Hay por lo menos tres lecciones que extraer del reñidero árabe. La primera es que los regímenes caudillistas y sin instituciones legítimas tienden a desembocar en la violencia cuando llegan a su agotamiento. El reemplazo se produce a cañonazos porque no hay modos pacíficos de transmitir la autoridad. Eso ha ocurrido en Túnez, en Egipto y luego en Libia. Quienes desprecian el estado de derecho a la manera de las democracias estables y prósperas de Occidente no entienden que la gran virtud del sistema radica, precisamente, en la sustitución y renovación pacífica de los gobernantes seleccionados de un abanico de opciones diferentes. Es posible que elijamos a un cretino o a un inepto, incluso a un canalla (ocurre con frecuencia), pero a estos indeseables se les puede remplazar sin dificultades en los próximos comicios. (Raúl Castro debería estudiar cuidadosamente lo que ocurre en el norte de África y sacar las conclusiones adecuadas).
Viernes 16 de octubre de 2026