EDGARD TIJERINO M. [email protected]
DESDE MIAMI.– Entre tantas imágenes perdurables de Tany Pérez durante su formidable trayectoria hacia el Salón de la Fama, hay una que aparece en primer plano, y es su jonrón decisivo del Juego de Estrellas en 1967, pero lo verdaderamente impresionante del artillero cubano que nació en Camagüey en 1942, justamente en la época en que Williams y Dimaggio se robaban el show, es su funcionalidad cuando las circunstancias del partido lo exigían.
“Es el mejor bateador en el clutch que he visto”, dice Sparky Anderson, quien fue manager de aquella maquinaria roja, y que también ingresa hoy a Cooperstown, lamentando no poder encontrar en la Catedral del Béisbol, a Pete Rose, otro rojo que debería tener largo rato de estar “veraneando”, de no ser por su inclinación hacia las apuestas y la sentencia de Giamatti ratificada por Vincent y por Selig.
Un bateador de 379 jonrones con 1652 carreras empujadas, quien registró un promedio de por vida de .279 consecuencia de 2,732 hits en 2,777 juegos a lo largo de 23 años, Tany se convertirá en apenas el quinto latino seleccionado por voto directo para Cooperstown, y el séptimo en total.
No fue fácil. Tany ve concretarse su sueño, cuando ya su paciencia se estaba agotando… Año tras año quedaba a la orilla, y parecía estar resignado a pasar a las consideraciones del Comité de Veteranos, cuando por fin le abrieron las puertas del Salón.
Dos de los seis latinos previos a Tany, el legendario cubano Martín Dihigo y el boricua Orlando Cepeda entraron después de ser sometidos a una valoración de ese Comité.
Hay un asterisco al lado del nombre de Roberto Clemente, introducido un año después de su muerte, cuando todavía no se había disipado el sonido de su hit 3,000 y la transmisión de Felo Ramírez parecía la quinta sinfonía de Bethoveen… Para seleccionar tan rápidamente a Clemente, fallecido dramáticamente en un accidente aéreo mientras trasladaba ayuda a las víctimas del terremoto en nuestro país, la gente de Cooperstown tuvo que quebrar la regla de los cinco años de espera después de su retiro, pero valía la pena, tenía un gran significado, de eso no hay duda.
El short venezolano Luis Aparicio y el pitcher dominicano Juan Marichal, no fueron escogencias de primer intento, pero lo lograron… El bateador panameño Rod Carew, sí ingresó cuando tocó el timbre de la puerta principal de Cooperstown por vez primera.
Uno piensa que con la violenta agitación que están provocando los latinos, la frecuencia de su entrada al Salón será lo suficientemente vertiginosa en el futuro como para mantenernos ocupados.
Junto con Tany Pérez, entra hoy Carlton Fisk, ese gran catcher que estuvo con Boston y los Medias Blancas de Chicago, un pelotero de extraordinario rendimiento con una ética de trabajo ejemplar.
Fue Fisk quien una vez, tiró la careta y siguió a Deion Sanders, en ese momento con los Yanquis, para reclamarle por no haber corrido hacia primera después de un fácil roletazo… “No vuelvas a hacer eso estando yo en el terreno. No vas a ensuciar mi juego, que es el juego de todos, no voy a permitir que afectes el espectáculo”, le gritó Fisk.
La imagen congelada de Fisk, es aquélla dándole la vuelta al cuadro después de conectar su jonrón histórico del sexto juego de la Serie Mundial del 75 contra los Rojos, a la orilla de la bandera del jardín izquierdo… Esa imagen, es uno de los posters del siglo que ofreció el Béisbol de Grandes Ligas.
Fue justamente en ese Clásico, que Fisk y Pérez estuvieron compitiendo como rivales… Una serie que ha sido considerada digna del Salón por estar involucrada en cualquier discusión sobre la mejor de todas las épocas, para mí, sólo detrás de la de 1991 entre Bravos y Gemelos.
Fisk, nacido en 1947, estuvo detrás del plato en 2,226 juegos a lo largo de 24 años… Fue novato del año en 72, se metió cuatro veces entre los 10 mejores en las votaciones para Más Valioso y participó 11 veces en Juegos de Estrellas.