A Edgard Tijerino Mantilla
Dispénseme señores y señoras si ha de molestarlos la crónica, pero es un hecho histórico que la provincia nos revela, reconocimiento genético o carisma celestial que a muchos cristianos se ha negado. He de comunicarles la verdadera imagen de José Asunción Castro, desconocido por tal, pero alabado y proclamado por el pueblo de Juigalpa bajo el nombre de Chon Pedorro.
Desde que arribó a estas llanerías nuestra querida Mama Güicha, procedente de la Gran Sultana (Granada, Nicaragua) a fundar el secular Hotel Imperial, el hilo comienza a desenrollarse para terminar en la célebre historia del hombre estereofónico. Ahí, en ese nicho biológico vivía José Asunción, espécimen explosivo, rodeado de su fama flameada por ser ventrílocuo animador de feria. Él encontró respeto saludando a parroquianos, con criterio postural fortísimo, embelesando o disgustando a quienes lo escucharon.
Dos
El viento desgajado del farallón de Amerrisque es seco y viene rodando como bola de fuego que traspasa la ronda de los cerros. Sopla un norte por la calle Palo Solo hasta pegar con la casa esquinera de las Avilés, hace remolinos en la plaza, levanta basurales como si el mismo Chon se los llevara en una carretillada de resonancias. Desde entonces, se escucha en los corredores municipales con cierta discrepancia este escurrimiento latino, Pedus peditum aroma del chiquitum.
La facilidad expresiva del recordado Chon jamás esperó reconocimientos de algún festival de poesía culinaria a su labor creativa. Ritmos, tonos, matices, contrapuntos y demás corcheas o sintaxis gongorinas, nunca reconocieron su encanto visceral. La publicidad cibernética de pedómanos y pedonautas, que por mero vicio han clasificado al pedo en normales y corrientes, nerviosos, de tos, pegajosos, de vendaval, con presión y furtivos, no han incluido el suspiro haikai, el bazofiante lezamezco ni el refunfuño luterano. ¡Oye nomás!
Tres
Recordemos que somos de la muerte y tanto al uno como al otro se le repele (despeluca) el cuero cuando le predicen la tumba. Eso que le esculquen el alma aún estando vivo es pecado, por eso Chon vivió una paz espiritual sin ventolera de gusnaca o aventazón post-conciliar. Disminuía la presión de sus vísceras a voluntad. ¿Díganme si alguien puede sufrir mas de lo que ha heredado? La mentalidad del hombre es reflejo intestinal.
Jorge Luis Borges padeció el desenlace gramatical de sus vísceras tensas. Catulo se laxaba con delicado catártico, llegaba al ocio desintoxicándose. Digería sin apremio, tomaba oleaginosas semillas que rememoran; eso no quiere decir que en repetidas ocasiones pensara con el flujo y reflujo de su vientre.
Lamarck en sus explicaciones sobre la evolución reconoce que el hombre ejercita el órgano de su inteligencia, desarrollando y adquiriendo gran facilidad de atención de sus aptitudes para pensar, pero tiene el estómago débil y potencia muscular muy limitada; quien poco piensa no fija su atención sino con dificultad, posee digestión excelente y no es dado a la sobriedad de sabio y del letrado.
Existe otro concepto relevante en el Complejo de Adipo, del nutriólogo mexicano Jesús Traslosheros en el que afirma sin menoscabo eufemístico:
-El hombre es simplemente una máquina de producir mierda.
Cuatro
Amerrisque es frontera del clima. La silampa vela el aire, carga de humedad el cielo de tu boca. Amerrisque, muralla de sol, albarrada del biólogo Thomas Belt. Si vas a Palo Solo observarás el acantilado del Cacique Chontal, instante que Chon Pedorro nos anima sin desmesurado aspaviento, protegido por la bondad de su hada madrina.
Todos las madrugadas se sienta en el filo de su cama que ha limado a través de numerosos años con descargues de cólicos matutinos, y palpa su barriga por costumbre como si redoblara un tambor o consultara alguna máquina acústica davinciana.
Son las dos. Y derrumbó dos veces la torre del silencio. Luego se encaminó al pozo Calicanto con el cántaro sobre el hombro a camellar el oficio de su especie, a cumplir tarea diaria. Iba y regresaba con sus caites chirriando como los ejes de una carreta, sin sospechar la fuerza meridiana.
