La cama en que fue encontrado el cadáver del Padre Róger Sandoval Jarquín. (Reproducción de Cruz Flores).

Asesinato en la casa cural

n El joven cura párroco de El Calvario, en Chinandega, Róger Sandoval Jarquín, fue encontrado brutalmente muerto a garrotazos y puñaladas en su dormitorio en la casa cural Anuar Hassán yEmiliano [email protected] La mañana del miércoles 17 de octubre de 1979, Luis Campos, sacristán del templo El Calvario, en la ciudad de Chinandega, esperaba como […]

  • n El joven cura párroco de El Calvario, en Chinandega, Róger Sandoval Jarquín, fue encontrado brutalmente muerto a garrotazos y puñaladas en su dormitorio en la casa cural

Anuar Hassán yEmiliano [email protected]

La mañana del miércoles 17 de octubre de 1979, Luis Campos, sacristán del templo El Calvario, en la ciudad de Chinandega, esperaba como todos los días que el párroco Róger Sandoval Jarquín bajase de su dormitorio para oficiar la Santa Misa.

Campos ya había convocado a los feligreses a través de los consabidos repiques, y unas cuantas decenas de ellos se acomodaban en las bancas del templo.

A las seis y quince minutos de la mañana, Campos, francamente preocupado por la tardanza del sacerdote, se dirigió a la anexa casa cural y se sorprendió al encontrar las puertas abiertas. Rápidamente subió al dormitorio del padre en el segundo piso y a través de la puerta entreabierta lo divisó en su cama. Estaba boca arriba con los brazos abiertos en cruz y una toalla cubría parcialmente su cuerpo desnudo. Una de las piernas colgaba fuera del borde de la cama.

El Padre Sandoval, de 37 años de edad, estaba muerto. La sangre que manchaba profusamente el piso, las sábanas y el teléfono junto a la cabecera pregonaban la violenta muerte del sacerdote.

La cabeza, sobre la cual habían descargado innumerables garrotazos, estaba convertida en un amasijo de sangre. En los costados se notaban varias heridas hechas con un arma cortopunzante.

El médico forense Luis Godoy Medina certificó como causa de la muerte las fracturas craneales que le ocasionaron los garrotazos.

En el cuarto contiguo, el anciano padre del párroco, Rafael Sandoval Osejo, de 80 años de edad, dormía plácidamente, ajeno a la triste suerte corrida por su hijo.

El anciano dijo no haber escuchado ruidos anormales en la habitación de aquél.

Asustado, el sacristán bajó en carrera por la escalera, en la que también se notaban las huellas ensangrentadas de unos zapatos, para comunicar a los fieles su trágico hallazgo.

Pronto la parroquia fue un hervidero de gentes que comentaban alarmadas el suceso.

Los investigadores policiales que se hicieron cargo del caso reconstruyeron las últimas actividades desplegadas por el Padre Sandoval el día de su muerte.

Se supo que la noche anterior, martes 16, el cura anduvo en compañía de varios jóvenes amigos a bordo de un jeep de su propiedad. Aproximadamente a las once de la noche, el cura se retiró a su casa. Del carácter de las actividades de esa noche y los lugares que visitó con sus amigos no se dijo nada.

El periodista Rafael Natividad Sandoval, con quien conversamos sobre el caso, nos dijo que dos de los acompañantes de su hermano aquella noche eran Alvaro Ulloa, ahijado del cura y Elmer Velásquez, un militar sandinista que fue miembro del Comité Olímpico Nacional.

“En 1978, cuando el conflicto bélico obligó a emigrar hacia Honduras a muchas familias de Occidente, mi hermano les llevaba ayuda frecuentemente. Debido a esto, la guardia somocista de la frontera le decía que era el mejor colaborador de los comunistas. Pero después del triunfo de la revuelta (durante nuestra conversación Sandoval no usó nunca el término “revolución”) se volvió crítico implacable del rumbo que se le imprimió”, nos dijo.

Precisamente dos días antes de su asesinato, el domingo 14, había facilitado el auditorio de la casa cural al líder del PSD, Luis Rivas Leiva, furibundo antisandinista que se vio obligado a exiliarse.

La Policía anunció pocos días después del hallazgo la captura de cuatro sospechosos cuyos nombres no facilitó. Los cuatro detenidos eran jóvenes que mantenían una estrecha relación con el sacerdote, fue la única información proporcionada por las autoridades.

Hasta donde se sabía, el cura Sandoval era un hombre normal. Para hacer hablar a su hermano le insinuamos que pudo haberse tratado de un crimen pasional cometido por alguien cuya mujer pudo haber tenido alguna relación con el cura.

