Los sombreros de don Fernando

Don Fernando Alemán, 96 años, de entrada refunfuña. Camina despacio, pero firme, sin titubear. Dice que si en estos tiempos le cae un sombrero a la semana para hacer o arreglar, es mucho. Que ahora no es como antes que la gente usaba sombreros de verdad y que los daba a hacer. Él sabe que hay montones en los mercados que tienen demanda por el sol y por moda, “puras imitaciones”, comenta, pero está convencido de que ya no se hacen con la calidad de antes un borsalino, barbisio o un stetson de fieltro como los que inmortalizó el general Augusto C. Sandino en la década de los treinta.

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