Hernández culpa a Seattle

Tito Rondón [email protected] Pablo Fletes encontró la notificación en la red. “Everett: el receptor Alberto Hernández ha sido dado de alta de la lista de restringidos a partir del 13 de diciembre del 2000; el receptor Alberto Hernández ha sido dejado en libertad a partir del 13 de diciembre del 2000”. Alberto José Hernández Pérez […]

Tito Rondón [email protected]

Pablo Fletes encontró la notificación en la red. “Everett: el receptor Alberto Hernández ha sido dado de alta de la lista de restringidos a partir del 13 de diciembre del 2000; el receptor Alberto Hernández ha sido dejado en libertad a partir del 13 de diciembre del 2000”.

Alberto José Hernández Pérez nació el 9 de febrero de 1971 en Gibara, Holguín, Cuba, por lo que está por cumplir 30 años de edad.

En 1983 subió a la Primera División de Cuba, es decir, la doble temporada de entonces, el torneo Nacional y luego, con menos equipos, el Selectivo. Hernández jugaba con el Holguín, y luego con los Mineros. Cuando se redujeron los equipos del Selectivo para hacerlo más fuerte, su equipo pasó a ser el Orientales.

Para 1990 era el segundo receptor en la selección de Cuba. Tenía fama de ser el catcher defensivo del equipo; otros, como Juan Manrique, eran los receptores ofensivos.

“Yo no me siento como que he sido solamente un catcher defensivo, para llegar a la selección hay que ser bueno en todo. Mi promedio de por vida en Cuba fue .283”, afirma. Lo que no es malo, pero tampoco tan bueno en la época del bate de aluminio. En Nicaragua conectó dos cuadrangulares en el Mundial de 1994.

En su última campaña, 1996, bateó .338 (mejorando en el Selectivo) con 13 jonrones en 260 turnos, y fue escogido para jugar en los Juegos Olímpicos de Atlanta. Fue banca, y su última actuación para Cuba.

Salió de su país junto a Orlando “El Duque” Hernández, asilándose en Costa Rica, pero no le ofrecieron contrato profesional. Se decidió a jugar en Taiwan, bateando .254 con un jonrón y siete impulsadas en 62 turnos.

Regresó en 1999, bateó dos veces, un sencillo y un jonrón con las bases llenas. “En el equipo (Taichung de la Major League) estábamos cuatro receptores, tres chinos y yo. Adivina quién sobraba…”, explica humorísticamente.

Así que jugó más que nada en Costa Rica. Por fin, para la campaña del 2000, recibió una oferta de los Marineros de Seattle, oferta que Hernández aceptó.

“Pero no me cumplieron”, asegura. “Con el dinero, que no me importa, ni con darme un puesto de titular. Me mandaron de banca a doble A, y yo no lo acepté”. A su edad tenía que dar un golpe rápido en doble o triple A, y estar en cuestión de meses en las Mayores. Pasó a ser “restringido”.

Ahora está en el Rivas, donde ha sido de ayuda inestimable al coach de pitcheo Antonio “Boricua” Jiménez. “Estoy muy contento en este equipo”, confiesa Hernández. “Y me gusta mucho la ciudad. Me gustaría vivir aquí. Los directivos han sido muy finos conmigo y la gente me ha dado muchas muestras de cariño. Solamente hay un problema. El equipo es pobre, no tiene dinero”…  

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