- Aquelarre en los callejones de Santa Ana
- La casa está hoy habitada por la familia Gómez García que se trasladó a ella pocos años después del terremoto del 72
Anuar Hassan y Emiliano [email protected]
32 años después la casa sigue ahí aunque sus ocupantes no son los mismos. Con excepción de algunos toques cosméticos en su fachada, ahora de losetas, conserva en su interior la misma sencilla distribución del espacio que sus constructores le dieron hace más de medio siglo. Las paredes de madera están ennegrecidas por el humo y el tiempo, que también se reflejan en las desguarnecidas láminas de zinc del techo. En la amplia sala-dormitorio con piso de tierra se ven desperdigados unos cuantos rústicos muebles. La casa está ubicada al extremo occidental de un largo callejón en el que se alinean, a ambos lados de la estrechísima calle pavimentada que las separa, unas cien casas de idéntico aspecto.
Al igual que éste, por lo menos otros diez callejones se extienden longitudinalmente de norte a sur y de este hacia oeste para formar un nutrido enjambre de modestas viviendas. El sitio es conocido como los callejones de Santa Ana, por estar ubicados a corta distancia de la iglesia que da su nombre a todo el barrio.
La mañana que lo visitamos grupos de niños jugueteaban en las aceras llenas a trechos por grupos de desocupados que hablaban a grandes voces alrededor de una botella de ron. De noche, los callejones adquieren un aspecto lúgubre, escasamente iluminados por débiles farolas colocadas cada cincuenta metros.
Sus habitantes son principalmente obreros, empleados de negocios, taxistas y pequeños comerciantes. Algunos pagan arrendamiento; otros son propietarios. Para la época en que ocurrió el caso que hoy nos ocupa no era raro encontrar viviendas habitadas por expendedores de drogas y delincuentes comunes que dieron a la vecindad una triste fama de la que todavía no logra desprenderse.
La casa está hoy habitada por la familia Gómez García que se trasladó a ella pocos años después del terremoto del 72.
¨Decían que aquí salía el diablo¨, nos dice una hermosa muchacha vuelta de espaldas al televisor que estaba viendo cuando llegamos.
¨Los vivos son los que salen¨, la corrige su madre, envuelta en la penumbra del dormitorio a la derecha al trasponer la puerta de entrada.
Claro que recuerda el caso de Francisca Gámez, la mujer que mató a su hijita, nos dice la que parece ser la abuela de la familia, una amable anciana semi erguida en un canapé pegado a la pared a la izquierda de la puerta.
Y pensamos: dudoso privilegio vivir entre las cuatro paredes que acogieron uno de los más espantosos crímenes ocurridos en la historia de Managua.
Pero usted debe estar impaciente por saber qué fue lo que ocurrió, ¿no es así? Pues no con mucho gusto que se diga pasamos a contárselo:
La medianoche del 10 de julio de 1968, en un lugar de la casa que sus actuales ocupantes no pueden precisar, se desarrollaba una escena de espanto. Dos mujeres, una de ellas la madre de una niña de ocho años de edad que yacía sobre una tijera, parecían empeñadas en una cruel competencia. Mientras la madre, Francisca Gámez tironeaba de los cabellos a la niña la otra mujer, su pariente Olga Rojas, la sujetaba de las piernas. Los gritos de la niña en petición de clemencia no lograban sino exacerbar a las mujeres. A los tirones de pelo se sumó una inclemente golpiza que, como energúmenas, descargaban sobre la indefensa y aterrorizada niña.
¨Ese es el burlón (el diablo) que está hablando por ella y se la quiere llevar en cuerpo y alma¨, justificaba la madre mientras arreciaba el castigo.
La pequeña Eva Neri estaba exánime sobre la tijera de lona en que normalmente dormía con su madre. Entonces ésta dio inicio a la segunda parte de la sangrienta sesión. Armada de un garrote de metro y medio de largo aproximadamente que tomó de un rincón del cuarto comenzó a descargarlo vehementemente, una y cien veces, sobre el cuerpo de su hija, especialmente en la cabeza y el abdomen, mientras gritaba ¨!Salí, espíritu maligno, salí¨!
