La querencia del maestro

Desde que leí por primera vez Guerra y Paz , de Lev Tolstói, todo un volumen de La Pléiade, en el verano de 1960, en Perros-Guirec, un pueblecito de Bretaña, soñaba con visitar alguna vez Yasnaya Polyana. Me he demorado medio siglo en materializar aquel sueño, pero valía la pena porque la finca y la casa donde Tolstói nació, pasó la mayor parte de su vida, escribió sus dos obras maestras — Guerra y Paz y Anna Karénina — y donde fue enterrado, se hallan maniáticamente preservadas, según una robusta tradición de este país donde los escritores insumisos, mientras están vivos y escribiendo, suelen ser censurados, acosados, encarcelados y a veces asesinados, pero cuando mueren se convierten en objetos de un culto religioso.

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