Elián vuelve como héroe

El dictador Castro no llegó a recibirlo al aeropuerto, según él para evitarle fatigas al niño Vivian Sequera (AP) LA HABANA.— Elián González, el niño que llegó como náufrago a Estados Unidos y se ganó el corazón de millones en Estados Unidos y otras naciones en la secuela de una batalla internacional por su custodia, […]

  • El dictador Castro no llegó a
    recibirlo al aeropuerto, según él para evitarle fatigas al niño

Vivian Sequera (AP)

LA HABANA.— Elián González, el niño que llegó como náufrago a Estados Unidos y se ganó el corazón de millones en Estados Unidos y otras naciones en la secuela de una batalla internacional por su custodia, volvió ayer a Cuba con la aureola de “héroe”.

El presidente Fidel Castro, que había hecho del caso uno de los puntos más visibles de su política de gobierno, no estuvo en el aeropuerto para recibirlo. Pero decenas de niños lo esperaron allí, agitando banderas cubanas.

El arribo se produjo unas tres horas después de haber partido del aeropuerto Dulles de Washington en un avión Lear Jet privado. Su partida de Estados Unidos se produjo cuando el Tribunal Supremo estadounidense puso fin a la batalla de siete meses por la custodia entre su padre y los familiares del niño en Miami.

Castro no estuvo en el aeropuerto cumpliendo anuncios previos de que no lo haría a fin de evitarle nuevas fatigas o molestias que pudieran agravar los sufrimientos que convirtieron a Elián en “el niño más famoso y conocido del mundo”.

El pequeño llegó a las 19:50 p.m. (5:50 p.m. hora de Nicaragua) a la terminal internacional con su padre Juan Miguel González, la esposa de éste, Nersy; y el hijo de ambos Hianny, de siete meses.

El grupo fue recibido, en medio de tonos del himno nacional, por los abuelos paternos y maternos de Elián, otros familiares, así como por Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional de Cuba.

Los González no hicieron declaraciones y partieron en una caravana de vehículos hacia un lugar de la capital para reunirse con algunos familiares.

En un comunicado, el gobierno dijo que luego de ver a esos familiares en un sitio no revelado, el grupo se dirigirá a una casa-escuela en la barriada Playa, al norte capitalino, y que ha sido preparado desde hace meses para recibir a Elián.

Allí toda la familia estará dos o tres semanas hasta que se produzca su retorno a Cárdenas, a 145 kilómetros al oriente de La Habana, y población natal de Elián.

Ese pueblo, dijo el gobierno, “deberá estar preparado para hacer desde el primer momento todo lo necesario para que el niño pueda llevar una vida normal y recibir esmerada educación”.

En La Habana la mayoría consideraba el regreso como una victoria.

“Hemos ganado esta batalla, pero vamos a seguir luchando”, dijo Dorelis González, una trabajadora en el aeropuerto.

Contrario a los largos meses que han marcado la batalla legal por el regreso del pequeño a la isla, las calles de La Habana no fueron ayer escenario de colosales manifestaciones o marchas. Pero además, en Cuba están prohibidas todas las manifestaciones públicas no autorizadas por el gobierno.

Incluso el propio Castro ha dicho en varias ocasiones que no se realizarían grandes recibimientos al pequeño, ya calificado aquí de “símbolo” de la “lucha revolucionaria contra el imperialismo” y último capítulo de la contienda política entre La Habana y la comunidad cubana en el exilio en Miami.

El forcejeo ente los bandos además estuvo salpicado de todos los ingredientes: una inusual coincidencia de los gobiernos de Washington y La Habana en torno a que el niño y el padre debían estar juntos; las lágrimas y los intercambios de insultos entre familiares enfrentados, y una operación de agentes federales armados para sacar a Elián de la casa de sus familiares en Miami.

El niño fue rescatado en aguas del Atlántico el 25 de noviembre, tras un naufragio de la embarcación en que viajaba con su madre y una docena de balseros cubanos rumbo a los Estados Unidos.

La madre de Elián y otras 10 personas murieron en el naufragio. Sólo Elián y otros dos de los pasajeros sobrevivieron, el niño flotando en la goma de una llanta.   

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