Cho-Cho-San, tal como se dice Señora Mariposa en japonés y se escribe Cio-Cio-San en italiano, es la protagonista de la ópera Madama Butterfly, subtitulada Tragedia de una japonesa, con música del compositor italiano Giacomo Puccini (1858-1924) y libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, inspirado en la novela del mismo nombre de John Luther Long y en la misma obra teatralizada por David Belasco, será representada en el Teatro Nacional Rubén Darío los próximos 9 y 10 de julio.
Reinando como supremos compositores de ópera, el alemán Richard Wagner (1813-1883) y el italiano Giuseppe Verdi (1813-1901), por mucho tiempo se creyó que nunca más surgirían compositores de su talla; empero, un italiano, Giacomo Puccini, y otro alemán, Richard Strauss (1864-1949), llegaron a erigirse como los grandes sucesores de Wagner y Verdi en el campo de la ópera. Strauss, además, es uno de los más notables compositores de música sinfónica.
Entre 1884 y 1926, en un espacio de 42 años, se estrenaron las doce óperas que escribió Puccini, con una frecuencia de 3.5 óperas por año. Hasta que la soprano sueca Birgit Nilsson (1918-2005) y el tenor italiano Franco Corelli (1923-2003) deslumbraron a todos los públicos con sus representaciones de Turandot, la última de las óperas de Puccini, que dejó inconclusa, los críticos consideraban como las mejores óperas de este compositor el tríptico formado por La Bohème (1896), Tosca (1900) y Madama Butterfly (1904), habiéndose ya representado en nuestro país las dos primeras y quizás también Madama Butterfly, pero es un dato no disponible por el momento.
De las doce óperas de Puccini, Madama Butterfly fue su preferida. La acción de esta ópera tiene lugar en los inicios del siglo XX, en una casita situada en una loma del puerto japonés Nagasaki, y se puede resumir en que Goro (tenor) contrata a una geisha de apenas quince años, Cho-Cho-San, para casarse con el teniente de la marina estadounidense, Frank B. Pinkerton. Cho-Cho-San se enamora de Pinkerton, pero éste toma el matrimonio como una simple aventura amorosa y al partir le promete a ella que regresará.
Tres años han pasado y habiendo quedado Cho-Cho-San embarazada, ha tenido un niño; ella espera con alegría el regreso de Pinkerton, pero su criada Suzuki (mezzosoprano) sospecha que su ama ha sido traicionada. Sharpless (barítono), amigo de Pinkerton y cónsul de los Estados Unidos en Nagasaki, visita a Cho-Cho-San para entregarle una carta enviada por Pinkerton en la que éste le comunica su matrimonio con Kate (soprano), pero ante el entusiasmo mostrado por Cho-Cho-Son, Sharpless no se atreve a darle la funesta noticia y la muchacha sólo alcanza a comprender que Pinkerton regresa.
Conmovido por el amor de Cho-Cho-San, Sharpless le aconseja que se case con el príncipe Yamadori (tenor), pero ella, aludiendo a su niño, a quien le ha llamado Dolor, cuando vuelva su padre le llamará Alegría. El regreso de Pinkerton es anunciado por un cañonazo y Cho-Cho-San se apresta a recibirlo con gran alegría. Junto con Sharpless y la nueva esposa, llega Pinkerton, pero no le da la cara a Cho-Cho-San, quien ya sospecha lo que ha ocurrido: llegan a quitarle su hijo. Al final, Cho-Cho-San le entrega el niño a Kate y diciendo que muera con honor quien no puede vivir con honor, se hunde un puñal en el estómago, alcanzando a escuchar el grito de Pinkerton que dice: ¡Butterfly¡ ¡Butterfly!
