Una cruzada moral

Los nicaragüenses hemos sido muy particulares acerca de la organización de nuestra vida económica. Durante la década de los ochenta el concepto sandinista de propiedad socializada y economía planificada nos llevó a conocer los licenciosos casos de acumulación de capital individual jamás conocidos en el área centroamericana, los que fueron producidos por confiscaciones masivas, asalto a los medios de producción y la malversación de fondos del erario. Actualmente, la idea de propiedad privada y mercados competitivos nos ha arrastrado —por el mismo líder del extremismo izquierdista de los ochenta, Daniel Ortega— a encontrarnos con una sociedad económicamente polarizada, donde la miseria colectiva contrasta con la exuberante concentración de capital en las manos de unos cuantos empresarios políticos. En cada caso, el entonces comandante revolucionario y hoy presidente inconstitucional de Nicaragua se ha jactado de haber adoptado un mejor sistema económico.

Fenifut cruzada Dato

Marlon Torres habla con argumentos y los demuestra. El presidente del Consejo Nacional del Deporte, la Educación Física y la Recreación Física (Conaderfi) comprobó que los alegatos sobre la personalidad jurídica de la Federación Nicaragüense de Futbol (Fenifut) son equivocados.

Relatos de la Cruzada

El fotógrafo y periodista Orlando Valenzuela presenta hoy a las 3:00 p.m. en Librería Rubén Darío en Estelí (del parque central media cuadra al noreste) su libro Días de lluvia y sol , testimonios de brigadistas de la Cruzada Nacional de Alfabetización en los años 80. La entrada es gratuita.

Cruzada para frenar el cáncer

Cada año distintas organizaciones sociales y empresariales realizan esfuerzos para frenar la incidencia del cáncer de mamas y cáncer cervicouterino, enfermedades que se encuentran entre las primeras causas de muertes de mujeres en Nicaragua.

La fiesta y la cruzada

Bonito espectáculo el de Madrid invadido por cientos de miles de jóvenes procedentes de los cinco continentes para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud que presidió Benedicto XVI y que convirtió a la capital española por varios días en una multitudinaria Torre de Babel. Todas las razas, lenguas, culturas, tradiciones, se mezclaban en una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su “adicción” al papa (“Somos adictos a Benedicto” fue uno de los estribillos más coreados).

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