- Camaroneros artesanales permanecen hasta cinco horas dentro del río para poder extraer el alimento para su familia
- En las aguas “verduscas” se encuentran los codiciados camarones, tilapia, carpas, guapotes y zamballo
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LEON.- Con sus ropas empapadas y fluyendo agua, los camaroneros artesanales, en su mayoría provenientes del Barrio Sutiaba, apresan el alimento diario para sus hogares en las aguas turbias del río Palermo, ubicado a 15 kilómetros sobre la carretera de Poneloya, en este departamento.
Desde las riberas, los camaroneros tienden a confundirse con los troncos secos que flotan sobre la superficie. El agua los cubre hasta el cuello y en ocasiones sólo se observa cuando sus manos tiran al aire las “atarrayas” para atrapar los camarones flácidos y transparentes que crecen en el afluente.
El desempleo y la crisis económica que atraviesa la mayor parte de los habitantes de León, es el factor que motiva a Javier Antón, de 33 años de edad, a permanecer durante cinco horas dentro del río para obtener unas 15 libras de mariscos.
Con 18 años de experiencia en atrapar crustáceos, Antón recuerda que su abuelo le enseñó a extraerlos con una “chacalmata”, una especie de bejuco en forma de pascón que aprisionaba los camarones.
Algunos camaroneros como Mauricio Zapata afirman que la mejor temporada para sacar mariscos es durante el invierno cuando el río alcanza un nivel más alto y se reproducen más la especies, contrario al verano que el estanque se seca y el agua se calienta, factor que provoca que los camarones se dispersen en busca de un lugar más fresco.
AGUA VERDUSCA Y MALOLIENTE PERO NO ESTA CONTAMINADA
Por su parte Harmodio Paredes, epidemiólogo del Ministerio de Salud de León, confirmó que el agua de este afluente no se encuentra contaminada a pesar que tiene un color verdusco y es maloliente.
“Cualquier tipo de agua superficial como un río, tiene su grado de contaminación, ya sea por pudrición o por algunas algas que se acumulan en los sitios donde no hay corriente”, declaró Paredes.
Agregó que en el Palermo se observa el agua como estancada porque la velocidad de la corriente es menor, por lo que tendrían que realizar algunos exámenes al líquido para verificar el grado de contaminación que posee.
Paredes recomendó que para evitar cualquier enfermedad producto de una bacteria que pueda encontrarse en los crustáceos, los consumidores deben cocinar los alimentos a una temperatura superior a los 80 grados para matar las bacterias y que no haya posibilidad de reproducirse.