- Un memorándum secreto de seis páginas, del 2 de febrero de 1981 y preparado por John A. Bushnell, del Buró de Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, fue el primero que advirtió que “documentos capturados por el gobierno salvadoreño contienen códigos que identifican fuentes y envuelven en el suministro de armas a El Salvador, a Cuba y Nicaragua”
- Después de casi 20 años, LA PRENSA accede a documentos secretos de agencias norteamericanas, recientemente desclasificados. Esta primera entrega se refiere a la doble moral en política exterior.
Eduardo Marenco [email protected]
PRIMERA ENTREGA
Estados Unidos inició temprano el monitoreo del tráfico de armas a El Salvador. Un cable secreto titulado “Renovando la advertencia sobre El Salvador”, del 15 de enero de 1980 emitido por el embajador de E.U. en El Salvador, Frank Devine al Departamento de Estado, revela la preocupación por el deterioro de la estabilidad en aquel país y el incremento de los ataques guerrilleros.
“En términos de subversión, la extrema izquierda aparece ahora bien armada, cada vez más confiada, y tendientes a una acción unificada”, señala el cable secreto.
De hecho, según Miranda Bengoechea, el primer paso que dieron los sandinistas en cooperación con los cubanos era presionar a las guerrillas salvadoreñas para unificar un esfuerzo que primero había dado frutos en diciembre de 1979, cuando el Partido Comunista de El Salvador (PCES), las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) y las Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional (FARN) coordinaron acciones.
En los primeros meses de 1980, el Ejército Revolucionario Popular (ERP) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores de Centroamérica (PRTC), se unieron a ellos para formar la Dirección Revolucionaria Unificada (DRU), que más tarde se llegó a conocer como el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
El mismo cable secreto mencionado señala que el aparato productivo de El Salvador está desarticulado y que el gobierno de derecha se encuentra débil políticamente. Precisamente, un día después, el 16 de enero de 1981, un cable secreto originado en El Salvador y dirigido a Washington, advierte sobre las razones para aumentar la ayuda a las fuerzas militares salvadoreñas.
“De acuerdo a impresionantes reportes de inteligencia los suministros ya introducidos a la izquierda son enormes y altamente mortíferos. Este esfuerzo comunista de suministro vía Nicaragua ha alterado la correlación de fuerzas de dominio del enfrentamiento en El Salvador”, advierte el cable secreto No. ES01208. La principal conclusión del cable llama a reanudar el apoyo militar a las fuerzas armadas salvadoreñas por parte de Estados Unidos, después de cuatro años de suspensión.
Los primeros embarques de armas hacia El Salvador consistieron en armamento que el EPS encontró en las bodegas de la Guardia Nacional: habían encontrado unos 20,000 rifles de diferente manufactura occidental, desde el M-16 hasta el FAL, entre otros, no todos los cuales estaban en buenas condiciones como también varias piezas de artillería de diferentes calibres.
“Para 1987, algunos 18,000 fusiles habían ido a las guerrillas en el exterior. Cada arma que el FMLN recibió fue a través de Nicaragua”, señala Miranda Bengoechea, ex colaborador cercano del Comandante Humberto Ortega, en ese entonces jefe del EPS, hasta el día que desertó.
TAMBIEN LA CIA
Ya para el 15 de agosto de 1980, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) redactó un documento “secreto” de cuatro páginas titulado “Evaluación del posible involucramiento del gobierno de Nicaragua en actividades terroristas en otros países”.
Según el documento ya desclasificado, aunque ya había indicios de vínculos entre el FSLN y la guerrilla salvadoreña no habían evidencias de la colaboración de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. El documento señala que el embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Lawrence Pezzullo, observó que la comunidad de inteligencia de Estados Unidos no había logrado recopilar evidencias de un involucramiento entre los sandinistas y los guerrilleros salvadoreños y que se tenía información de segunda y tercera mano, o informes parciales.
Algunas fuentes clandestinas habían reportado la posibilidad de que miembros del directorio sandinista sostuvieran encuentros con guerrilleros salvadoreños.
Al mismo tiempo, un documento elaborado por varias agencias de Estados Unidos, de 26 páginas y fechado el 26 de enero de 1991, destacó que en El Salvador, “el apoyo a los insurgentes incluye armas de fabricación soviética. Cuba ha coordinado esta red de trabajo de abastecimiento internacional”.
El documento también recomienda desembolsar varios millones de dólares a favor de las fuerzas armadas salvadoreñas.
El 17 de mayo de 1980, la Comisión Militar de la Dirección Nacional del FSLN, compuesta por Tomás Borge, Humberto Ortega y Henry Ruiz, había viajado a Moscú. Los negociadores sandinistas y soviéticos acordaron que la Unión Soviética armaría y equiparía al EPS y enviaría rifles AK a Cuba entre 1981 y 1985, posibilitando a Cuba a enviar inmediatamente armas soviéticas de sus suministros a los nicaragüenses.
La Dirección Nacional recibía un informe de guerra diario preparado por la Dirección de la Inteligencia Militar (DIM) en conjunto con el representante del FMLN en Nicaragua. Fue de esta manera, que la guerrilla salvadoreña estuvo en capacidad de preparar su primer “ofensiva final”.
Ya para entonces, Estados Unidos estaba tras la pista del apoyo sandinista a “los primos” salvadoreños.
MENSAJE A PAISES ALIADOS DEL FSLN EN L.A.
Un memorándum secreto de seis páginas, del 2 de febrero de 1981 y preparado por John A. Bushnell del Buró de Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, advierte que “documentos capturados por el gobierno salvadoreño contienen códigos que identifican fuentes y envuelven en el suministro de armas a El Salvador, a Cuba y Nicaragua. El material es persuasivo cuando se combina con otra información como fotografías de suministros de armas capturadas y declaraciones de pilotos de aviones confiscados”.
El memorándum apunta que las evidencias del involucramiento de Nicaragua y Cuba en el suministro de armas a El Salvador, podrían ser usadas para persuadir y alertar a otros gobiernos del impacto de sus relaciones con dichos países.
Además, el memorándum autoriza elaborar cartas del presidente Ronald Reagan al presidente José López Portillo de México y a los gobiernos venezolanos y europeos para cambiar su percepción en relación al conflicto salvadoreño, en base a las evidencias del apoyo armamentista de Nicaragua a la guerrilla salvadoreña.
Estos fueron los antecedentes de lo que sería una de las ofensivas diplomáticas más importantes del gobierno de Estados Unidos, cuyo punto clímax estuvo en la memorable visita de Thomas Enders, subsecretario de Estado de Estados Unidos a Nicaragua.