo. La preocupación es muy grande en Costa Rica. Se estima que hay 800 mil nicaragüenses y la cifra de 350 y 400 mil se ha quedado corta. Todavía no tengo fundamento, pero presumo que debe haberse derivado del censo del año pasado”.
—¿De dónde toma esa cifra usted?
“Del censo, es decir, supongo que es una filtración de los datos del censo”.
—¿No ha sido publicado?
“El censo no ha sido publicado. Algunas de estas cifras son rumores que se han derivado del censo; anunciaron que lo darían a conocer en este mes de enero, infortunadamente todavía no se conocen, pero algo debe de haber. Y estamos hablando sólo de nicaragüenses. En este momento se calcula que sobrepasa en mucho el 20% de la población el porcentaje de población extranjera. Desde luego la corriente principal es de nicaragüenses, pero no sólo éstos llegan”.
“Hay más de 15 mil cubanos, se calcula que hay más de 20 mil peruanos, está llegando una cantidad considerable de colombianos, hay de otras nacionalidades centroamericanas; están llegando ya incluso africanos”.
—Organismos como el Cenidh denuncian situaciones que rayan en violaciones a los derechos humanos cuando las fuerzas de seguridad de su país detienen a los nicaragüenses ilegales, y hasta Codehuca dijo que puede ocuparse de ello. ¿Descalifica estas afirmaciones?
“No. Creo que hay que darles seguimiento y presentar las denuncias del caso. Pero es que el problema se queda sólo en la denuncia periodística. Entonces lo que pretende eso es hacer daño a la imagen del país, no proteger los derechos humanos en realidad. ¡Que se prueben las denuncias! Los derechos humanos los violan no sólo ellas (las fuerzas de seguridad). Muchos de estos migrantes tienen antecedentes (criminales) en sus países, no son mansas palomas, reaccionan de manera desproporcionada, incluso que obliga a la fuerza de seguridad en Costa Rica y [a] todas partes del mundo a defenderse. A veces no se ve esta situación con objetividad”.
“Todo lo contrario, la defensa de los derechos humanos es una de las banderas de Costa Rica. En eso puede presentar antecedentes históricos (…) Y los centenares de miles de nicaragüenses que se han refugiado en Costa Rica en épocas de crisis creo que reflejan eso. Desde el General José Dolores Estrada, Máximo Jerez, Lacayo Farfán, Pedro Joaquín Chamorro, Pablo Leal, etc.”
“Si hay autoridades que abusan y se exceden hay que denunciarlas, y hay que hacer la investigación del caso, y si merecen sanción las autoridades costarricenses van a proceder como corresponde”.
“Y no se habla de que miles de nicaragüenses reciben atención médica gratuita en las clínicas y hospitales costarricenses”.
Semblanza personal
Edgard Ugalde Alvarez nació un 20 de julio, hace 63 años, en la localidad de La Vieja, San Carlos, al norte de Costa Rica. Es casado con la Lic. Haydée Soley Umaña y tiene tres hijos: Claudia Graciela (25 años), Edgard Alberto (22 años) y Gustavo Adolfo (19 años).
Sus estudios básicos son de Derecho, los cuales concluyó en 1971. Luego, se especializó en Derecho Internacional Público y Derecho Internacional Libre, de Bruselas (1972-1974). En 1974, tomó cursos de Derecho Internacional Público en la Academia de Derecho Internacional de La Haya, Holanda.
Ha estado en numerosas actividades estudiantiles, políticas (diputado con el Partido Liberación Nacional, 1982-1986), académicas (ha sido catedrático universitario) y diplomáticas.
Fue embajador de Costa Rica ante las Comunidades Europeas (1976-1978), embajador en Holanda y agente ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya (1987-1989). En este puesto, enfrentó al equipo jurídico de Nicaragua que querellaba por el uso del territorio tico por fuerzas antisandinistas. En 1994, asume como embajador en Managua.
Siempre fue muy amable con los medios. Sorteó etapas difíciles como el estallido del conflicto por la navegación de guardias ticos armados en el Río San Juan, sin perder la compostura y presto a dar respuestas astutas y sagaces a la prensa.
Es un diplomático polifacético. Ha viajado por Nicaragua y es un buen conocedor de precios de la cerámica de San Juan de Oriente y de las finas hamacas de exportación de Masaya.
El nuevo embajador
El nuevo embajador costarricense es el Lic. Javier Solís Herrera, cuyo cargo anterior era de embajador en España. De profesión es periodista y según Ugalde, posee una vasta experiencia política y profesional. Su esposa es nicaragüense.
Como encargados de negocios estarán temporalmente el agregado de prensa, Lic. Fernando Villalobos, y después el Lic. Alvaro Herrera.
“Además de poseer una preparación muy respetable, de ser inteligente y muy capaz, una vasta experiencia y calidad periodística, es casado con una distinguida dama nicaragüense. Vamos a ganar todos, porque vamos a tener un mejor embajador que el actual”, agregó el jefe de misión saliente.