- Un tumor facial casi le arrebata la vida
Sergio CruzEspecial para LA [email protected]
En Nicaragua los niños pueden morir por falta de una tomografía. Y los niños y las niñas de las zonas rurales son más vulnerables. Un análisis de ese tipo puede llegar a costar no menos de 350 dólares, lo que significa para una familia campesina los ingresos de hasta un año de trabajo. Algunos médicos ahora sólo recetan practicarse exámenes costosos para poder diagnosticar una enfermedad. Esta es la historia de un niño que logró sortear a la muerte en medio de la pobreza.
El niño Rafael de Jesús Baltodano Arias es un vencedor de la muerte, a sus 13 años de edad. Aquel fatídico 13 de enero, la vida se le escapaba por la nariz en una incontenible hemorragia que lo llevó hasta el hospital de Masaya, donde fue atendido de emergencia y luego trasladado a Granada donde fue sometido a una operación.
Posteriormente, en Managua donde le practicaron dos operaciones más para extirparle un tumor de sangre regado internamente por su tierna cara.
Su familia es muy pobre. Viven en la comunidad Los Pocitos, ubicada entre la ciudad de Masaya y Niquinohomo. Se dedican a sembrar una pequeña parcela de tierra de donde obtienen los alimentos para el autoconsumo.
Su madre, doña Aura del Carmen González Arias recuerda que la hemorragia se le vino por la noche sin previo aviso. Desde entonces empezaron una lucha infructuosa para detener el chorro de sangre que salía de la nariz de Payito.
Recuerda que le aplicaron todos los consejos caseros para cerrar la llave. Le dieron a oler tierra mojada, le echaban chisgaste de café molido, le dieron a oler un tizón recién apagado de madera de gauchipilín, y nada.
No fue hasta pasadas las 11 de la noche, cuando el trapo con que se tapaba la nariz estaba empapado y enrojecido, que se dieron cuenta que el torrente había cesado. Todo fue un breve momento de paz. Pero doña Aura, notó que algo había quedado en uno de los orificios de la nariz de Rafael y con toda la buena intención del mundo lo pellizcó y desprendió. “Santo Dios, la sangre volvió”, sólo recuerda que dijo eso.
Explica que no tuvieron más que, a eso de las tres de la mañana salir rumbo al hospital. A esa hora no había transporte. La única camioneta que viaja a Masaya cargada de frutas sale hasta las seis de la mañana. Entre Masaya y la comunidad Los Pocitos existen unos 7 kilómetros de distancia. “Nos fuimos en la bicicleta de mi marido los tres”, dijo doña Aura que vivió y sufrió junto a su pequeño 10 largos meses de desesperación.
En el hospital de Masaya, el desvelado médico de emergencia sólo mandó unos antibióticos sin establecer un contacto con el paciente. Luego lo remitió al hospital de Granada donde un médico otorrinolaringólogo le práctico la primera operación. Pero la hemorragia continuaba. Después le dijeron a Aura que debía ir a buscar dinero porque su hijo necesitaba hacerse una tomografía para saber exactamente lo que tenía. Mientras tanto, la hemorragia se contenía con algunos fármacos.
“Nosotros no teníamos dinero para pagar un examen tan caro que tiene un valor de 350 dólares”, señaló doña Aura del Carmen. El valor de la tomografía equivale a lo que estas familias reciben de ingresos en un año. En medio de la desesperación, apareció el organismo Visión Mundial Nicaragua, a través del PDA Sacuanjoche y el programa de Salud, que desembolsó rápidamente el dinero para que Rafael pudiera realizarse el examen.
Diez meses duró el sufrimiento de Rafael y su familia. Ahora se recupera en su casa y desea alimentarse para regresar a la escuela gracias al apoyo recibido por ese organismo.