En los pequeños y repentinos remolinos del Niágara de tu pelo
viven las tinieblas.
Allí muere y resucita el llamado de la naturaleza
que me roba el sueño.
Puedo ver en la oscuridad la inmensidad del paisaje salvaje
y puedo internarme en el bosque y la soledad.
Es al final del bosque donde comienza el paraíso,
donde el paisaje te da dolor en el corazón
y la vida tiene el mismo sentido eterno de la muerte.
¿Quién caminará conmigo en la oscuridad?
¿Quién me amará en el silencio de la soledad del paisaje
y en el silencio de la noche?
Propongo que seas tú, Dios mío.
Pero dame la libertad para que tengas mi lealtad.
Que creas en mí, para que no te niegue nada.
Porque , ¿cómo puedo protegerte si mi amor te tiene miedo?
El viento está aumentando y los tallos no resisten.
Es la angustia de ser una hormiga en el firmamento,
la angustia de creer que por cada estrella debo pedir un deseo.
El llamado de la naturaleza me roba el sueño
y cuando le miento a quien amo
mis heridas llenan las uvas de sangre
y los botones de las magnolias se van a la deriva.
Por eso propongo que seas tú, para que éste sea mi paisaje,
para que los pequeños y repentinos remolinos del Niágara de tu pelo
sean el final del bosque donde comienza el paraíso.
Aquí con aves holgazanas que cantan en la noche
quiero diseñar pañuelos y un aeropuerto para pájaros,
quiero una descendencia que inalterable como el mar
me arrastre y me devore,
quiero querer a esta mujer que tiene los magníficos azules del mar
metidos en sus ojos,
a esta mujer que se da cuenta lo que siente su corazón
y vive su vida conmigo en un camión sin barandas,
a esta mujer que se ensortija el cabello con almendras y corales,
prende el cirio con mis angustias,
ama las migas exquisitas de mi pan,
me encuentra en el mar y me arrastra en el cielo
y ya no le basta mi corazón y quiere mi alma.
Granada 5 de abril del 2008
ES AL FINAL DEL BOSQUE DONDE COMIENZA EL PARAÍSO
Francisco de Asís Fernández
En los pequeños y repentinos remolinos del Niágara de tu pelo
viven las tinieblas.
Allí muere y resucita el llamado de la naturaleza
que me roba el sueño.
Puedo ver en la oscuridad la inmensidad del paisaje salvaje
y puedo internarme en el bosque y la soledad.
Es al final del bosque donde comienza el paraíso,
donde el paisaje te da dolor en el corazón
y la vida tiene el mismo sentido eterno de la muerte.
¿Quién caminará conmigo en la oscuridad?
¿Quién me amará en el silencio de la soledad del paisaje
y en el silencio de la noche?
Propongo que seas tú, Dios mío.
Pero dame la libertad para que tengas mi lealtad.
Que creas en mí, para que no te niegue nada.
Porque , ¿cómo puedo protegerte si mi amor te tiene miedo?
El viento está aumentando y los tallos no resisten.
Es la angustia de ser una hormiga en el firmamento,
la angustia de creer que por cada estrella debo pedir un deseo.
El llamado de la naturaleza me roba el sueño
y cuando le miento a quien amo
mis heridas llenan las uvas de sangre
y los botones de las magnolias se van a la deriva.
Por eso propongo que seas tú, para que éste sea mi paisaje,
para que los pequeños y repentinos remolinos del Niágara de tu pelo
sean el final del bosque donde comienza el paraíso.
Aquí con aves holgazanas que cantan en la noche
quiero diseñar pañuelos y un aeropuerto para pájaros,
quiero una descendencia que inalterable como el mar
me arrastre y me devore,
quiero querer a esta mujer que tiene los magníficos azules del mar
metidos en sus ojos,
a esta mujer que se da cuenta lo que siente su corazón
y vive su vida conmigo en un camión sin barandas,
a esta mujer que se ensortija el cabello con almendras y corales,
prende el cirio con mis angustias,
ama las migas exquisitas de mi pan,
me encuentra en el mar y me arrastra en el cielo
y ya no le basta mi corazón y quiere mi alma.
Granada 5 de abril del 2008