El financiamiento del desarrollo en el nuevo contexto internacional

José Antonio Ocampo* A lo largo de los años noventa américa latina registró un renovado acceso al financiamiento externo, que facilitó avances importantes en materia de gestión macroeconómica, reducción de la inflación y recuperación del crecimiento económico. Sin embargo, el bajo nivel de expansión de la producción, del 3.3% por año entre 1990 y 2000 […]

José Antonio Ocampo*

A lo largo de los años noventa américa latina registró un renovado acceso al financiamiento externo, que facilitó avances importantes en materia de gestión macroeconómica, reducción de la inflación y recuperación del crecimiento económico. Sin embargo, el bajo nivel de expansión de la producción, del 3.3% por año entre 1990 y 2000 indica que, con contadas excepciones, los países de la región no alcanzaron niveles de ahorro e inversión que permitieran lograr altas tasas de crecimiento económico. Los flujos internacionales de capital han mostrado, a su vez, dos características preocupantes. La primera ha sido su fuerte inestabilidad, de la que sólo se exceptúan los flujos de inversión extranjera directa. La segunda es la marginación de un grupo importante de países, especialmente los de menor desarrollo relativo, de las corrientes más dinámicas de recursos.

En la Consulta Regional sobre Financiamiento del Desarrollo, que se realizó en Bogotá el 9 y 10 de noviembre, como parte de un proceso que culminará en el 2001 en una Consulta Mundial de las Naciones Unidas sobre este mismo tema, gobiernos y organismos internacionales abordaron la manera de mejorar significativamente estos resultados. En el documento de base preparado por la Cepal para esta consulta, “Crecer con estabilidad, el financiamiento del desarrollo en el nuevo contexto internacional”, se señala que ello sólo será posible como resultado conjunto de esfuerzos importantes de los países y de un contexto internacional favorable para que fructifiquen dichos esfuerzos.

Para crecer en torno al 6% por año, la meta considerada por la Cepal como deseable, es necesario lograr tasas de inversión que superen entre cuatro y seis puntos los niveles promedio de los años noventa del Producto Interno Bruto. Además, para evitar elevar excesivamente los niveles de vulnerabilidad externa, el financiamiento de la inversión adicional debe provenir esencialmente de un mayor ahorro nacional, especialmente de las empresas y de los gobiernos, pero también de los hogares. Debe estar acompañado, además, de un fortalecimiento de la capacidad exportadora, de un adecuado desarrollo financiero nacional y de políticas macroeconómicas preventivas que reduzcan significativamente la vulnerabilidad excesiva frente a los ciclos de financiamiento externo.

El contexto externo debe proporcionar, por su parte, tres elementos esenciales: (1) acceso a los mercados para nuestras exportaciones; (2) una nueva arquitectura financiera internacional que reduzca significativamente la volatilidad de los capitales; y (3) mecanismos que permitan que todos los países en desarrollo tengan acceso a recursos externos en cantidades y condiciones adecuadas.

Para reducir la volatilidad financiera, se requiere avanzar en una mayor coordinación de las políticas macroeconómicas de las economías, en el desarrollo de una institucionalidad financiera que prevenga la acumulación de riesgos excesivos y en una capacidad de respuesta oportuna frente a las crisis. Esta última debe asociarse a mejores mecanismos de financiamiento de emergencia, que cuenten con recursos suficientes, y a instrumentos que faciliten la renegociación de las deudas en situaciones críticas.

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El acceso a recursos implica el desarrollo de mecanismos que permitan que todos los países se beneficien de la inversión extranjera directa y de los flujos privados de crédito. La primera se encuentra en general bien distribuida en la región, aunque su articulación con las economías nacionales debe ser objeto de atención prioritaria hacia el futuro. Los segundos están mucho más concentrados y por lo tanto deben desarrollarse, con el apoyo de los bancos multilaterales, esquemas que faciliten el acceso al mercado de los países que no se han beneficiado de dichos flujos.

Los bancos multilaterales han realizado un aporte importante al financiamiento de la región, que seguirá siendo decisivo hacia el futuro. Cumplen, en primer lugar, un papel esencial en la movilización de recursos hacia los países de menor desarrollo relativo. Su cartera de préstamos a todos los países de la región es diversificada, e incluyen proyectos de alta prioridad social. Sus condiciones, tanto en términos de costo como de plazo, son, además, superiores a las del financiamiento privado. Proporcionan, por último, la única fuente de financiamiento de largo plazo disponible durante las crisis. Este apoyo ha sido esencial aun para los países de mayores ingresos relativos, y ha sido un elemento decisivo en la renovación de la confianza en los países afectados.

La asistencia oficial para el desarrollo sigue desempeñando, por su parte, un papel clave en el financiamiento de los países de menor desarrollo relativo y en la provisión de bienes públicos globales o con fuertes externalidades, tales como la paz, el desarrollo sostenible y la lucha contra el problema mundial de la droga. El cumplimento de la meta del 0.7% del PIB de los países industrializados, acordada en el seno de las Naciones Unidas, así como el uso más transparente y eficiente de estos recursos, deben ser en este caso las prioridades más importantes hacia el futuro.

La construcción de este edificio global debe tener en cuenta, finalmente, tres elementos esenciales. El primero es una participación adecuada de los países en desarrollo en las instituciones correspondientes. El segundo es el mantenimiento de la autonomía de los países para adoptar las políticas que consideren apropiadas para su desarrollo. El tercero es el papel decisivo de las instituciones regionales y subregionales.

Estas últimas instituciones abarcan los acuerdos de integración comercial, claves en la diversificación de la base exportadora de nuestros países; la nutrida red de bancos de desarrollo, conformada por el Banco Interamericano de Desarrollo y los bancos de desarrollo subregionales, que constituyen la principal fuente de financiamiento multilateral en nuestra región; el Fondo Latinoamericano de Reservas, institución casi única en el mundo en desarrollo, que ha cumplido una tarea destacada en la Comunidad Andina en las últimas décadas y ha iniciado un proceso de ampliación de sus miembros; y los nuevos esfuerzos en materia de coordinación de las políticas macroeconómicas. La región debe apostarle a la consolidación de todos estos procesos e instituciones y a la profundización en general de la cooperación regional. El desarrollo de instituciones regionales sólidas no es antagónico de la globalización. Por el contrario, es una contribución al desarrollo de un edificio global mucho más sólido.

* Secretario Ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).  

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