- (I parte)
Caminando sobre mis recuerdos, brinco en tiempos y distancias geográficas, evocando a veces personas, otras calles, sitios y anécdotas ocurridas en ese populoso barrio y sus alrededores. Bien decía el escritor francés a su bella dama: No volveremos a tener el alma de esta tarde… Cada día es diferente, cada instante es distinto, depende de nuestro estado de ánimo, de ese momento sicológico que incide en la memoria y la marca para siempre.
Inicio mi recorrido por la avenida de la Iglesia de Santo Domingo esquina con la Calle Central Hasbani el de las baterías, tenía un pequeño taller que fue creciendo hasta convertirse por muchos años en el amo de los acumuladores de energía para los vehículos de Nicaragua. Dicharachero, popular, amable, conocedor de su negocio y servicial, bromeaba con sus clientes y vecinos. Frente a su taller la familia Quino, parientes de Hasbani pusieron una farmacia, donde a veces el gordo Quino despachaba y hacia arriba… una señora Robelo, madre de una de las víctimas estudiantiles de la famosa masacre de León, ofrecía alhajas en venta… los jesuítas desde el templo daban sus servicios religiosos y en una época del año, la sacristía servía de oficinas a las autoridades del Colegio Centroamérica para calificar prospectos estudiantiles y recibir las solicitudes de ingreso. El Colegio Loyola, la Panadería Corazón de Oro y una esquina vacía daban al oriente del templo, y Don Juan, también vecino, se solazaba vendiendo los sábados, los mejores nacatamales de la zona. Volviendo a Hasbani, este pintoresco personaje, pagaba generosas sumas de dinero, obteniendo reinados de belleza, titulares y noticias sobre sus hijas, promoviéndolas ampliamente. Conversando con Luis, un día me confesó la gente cree que soy dundo, que pago para que mis hijas sean reinas y pricesas. Yo pago para que el Hasbani salga por todas partes, promuevo la imagen de mis baterías a través del nombre, a través de mis hijas y si ellas se divierten me sale gratis y las hago felices. Vos oís y ves el Hasbani hasta en la sopa , eso es lo que busco y hago, y cada día vendo más baterías Sin duda alguna Hasbani sabía lo que hacía, aunque muchos creyeran que hacía el ridículo, fue un gran industrial y un magnífico comunicador.
El solar entre la esquina de la 15 y la panadería, tenía un hermosísimo rótulo de Se vende… entenderse con los doctores Francisco Barberena Bendaña y Gilberto Cuadra Vega. Era un 28 de diciembre cuando alguien leyó el rótulo y llamó por teléfono a los gestores, diciéndoles que estaba dispuesto a comprar el terreno si aceptaban su oferta, era un cafetalero matagalpino y tenía los chambulines para pagar de contado, los ilusos abogados empezaron a hacer las cuentas de la lechera… que cena hermano la del 31, te imaginás a la Cha comprando lechugas de Miami, pathé trufado, Don Perignon, vinos Roschild, Jesús hombré ahora si la hicimos, mandá a traer a Ulises el chofer del estacionamiento de taxis que nos fíe el viaje a la cita que es en el atrio de Santo Domingo… Aló Ulisés, se oyó la voz de Gilberto, veníte hermano a las once a la Fratersa que vamos a hacer un viajecito aquí no más cerca, pero necesitamos llegar en un carro grande como el tuyo, para que el piche que nos va a comprar el terreno se impresione…ahí te vamos a pagar el doblete, porqué ahorita todo es fiado. Ya en el carro, Gilberto decía te imaginás la cara de doña Sara cuando vea el motete de reales de la comisión. A Adolfito le vamos a pagar la renta, ya vamos sobre nueve meses o por lo menos le regalamos una botella de champan. Pancho y Gilberto se bajaron viendo de un lado para otro, como buscando al comprador, dieron las once y las doce, la una y las dos y las tres como dice la canción… pero nada de comprador. Decepcionados regresaron a la Fratersa frente al Chopsuey de la Momotombo. Entrando volvió a sonar el teléfono buscando a los vendedores del solar… idaey amigo desde las once los estoy esperando, aquí tengo la macolla de reales y ustedes no se aparecen… Gilberto quedó viendo a Pancho y dijo Este maje nos está balurdeando.. que día es hoy….. hoy es día de los inocentes, 28 de diciembre… adiós lechuga, adiós paté, adiós champán, a pagar el taxi que fiamos… nos volaron Pancho Bulla, nos volaron…
La talabartería Pantoja quedaba sobre la 15, Las Puertas del Sol de Polo Rivas también, esquina opuesta el Indio Máximo y sus billares y su cantina. El indio era el hombre más feo del barrio y su hija era linda, jalabacon Carlos Gabuadi y a la vuelta de la esquina Manolo Lacayo era novio de la Argentina hija de la Kika, mujer industriosa, insigne trabajadora y origen de la Kikatex. Sobre la Quince, había comercios y residencias, o las dos al mismo tiempo, por ejemplo la clínica de Max Miranda, apreciado dentista y la tienda de su esposa Julieta papás de Ligia y Liliana Miranda. La zapatería de Paco Pérez.La tienda y casa de la familia Barrios y del Chocoyo Lanzas, La tiendita y casa de las Niñas Ferrufino, la casa de Alex Caldera Escobar subdirector de Novedades, la tienda y casa de los Garay, la tienda y casa de la Rosita López y su hermana Yolanda, nietas de unos viejitos bonitos de apellido Solórzano. La casa de las Vega, una de ellas la mas guapa casó con Fernandito González, La tienda y casa de la Tota Mestayer que fuera esposa de Henry Rivas el declamador. La Cafetería Matagalpa de Enrique Zoons, la comidería y sorbetería y casa de la familia del doctor Mejía Ubilla quien fue Director del Instituto de la Reforma Agraria. A la vuelta el Cine Fénix de grata recordación por los suspiros y romances de los y las quinceañeras del barrio.
El doctor Zogaib y un pintor Munkel que también restauraba imágenes. El doctor Tuckler con su música clásica a todo volumen. Los Flores y su farmacia venidos de León y casi en tránsito para los Estados Unidos. La novia y luego esposa de Octavio, Eva. Los estudios fotográficos que abundaban sobre la 15. La Sala Evangélica, El Verdi y mi comadre Mireya cuyo hijo, mi ahijado triunfó en el negocio de las llantas. Las camas de los Chamorro que eran cuñados de don Enrique Luna, la Barbería de Los Tres Villalobos, la Camisería Najman, el Hotel Reisel, la cantina de Papa Beto a quién ya bolo, le hacíamos creer que estaba amarrado con un hilo invisible y se quedaba quieto, sin pestañear siquiera. La zapatería de los Serrano y sus zapatos acolchonados, la zapatería Habed, y más hacia arriba Paco Ortega y su venta de materiales de zapatería, sus billares y anécdota en Washington, cuando se sentó frente a la Casa Blanca y los gringos creyeron que pertenecía a una tribu que estaba protestando y empezaron a darle monedas y tirarle dólares que Paco recibía con beneplácito y alegría mientras descansaba en la acera, después de una larga caminata conociendo la ciudad.