Del lacerado vientre de la niña surgió una cosa blanca, posiblemente el epiplón, (repliegue del peritoneo que enlaza el estómago con el colon y que sale a la superficie cuando se producen heridas profundas). Agotada físicamente, la mujer suspendió el castigo, se pasó una mano sobre los ojos e hizo un movimiento hacia atrás con su cabeza. Después se sentó sobre la tijera junto al cuerpo de su hija hecho un amasijo de sangre y con una mirada de satisfacción dijo a su cómplice: ¨Golpeáme ahora a mí. El espíritu se me metió¨.
La mujer acató la orden y aunque no con la misma violencia empleada contra la niña comenzó a golpear a su madre.
Aún con las huellas de los golpes en el rostro, la mujer habló con los reporteros al mediar la mañana del 11. En las afueras de la casa una multitud calculada en millares de personas se apretujaba con la esperanza de ver el interior de la vivienda y, de ser posible, el cadáver de la niña ¨endemoniada¨. Las dos mujeres habían corrido el rumor de que después que el diablo mató a la niña a ésta le habían brotado dos cuernos en la frente.
Con tono maternal, la mujer comenzó a hablar: ¨Hijos míos, el espíritu de Satanás quiso llevarse en cuerpo y alma a mi hijita. Yo luché con él y logré salvar su cuerpo. Yo sabía que mi hijita estaba condenada. Había hecho su primera comunión el pasado lunes. El sábado anterior comenzó a ver al demonio. Ese día me dijo: Mamá, miré al diablo. Ella tenía los ojos horriblemente abiertos. Eché agua bendita y en seguida se sintió olor a azufre¨.
Los reporteros seguían el relato con gran escepticismo. La mujer continuó: ¨El lunes mi hija me dijo que le habían dado una palmada en la espalda. Lloraba mucho. La llevé a la iglesia de San Antonio donde nos confesamos. Casi a la media noche las dos miramos al diablo, pero éste se fue. Ya como a las once de la noche ella gritó: Mamá, ahí está el diablo. Yo la trompeé para que el espíritu la abandonara. Entonces ocurrió algo horrible. Ella me quedó viendo con los ojos muy abiertos, los dedos encorvados y se me lanzó encima. Por medio de ella, Satanás me dijo: Déjemela, me la quiero llevar. Entonces, en ese momento, ella se infló de pronto y después estalló como bomba. Sus menudencias salieron por el estómago que se le rompió. Sentí un golpe en la frente. Yo sabía que mi hija estaba muerta. Sentí que el animal (el diablo) se ponía duro como un cuero. Pedí tres baldes de agua para echármelos encima pues sentía un fuego terrible¨.
Todos en la casa apoyaban la versión sobre la supuesta posesión diabólica de la niña. Su abuela, Fidelina Orozco, de 77 años, declaró imperturbable: ¨El demonio se introdujo en el cuerpo de mi nieta y se la quería llevar en cuerpo y alma¨.
Esta cantinela se repetía en los labios de todos los de casa. La Policía encontró en la vivienda de Gámez un altar oculto en el que se entremezclaban crucifijos, vasos con agua, estampas de santos, hierbas, recipientes con líquidos desconocidos y piezas de oro que parecían corroborar la afirmación de algunos vecinos de que ahí se practicaban sesiones de brujería y espiritismo.
Un vecino dijo que unos días antes de lo ocurrido a Eva Neri un hijo de Olga Rojas, la mujer que ayudó a matarla, se subió a un árbol provisto de un machete e invocaba a un espíritu que sólo él veía, naturalmente. El muchacho juraba que el demonio se había posesionado de él, lo que confirmaba su madre que además estaba segura de que aquél ¨había querido llevárselo¨.
Para la Policía, la versión de que Eva Neri se infló y estalló como un globo no era nada verosímil.