Sandoval nos dijo que hasta donde él sabía, su hermano no era partidario del celibato, ni mucho menos. Pero había captado el lado oculto de nuestra insinuación y como para que no quedase duda de la hombría de su hermano recordó una anécdota ocurrida durante un viaje entre Chinandega y Managua con un conocido periodista ya fallecido.

El periodista en mención le dijo sin ambages que había oído feos rumores sobre cierta tendencia aberrante del cura, lo que fue inmediatamente rebatido por una mujer que viajaba con ambos y que se autocalificó como una de las escasas sobrevivientes chinandeganas de la saludable virilidad del Padre Sandoval.

Ante las presiones de la familia para que se esclareciera el caso, el entonces Ministro del Interior, Tomás Borge, declaró que se estaba haciendo todo lo posible por dar con los asesinos y dijo de paso tener informes de que pudo tratarse de una venganza política por la ejecución en Honduras del ex oficial somocista Pablo Emilio Salazar, mejor conocido por sus acciones en el Frente Sur como comandante Bravo, “pues el Padre Sandoval era consecuente con nuestra causa”.

En similares términos se pronunció el ex miembro de la Junta de Gobierno, Sergio Ramírez.

Sin embargo, el tiempo fue pasando y las promesas de los dirigentes sandinistas quedaron en el aire.

Todos los detenidos en relación con el asesinato del Padre Sandoval fueron liberados en corto tiempo y ningún otro sospechoso fue capturado.

Durante los casi once años de gobierno sandinista no se volvió a hablar ni una palabra del caso Sandoval Jarquín.

El hermano del sacerdote lamenta que su muerte haya truncado una brillante carrera.

Aunque no se atreve a imputar a un determinado móvil la violenta eliminación física de su hermano, aventura algunas hipótesis que nos parecieron descabelladas, entre ellas la presunta envidia que por la ascendente carrera de su hermano sentía un alto prelado de Occidente ya fallecido.

Contra ese mismo prelado Sandoval hace imputaciones de difícil comprobación.

21 años después, Sandoval Jarquín hace pública la denuncia de que los bienes personales de su hermano fueron indebidamente tomados por funcionarios de la Iglesia.

“La caja de hierro en la que guardaba una considerable suma de dinero además de valiosas joyas, fue violentada y saqueada”, afirma.

VELO DE MISTERIO

El Padre Róger Sandoval Jarquín era el cuarto hijo del matrimonio de Rafael Sandoval Osejo y Francisca Jarquín, pareja campesina de acendrado catolicismo. Cuando murió un hijo anterior de los esposos Sandoval Jarquín bautizado con el nombre de Róger, sus padres decidieron nombrar así a su cuarto y último retoño.

– Desde niño, el futuro pastor de almas dio claras señales de su vocación sacerdotal.

– Muy joven ingresó en el Seminario en Managua donde por siete años estudió bachillerato y filosofía. Entre sus compañeros, sus preferidos eran los padres Róger Borge y Haroldo Machado, fallecidos ambos.

– Posteriormente, con el actual vicario de la Iglesia en Jinotepe, Monseñor Bismarck Carballo, estudió Teología en el Seminario Conciliar, en México.

– Monseñor Carballo lo recuerda como un compañero pleno de alegría, lleno de iniciativas.

– “Trabajaba entusiastamente con grupos juveniles y se destacaba especialmente por la toma de iniciativas”, recuerda Monseñor Carballo, con quien nos comunicamos en su oficina en la parroquia Santiago, de Jinotepe.

– “Como pasábamos las vacaciones allá, él aprovechaba para hacer trabajo con los jóvenes”, agregó.

– Sobre su atroz asesinato, Monseñor Carballo guarda prudencia. El también desestima el factor pasional en el caso.

– “Fue muy doloroso. No me atrevo a conjeturar porqué lo mataron. Lo que sí me llama la atención es que se tendió un velo de misterio alrededor de su muerte. Hubo en verdad mucho misterio”, dijo.

MILES PIDIERON CASTIGO

Durante ocho años, hasta el día de su muerte, el Padre Róger Sandoval se desempeñó como párroco del templo chinandegano El Calvario.

A lo largo de esos años, gracias principalmente a su espíritu de ayuda y solidaridad con el prójimo, estableció excelentes relaciones con los feligreses de su parroquia y con mucha otra gente de la ciudad. El día de su muerte, millares de personas, incluyendo los estudiantes de todos los colegios de la ciudad, se congregaron en los alrededores del templo a exigir castigo para sus asesinos.  

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