Las olas han borrado la línea entre el mar y la tierra en Paso Caballos, una pequeña comunidad costera del municipio de Corinto, Chinandega, donde decenas de familias observan impotentes cómo el océano continúa reclamando terreno mientras la tormenta tropical Cristina permanece estacionaria frente a las costas del Pacífico nicaragüense.
El panorama es devastador. Ranchos de palma reducidos a montañas de madera y láminas retorcidas, postes eléctricos inclinados, techos arrancados por la fuerza del agua y restos de viviendas dispersos sobre la arena conforman una escena que los pobladores describen como la peor que recuerdan en años.
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A pocos metros del rompeolas, estructuras enteras quedaron destruidas tras tres marejadas consecutivas que comenzaron desde la mañana del lunes. En algunos sectores, el mar avanzó más allá de la calle principal y penetró hasta las viviendas ubicadas frente a la costa.
“Lamentablemente perdimos casi todo, solo recuperamos lo que usted mira aquí. El mar entró desde ayer por la mañana (lunes 8 de junio). Ya son tres mareas con la de hoy y pues vamos a tratar de salvar lo que quede”, relató Luis Martínez, uno de los afectados y propietario del bar El Sol.
Mientras señalaba los restos de su negocio, parcialmente cubierto por arena, ramas y láminas metálicas, Martínez explicó que la comunidad ya había enfrentado episodios similares en años anteriores, pero nunca con la intensidad actual.
“Tuvimos algo parecido en 2016 y también el año pasado, pero esto ha sido mucho más duro. Se llevó todas las pertenencias. Solo recuperamos unas pocas cosas y ahora estamos pensando qué hacer para recuperarnos”, lamentó.

Foto: Cortesía/LA PRENSA
Miles de córdobas en pérdidas
Los propietarios de negocios costeros calculan que las pérdidas económicas superan ampliamente la capacidad de recuperación de las familias afectadas.
Martínez estima que solo en materiales y pertenencias perdió más de mil dólares, mientras que los daños en la estructura de su rancho duplican esa cifra.
“Más de mil dólares solo en materiales. Si sumamos la construcción de palmas y todo lo demás, tal vez son otros mil dólares más”, aseguró.
Según los pobladores, al menos seis ranchos de Paso Caballos fueron arrasados en una sola línea costera, aunque temen que la cifra aumente si continúan las marejadas pronosticadas para las próximas horas.
“Las olas pasaban más allá de la calle”
Otro comerciante costero en Paso Caballos, Henry Agustín Ríos, recordó que desde el lunes el agua comenzó a avanzar lentamente antes de que una serie de olas más grandes terminara por arrasar las estructuras de madera y palma.
“Al principio venía suave, pero después las olas comenzaron a crecer. Durante toda la marea iba subiendo y subiendo”, explicó.
La comunidad intentó rescatar sus pertenencias a medida que el mar avanzaba: “Fuimos sacando las cosas poquito a poquito, pero cuando vimos que venía más fuerte tuvimos que mover todo lo que pudimos. Es difícil recuperarse de una pérdida así”, relató.
Según su testimonio, las olas llegaron a sobrepasar el parqueo del balneario: “Las olas pasaban más allá de la calle. Nunca habíamos visto algo así”, relató.
“Somos una zona de desastre”
Las imágenes captadas en la zona muestran ranchos pequeños y grandes en el suelo, techos de palma arrancados, estructuras de madera colapsadas y familias observando cómo el mar continúa golpeando la costa.
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En una de las escenas más impactantes, un padre y una niña contemplan el océano desde una franja de arena donde antes se levantaban varios ranchos. Detrás de ellos solo quedan restos de palma seca acumulados por las marejadas.

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Los pobladores aseguran que la emergencia aún no termina: “Dos marejadas más no las aguantamos. Van a botar lo que queda en pie. Toda la madera quedó floja. Vino gente de Sinapred (Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres), pero solo a ver… es lo único que pueden hacer”, expresó una de las afectadas quien prefirió no brindar su nombre.
La incertidumbre domina a la comunidad mientras la tormenta tropical Cristina continúa avanzando despacio frente al litoral occidental de Nicaragua.
Los habitantes de Paso Caballos afirman que hoy viven una situación límite: “Somos una zona de desastre”, resume la mujer que observa los restos de lo que hasta hace poco era un negocio activo.
Con el mar todavía embravecido y nuevas marejadas previstas para las próximas horas, los pobladores temen que la destrucción observada este martes sea apenas el comienzo de una emergencia mayor.
Pescadores enfrentan pérdidas
La fuerte marejada provocada por la tormenta tropical Cristina no solo ha golpeado negocios en la costa del Pacífico nicaragüense. En Corinto, decenas de pescadores artesanales enfrentan pérdidas económicas y varios días sin poder salir al mar, una situación que amenaza el sustento de numerosas familias.
Erick Altamirano, pescador y buzo de la zona, asegura que ante las condiciones marítimas no se puede salir de pesca debido al fuerte oleaje que afecta la costa occidental del país.
“Tenemos como cinco días sin salir a pescar porque ya se miraba el mar que estaba ‘picado’ (agitado). Son olas gigantes de cinco o siete metros que no puedes entrar ni salir”, relató.
Según Altamirano, la situación se volvió crítica durante la madrugada de este martes 9 de junio, cuando varias embarcaciones resultaron afectadas por el fuerte oleaje que golpeó el litoral de Corinto.

Foto: Cortesía / LA PRENSA
“Se hundieron algunas lanchas, hubo que sacarlas desde la 1:00 de la mañana. Desde esa hora estábamos trabajando para rescatar embarcaciones”, explicó.
El pescador recordó que incluso antes de la emergencia actual ya habían enfrentado momentos de peligro en el mar.
“El último viaje nos llevamos un gran susto porque una lancha se dio vuelta. Nosotros casi no logramos entrar y tuvimos que buscar otra ruta para regresar”, afirmó.
Economía familiar en riesgo
“Nos afecta bastante porque el pescador artesanal depende totalmente de la pesca. Si no sale a pescar tiene que andar prestando, empeñando o buscando qué hacer para mantener a sus hijos y a su familia”, manifestó.
Altamirano explicó que muchos pescadores viven del producto que obtienen cada día en el mar y carecen de reservas económicas para enfrentar varios días consecutivos sin trabajo.
“Hay pescadores muy humildes que salen todos los días para llevar el sustento a sus casas, para comprar el arroz, el aceite y la comida de la familia. Cuando el mar se pone así, todos salimos perjudicados”, señaló.
Temor por una temporada más peligrosa
Altamirano considera que las condiciones marítimas se han vuelto más extremas en los últimos años, una situación que atribuye a los cambios en el comportamiento climático.
“Antes la entrada del invierno era más suave, con menos marejada y menos riesgos para el pescador. Ahora no sabemos qué hacer porque el cambio climático ha provocado más marejadas de fondo y olas gigantes”, expresó.
La preocupación aumenta porque la temporada lluviosa apenas comienza y los pescadores temen enfrentar más episodios similares en los próximos meses.
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“Si se te daña una embarcación y trabajás por tu cuenta la reparación sale muy cara. Económicamente nos afecta muchísimo”, concluyó.
Mientras la tormenta tropical Cristina continúa generando fuerte oleaje frente a las costas del Pacífico, los pescadores de Corinto observan con preocupación un mar que les impide trabajar y que, en cuestión de horas, ya dejó varias embarcaciones con daños.