Cuando llevado por el peso de su atormentada conciencia Orlando Zepeda Ruiz, vecino de la casa de la niña dijo en la Policía haber visto a través de rendijas en la pared de tablas cómo las dos mujeres le dieron muerte, tal como lo describimos párrafos arriba, la Policía dio por resuelto el caso.
Zepeda dijo que la escena que presenció lo atormentó durante varios días, aunque esa noche no hizo ningún intento por salvar a la niña.
Curiosamente, al declarar ante el juez Francisco Ortega las dos mujeres omitieron mencionar al demonio como autor del crimen y dijeron ignorar quién dio muerte a Eva Neri.
Tres siquiatras, los médicos Rafael Gutiérrez y Mario Flores Ortiz (fallecidos) y José Pasos Marciacq dictaminaron que las dos mujeres sufrían de esquizofrenia acompañada de paranoia, lo que las inducía a ver alucinaciones e incluso olfatearlas y oírlas.
El doctor Gutiérrez explicó el contagio al resto de los ocupantes de la casa diciendo que se trataba de lo que se conoce como ¨mentalidad mágica¨.
¨Ella (la madre) seguramente vio al diablo personificarse y apropiarse de la niña y hasta pudo sentir el olor a azufre. Como ella cree en los demonios pensó que se puede matar o eliminar al maligno dándole garrotazos¨, agregó el doctor Gutiérrez.
En las declaraciones del forense, doctor Fernando Valle López que ofrecemos en caja aparte, se habla de la utilización de un cuchillo en la muerte de la niña.
Las dos protagonistas de esta tragedia en la que se conjugaron la ignorancia y la superstición fueron enviadas al Hospital Siquiátrico donde recibieron tratamiento por algún tiempo. Después del terremoto del 72 se perdió su pista.
Francisca Gámez murió hace varios años en una casa en Acahualinca, según nos informaron sus ex vecinos en Santa Ana.
TERRIBLES DAÑOS EN EL CUERPO DE LA NIÑA
El médico forense Fernando Valle López es un hombre acostumbrado a ver la muerte en sus más horribles expresiones. Pero cuando examinó el cuerpo de la pequeña Eva Neri se dio cuenta de que no lo había visto todo aún.
– ¨Jamás imaginé que me iba a encontrar con esa escena tan dantesca¨, declaró impresionado a los periodistas. Comparó las lesiones de la niña con las producidas por un matarife o por alguien con una mentalidad diabólica.
– Dijo que cuando destapó el cadáver y notó la cara ennegrecida de la niña pensó que había muerto de sofocación o asfixia. Pero cuando vio todas las vísceras esparcidas, su horror subió de punto.
– Los intestinos estaban de fuera a causa de dos cortaduras, al parecer de cuchillo, que cruzaban en forma de X toda la región abdominal.
– ¨Pero cuando la seguí examinando me di cuenta de las barbaridades de que fue víctima la criatura¨, agregó.
– Y como para añadir un poco de suspenso a su relato hizo una advertencia a los periodistas: ¨Esto quisiera que se escribiera con sutileza para no herir la susceptibilidad del lector, sobre todo de los niños. Las partes pudendas de la niña, en su exterior, estaban completamente desgarradas por un cuchillo y, peor aún, le habían introducido el arma en ese lugar (la vagina) y la desgarraron completamente por dentro hasta tocarle el conducto digestivo. Le rompieron la gran arteria abdominal, lo que ocasionó una violenta hemorragia. Toda la coagulación de la sangre estaba detrás del peritoneo¨.
– El doctor Valle López tuvo tiempo para criticar la actitud del testigo Orlando Zepeda Ruiz quien ¨se fue tranquilamente a acostar de manera cobarde y criminal, pues no hizo nada por evitar el crimen¨.
– En opinión del forense, cualquiera que haya sido el estado mental de los autores de estos daños, ¨el crimen es uno de los más horrendos que he visto en mi vida y en el país en los últimos tiempos¨.