Junto con los limpiavidrios, los buhoneros, los malabaristas y los mendigos, esta humanidad asoleada, que busca exprimir algunos centavos de quienes surcan las calles, constituye un termómetro (una estadística viva) de nuestro estancamiento. En pocas ciudades del mundo se da este fenómeno. No ciertamente en las capitales de América Latina, aunque probablemente todavía ocurra en Calcuta. Antes tampoco ocurría aquí, al menos no en la escala de ahora. Mendigos en tiempo de Somoza los había, en forma aislada, en alguna que otra esquina. Pero esta avalancha, en la que en un semáforo se pueden contar docenas de compatriotas ofreciendo sus mercancías o extendiendo la mano, es un fenómeno relativamente nuevo. Y en aumento.
fenómeno
Manos arriba ante una catástrofe
Cardona para 1988 tenía nueve años. El tiempo ha pasado y ha tenido que crecer en medio del temor y sintiéndose impotente cada vez que un huracán atraviesa el Caribe y amenaza con destruir, como hace dos décadas, su natal Bluefields.