Dar fuerza a la verdad y a la bondad; sólo así podremos ser felices

Lo capital es saber acogerse y recogerse, compartir y donarse con los brazos abiertos, elevados hacia lo celeste, hacia esa vida anímica, que es lo que realmente nos fraterniza, estimando al prójimo hasta volverlo próximo. Esto nos requiere más desprendimiento que avaricia.

En un mundo abatido, hay que animarse

Aplacarse y donarse es la gran tarea humanitaria pendiente. Seguramente, entonces, nos reencontraremos mutuamente. Será, por distintas sendas, pero ya no estaremos distantes, porque habremos sabido escuchar el dolor ajeno y liberarnos interiormente del engaño de la intimidación.

El tesoro que tenemos escondido

La bondad, la solidaridad, el compromiso con el otro que es igual a ti, la comunicación, el entendimiento, el amor al otro y etc. son valores, que están dentro de nosotros y si fuéramos capaces de expresarlos en el estar diario el mundo sería otro por supuesto.

En saber vivir para los demás se ubica la dicha

Podemos tener diferentes visiones, lenguas y creencias, pero compartimos el mismo linaje, el mismo planeta y los mismos deseos, de no sentirse perdido y de reencontrarse en la certeza. ¡Qué mayor tranquilidad!

El buen propósito

El planeta está siendo azotado por multitud de conflictos e intolerancias, acrecentando el número de refugiados y desplazados, que se mueven en un orbe hostil y poco hospitalario. Recogerse y acogerse es, sin duda, la mejor terapia para poder renacer.

Bondad del corazón

Las leyes sin un buen corazón, aunque esas leyes sean divinas, no valen para nada. Lo que identifica la bondad de las personas no es el cumplimiento de leyes, sino la bondad del corazón

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