Chon era bestia de carga. Siempre caminaba como si llevara algo encima. Pasaba a nuestro lado y descargaba media docena de meteóricos azulejos que se diseminaban en el ambiente, hasta posarse en la grandeza de lo desconocido. Chon era así: una arma bala en boca.
– Tírate uno Chon, le decíamos. Y con benevolencia rítmica sonaba uno, dos, tres cuatro trece veinte…y su correspondiente ipegüe (pilón). Chon fue el último paisano que encopetó la mercancía por placer de oficio. ¿Su indulgencia papal lo salvaría de las llamas del purgatorio?
Cinco
Son las dos y treinta de la madrugada y compiten los fuelles viscerales del alcaraván y del pipero. A coro truenan las horas que no tuvo, pues Hera picaba muy alto, Gea lo hizo esclavo y Diana jamás lo invitó a su apreciado tálamo. En lo único que habíamos llegado atinar, era que su culo había sido educado con la sabiduría de aquel trío de filósofos griegos, dándole tanta precisión como un cuco relojero.
Muy confiado en sus dotes, Chon repicaba con orgullo suizo la magnanimidad de su rolex o desperezaba con paciencia de monje el bronce del campanario, aunque sabemos, que muchos arrebatos han sido inciertos sobre las sombras del Edén.
Después del desayuno nuevamente regresa al pozo Calicanto y tumba el sueño contra el lastre de la madrugada. Cada cántaro un centavo y cada centavo lo entierra debajo de la cama. Cada día que pasa una satisfacción de hombre honrado ajeno a la burocracia parasitaria.
Así es señores y señoras, suelten el nudo, la mojigatería daña el colon. Hablen bien, coman bien, defequen bien, que nada se llevarán de estos infiernos. No hagan caso a esos gringos intervencionistas que tienen dieta especial, piden disculpas para no comer carne de cerdo porque son mejores cereales insípidos, frutas transgénicas y pechugas de codorniz.
Tengan el ejemplo de José Asunción, limpio de alma y de menudos limpios, que no espera del tercer mundo la mantequilla de cacao o del mediterráneo el aceite de oliva para lubricarse el mofle. Estos estíticos continuaba el orfebre relojero- han hecho de nuestro país un estercolero, son los mismos que firmaron en las letrinas de la Alianza para el Progreso: propiedad del estado.
Seis
Hoy es domingo y me han vestido de azul. Desde temprano Chon inició su cortejo de claros clarines, dariana marcha triunfal. Cuando llego al Hotel Imperial, saludo a Mama Güicha que me quiere mucho y pienso que este azur modernista no atraerá saludos protocolarios dejados en plena atmósfera voltaica. Espero que mi amigo no decepcione con caprichos clasistas:
¡Es día de descanso!
Jamás ha sido indispuesto por breve pausa estomacal. Nunca se ha enfermado del estómago. Una vez le preguntaron a boca de jarro que era más importante, la entrada o la salida del aire en movimiento: aceptó morir por la garganta, purgatorio del habla. Y así fue, un carcinoma concluyó su destino.
Siete
La contradicción de los barítonos y sopranos es la éstasis fecal. Plácido Domingo constreñía el fondo del cuerpo bajo la tercera ley de Newton (a toda acción se opone reacción contraria e igual) con entereza de sabio o disposición de bruto. Recordemos a María Callas que en sus días de gloria redujo su excreta a silbos vespertinos. Expeditos sopranos.
Lo anterior nos hizo sospechar que algo jalaba la voz de tiple de José Asunción hacia otros desaguaderos, pues requinteaba la clave de sol con el mismo esmero que Paco de Lucía y percutía las tablillas cromáticas con igual delicadeza que la japonesa Keiko Abe.
Ya son las diez de la mañana. Y nuestro percusionista continúa desparramando tolvanera diatónica asustando a pacíficos ciudadanos agolpados en busca de su vórtice. Escuchan pólvora pura, descubrimiento estrepitoso de los chinos en pleno apogeo armamentista. Carga cerrada, rayería en seco. Cielo oscuro. ¡Alegría ecuménica! Chaparrón y la Caimana, pirotécnicos neronianos, mancornándose en plena feria busheana, para festejar patronos de la patria traicionada y beatos cosmopolitas pederastas.