- Admirador de Chávez y especialista en fabricar muebles, Luna Zárate es también un boxeador tremendo para apreciar
Edgard Rodríguez C. [email protected]
Joel Luna Zárate casi es perfecto. Pega y aguanta. Su boxeo no es de filigrana, pero es limpio y preciso. Tiene además la clásica bravura que electriza a las multitudes.
Sólo le falta el título.
Y está tan seguro de que podrá obtenerlo ahora, que ha traído a sus papás para que estén presentes en lo que ha llamado el momento más trascendental de su carrera. Atrás quedan cuatro intentos fallidos.
“Mi familia es algo especial. Siempre me ha apoyado y de veras les he traído para que me vean pelear por el título y Dios mediante, obtenerlo”, dice Joel, uno de los ocho hijos de don José Luna y doña Carmen Zárate.
Nació en un ambiente de boxeo. Uno de sus tíos es Carlos Zárate, el formidable peleador azteca que está incluso en el Salón de la Fama. Ese parentesco ha sido de doble filo para Joel, aunque asegura que lo enorgullece.
“Me da mucho gusto ser sobrino de Carlos. En realidad, lo quiero como hermano y pude disfrutar mucho cuando era campeón mundial”, señala el boxeador, casado y padre de Verenice y José Rafael, sus dos hijitos.
Joel ha ganado buen dinero como pugilista, pero la estabilidad económica la aporta una fábrica de muebles de la familia que entrega sus productos a Elektra, la enorme empresa mexicana que los distribuye por el país.
“Mi papá, uno de mis hermanos y yo, somos las cabezas del negocio. Yo hago mis aportes a la fábrica con las bolsas que obtengo en el boxeo. El dinero no lo pongo en el banco. Los intereses son muy bajos”, asegura.
Admirador de Julio César Chávez, Luna Zárate creció convencido de que sería un futbolista, hasta que alguien le indicó que su estatura no se lo permitiría. Así que se olvidó del América y su papá lo empujó al boxeo.
“Sinceramente, no me gustaba. Pero mi papá insistía y me dijo, ´prueba tantito, tal vez te guste´ y tenía razón. Porque ahora lo que soy se lo debo al boxeo, por el que he ganado algún dinero, he paseado y conocido amigos”, apunta.
Zárate asegura que una corona mundial no cambiaría forma de ser. Luce como una persona sencilla, accesible y atenta. Asegura ser un firme creyente en Dios y asiste cada domingo a la Iglesia con su familia.
“Mira, cuando Carlos fue campeón, yo viví muy bien. Me sentía feliz a su lado. El era muy sencillo y aprendí eso. Uno todo lo que es se lo debe al público. Así que no hay razón para cambiar”, explica el mexicano.
Dentro del pugilismo desde hace diez años, Joel se enorgullece de peleas como la que sostuvo con Enrique Júpiter (mexicano) y Hi Jo Cho, quien lo derrotó pese a la protesta del público que lo vio ganar a él.
“No tengo reproches por este deporte. Me ha dado lo que soy. Y si no me corono, ni modo, pero pondré todo esfuerzo”, indicó. Y después de aquella demostración ante el “Chucky” Bonilla, hay que creerle.