Escrita Madama Butterfly por espacio de algo más de dos años, en su estreno del 17 de febrero de 1904 en el Teatro La Scala de Milán, bajo la dirección del maestro Cleofonte Campanini (1860-1919), quien dos años antes había dirigido el estreno de Adriana Lecouvreur de Cilèa, con la soprano italiana Rosina Storchio (1876-1945) en el papel de Cho-Cho-San y el tenor, también italiano, Giovanni Zenatello (1876-1949) como el Teniente Pinkerton, el público, influenciado por los críticos que consideraban las óperas veristas de Mascagni, Leoncavallo y Puccini como música decante, estalló en abucheos y burlas contra Puccini y profirió insultos contra la Storchio, quien juró no volver a cantar esta ópera en Italia, aunque lo hizo años después.
Los críticos se encargaron de descalificar las calidades musicales de Madama Butterfly: armonías disonantes, melodías complicadas, copia de una ópera anterior de Mascagni (Iris, 1899) y un segundo acto demasiado largo y aburrido. Según las crónicas, Puccini, que asistió al estreno con un hijo suyo, se dirigió al público y gritó: Más fuerte, animales¡ Grítenme, vociferen¡ Pero ya verán quién ha tenido razón. ¡Ésa es la mejor ópera que he compuesto en mi vida!
A raíz del fracaso, Puccini le tuvo que pagar al Teatro La Scala una indemnización y retiró su Madama Butterfly, pero inmediatamente su puso a revisarla y la dividió en tres actos en lugar de los dos originales, y también le agregó al último acto la bella aria de Pinkerton, Addio fiorito asil, para reestrenarla en el Teatro Grande de la ciudad de Brescia, tres meses después, el 28 de mayo, esta vez con estruendoso éxito y siempre con el tenor Zenatello a cargo de Pinkerton y con la soprano ucraniana Salomea Krusceniski (1873-1952), a cargo de Cho-Cho-San. Madama Butterfly se encuentra entre las óperas más representadas y grabadas, con alrededor de una treintena de versiones completas, la de las cuales data del año 1922 y es cantada en inglés, pero también se han realizado versiones en ruso, francés y alemán.
Existen ciertas curiosidades sobre Madama Butterfly, a las que ahora pasamos. La primera Cho-Cho-San, Rosina Storchio, era una soprano lírica, mientras que la segunda intérprete del reestreno, Salomea Krusceninski, era una soprano lírico-spinto, con mayor caudal de voz.
En adelante, las intérpretes de Cho-Cho-San han fluctuado entre las sopranos líricas (como Clara Petrella, Licia Albanese, Victoria de los Ángeles, Anna Moffo, Renata Scotto y Mirella Freni), entre las sopranos lírico-dramáticas (como Dorothy Kirsten, Renata Tebaldi y Leontyne Price) y entre las sopranos dramáticas (María Callas, Gilda Cruz-Romo y Montserrat Caballé).
Si tomamos en cuenta que Cho- Cho-San es una adolescente de quince años, que por su inocencia e inexperiencia se despierta en ella un amor puro e ideal que primero la lleva al desengaño y por último al suicidio, y que la primera intérprete fue una soprano lírica, entonces podemos deducir que es un papel más propio de una soprano lírica, como lo podemos apreciar en las dos versiones que con dos de los más grandes tenores, Giuseppe di Stefano y Jussi Bjoerling, nos dejó la eximia Victoria de los Ángeles (1923-2005), con quien tuve el privilegio de conversar largamente en 1972 sobre sus papeles y los cantantes con los que compartió los escenarios en todo el mundo.
Según algunos críticos, la versión con la soprano Mirella Freni y el tenor Luciano Pavarotti, bajo la dirección del maestro Herbert von Karajan, es la mejor versión lograda en discos. Sin embargo, no se pueden desdeñar una serie de magníficas versiones, entre ellas las de Toti dal Monte con Beniamino Gigli, Steber con Tucker, Callas con Gedda, Moffo con Valletti, Tebaldi con Campora, Tebaldi con Bergonzi, Scotto con Bergonzi, Price con Tucker, Caballé con Martí y Scotto con Domingo. Igualmente, existen magníficas partes sueltas en versiones grabadas con intérpretes antiguos y modernos. Entre estos últimos, las versiones del dueto de amor del primer acto.