A Rodrigo Peñalba le corresponde pasar a la historia de la pintura nicaragüense con un doble honor: el ser maestro indiscutible y el de implantar en su país la modernidad pictórica, que cristalizará definitivamente con el nacimiento del Grupo Praxis a principios de los sesenta, además de contribuir a la formación de futuras generaciones de artistas. Si hasta 1950 la pintura nicaragüense no pasó de ser provinciana y académica, y a partir de esa misma década se perfila una orientación hacia la modernidad por medio de la cual se desafían los valores estéticos tradicionales.
La necesidad de un arte nuevo se impone, porque el artista refleja consciente o inconscientemente el zeitgeist o espíritu de su tiempo: los aspectos positivos y negativos de una época, el avance técnico y social, porque todo ello incide notablemente en el desarrollo cultural de un país. En el caso de Nicaragua, varios son los factores que propiciaron estos cambios en la década del cincuenta: apertura de nuevos institutos y colegios, sumado al impulso cultural que se inicia en el Ministerio de Educación, que culminará en una mayor democratización de la enseñanza y una mayor difusión de la cultura. Existieron, a nivel general, condiciones culturales y sociales más adecuadas aunque mínimas para que Rodrigo Peñalba pudiera sentar las bases de un cambio estético, especialmente tras el largo período de la guerra nacional que duró desde 1912 hasta 1932, de forma más o menos ininterrumpida.
Fragmentos. Tomado de Peñalba. Estudio Compilación y Cronología de Julio Valle-Castillo
El pintor con una de sus modelos Isabel Rosales.