Momento dramático en el que el velocista estadounidense se retuerce en el suelo víctima del dolor y la frustración.

Ni Johnson, ni Greene

EDGARD TIJERINO M. [email protected] Mas que sorprendente, fue dramáticamente frustrante la final de los 200 metros masculinos en los terriblemente exigentes eventos de clasificación realizados en Sacramento… Con Johnson en el carril 4 y Greene en el 2, ninguna mirada era para John Capel, un ex-campeón universitario de la distancia que los había derrotado por […]

EDGARD TIJERINO M. [email protected]

Mas que sorprendente, fue dramáticamente frustrante la final de los 200 metros masculinos en los terriblemente exigentes eventos de clasificación realizados en Sacramento… Con Johnson en el carril 4 y Greene en el 2, ninguna mirada era para John Capel, un ex-campeón universitario de la distancia que los había derrotado por la tarde en una de las semifinales… Johnson de negro, flexibilizaba su musculatura después de haber a punto de desistir un día antes, en vista de problemas en una de sus piernas, en tanto Greene, se movía apretando los dientes, echando humo… Capel por su parte, tranquilo en el carril 5, como si agradeciera no estar en el foco de la atención, pese a la seria advertencia que lanzó en horas de la tarde.

Previamente, Marion Jones había devorado la pista para ganar la final de los 200 y fortalecer sus pretensiones de ser una ganadora de 5 medallas de oro en Sidney, una proeza sin precedentes en la historia del Atletismo… Jones volvió a inutilizar el esfuerzo de Ingrid Miller, la hija de aquel formidable sprinter Olímpico jamaiquino, ganador de la plata en los 100 metros en México 68 y el bronce en Munich 72.

Yo estaba instalado frente a la pantalla de la NBC en el Estudio de mi casa, recién llegado de Miami, dejando pendiente una sabrosa sopa de albóndigas, que podía calentarse más tarde.

Presentaron una vieja discusión entre Greene y Johnson, imágenes de algunas de las carreras de cada uno en 100 y 400, y luego, las cámaras fueron hacia ellos mientras caían de rodillas para buscar como tensarse con el mejor ángulo para proyectarse en espera del disparo.

Y salieron, como corsarios desbocados.

Se vio bien Johnson cabalgando en los primeros metros sobre el potro del favoritismo mientras Greene aceleraba por adentro y Capel ejercía presión estableciendo la gran batalla.

Johnson, un corredor natural de 400 metros, consigue su mayor empuje cerrando, pero no tenía un buen ángulo visual de Green, pero si de Capel.

De pronto, en forma bastante parecida a lo que le ocurrió cuando se enfrentó a Donovan Bailey en aquella carrera millonaria trazada a lo largo de 150 metros en Toronto, Johnson vio distorsionarse su presente, ensombrecerse su futuro, víctima de un violento tirón muscular, pagando un alto precio por el riesgo que decidió correr.

Con Johnson retorciéndose en la pista como si hubiera sido picado por una culebra venenosa, quedó abierto el espacio para el show de Greene, pero ¡Qué diablos!, súbitamente, la llamarada verde se fue extinguiendo… Greene estaba cojeando afectado severamente en una pierna, quedando también fuera de combate.

Y aunque Capel realizó una gran carrera para ganar con 19.85, un tiempo que podría garantizarle el oro olímpico en Sidney, el público se sintió decepcionado.

Ellos estaban ahí para la batalla Johnson-Greene no para admirar a Capel, lo que finalmente tuvieron que hacer.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí