De la serie Viudas, pintura de Diriangén Mejía. LA PRENSA/Cortesía/Galería Códice.

Historieta

La niña abre el baúl y una mano le echa tierra en los ojos. Ella dice: ¡qué hermoso paisaje! Ahora mezcla pinturas, revuelve los vestidos de tías adornadas con juegos de palabras. Se amorata, se luce angelical, gira mangosta, novia de esparadrapo, se mira en los espejos que trabajan sin que nadie los mire. En […]

La niña abre el baúl y una mano le echa tierra

en los ojos.

Ella dice: ¡qué hermoso paisaje!

Ahora mezcla pinturas,

revuelve los vestidos de tías adornadas con juegos

de palabras.

Se amorata, se luce angelical, gira mangosta,

novia de esparadrapo,

se mira en los espejos que trabajan sin que nadie

los mire.

En este último cuadro la niña se pinta y se

despinta, aparece y se borra.

Yo cierro el libro de cuentos infantiles pensando

que mi lengua es esa niña sordomuda,

probándose vestidos a la hora en que los demás

duermen.

Exilio

Un hombre enterrado en las arenas del exilio

donde se hunden sin chistar mujeres rojas y

tiendas de lentas humaredas,

y una espada se empera y una silla en desuso.

Un hombre enterrado allí donde Tarafa ofrece

una copa de vino, por las llamas del sol

que lo despedazaron.

Y va a pique la mesa donde alguien escribió

moriré tal vez muy lejos de mi idioma.

Y Artaud canta parado en un caballo blanco.

Entonces, ese hombre es polvo de su voz.

La Prensa Literaria

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