Carlos Monsivais.LA PRENSA/ARCHIVO

Qué pasa con los premios

El escritor mexicano Carlos Monsivais habla de los premios literarios y de cómo algunos escritores se comportan cuando los reciben Noticias recientes señalan que un total de 557 obras se han presentado al II Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa, de acuerdo con la patrocinadora del galardón, Editorial Planeta. Hace cuestión de horas el […]

  • El escritor mexicano Carlos Monsivais habla de los premios literarios y de cómo algunos escritores se comportan cuando los reciben

Noticias recientes señalan que un total de 557 obras se han presentado al II Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa, de acuerdo con la patrocinadora del galardón, Editorial Planeta.

Hace cuestión de horas el escritor mexicano Álvaro Uribe recibió el primer Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska de la Ciudad de México, dotado con el equivalente a 48,000 dólares por su libro Expediente del atentado.

Un día antes, el escritor uruguayo Mario Benedetti fue galardonado por los gobiernos de Venezuela y Cuba con el Premio Cultural Alba (Alternativa Bolivariana para las Américas).

El galardón, correspondiente al rubro literario de la primera edición de los premios Alba, “reconoció la trayectoria de uno de los principales exponentes de la literatura iberoamericana y consistió en un cuadro de plata conteniendo el veredicto del jurado, 75,000 dólares y una estatuilla”.

Creado en 2006 por el entonces Presidente de Cuba, Fidel Castro y su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez, el Premio Alba es auspiciado por el Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas, que también integran Bolivia, Nicaragua y Dominicana, además de Ecuador como socio observador.

Igual se anuncia que se conocerá dentro de poco el ganador del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en su quinta edición, dotado de 30,000 dólares.

Lo cierto es que en la última década se ha multiplicado la existencia de premios literarios, sin importar la disciplina que reconocen o el género que rescatan. Cualquier intento de contabilidad de estos premios resulta, valga reconocerlo, un ejercicio ocioso.

La diversidad se confunde con la calidad; la oferta se transforma en saturación. El premio literario ha dejado de ser un referente de excelencia y pasa a ser un sistema de donaciones económicas por parte de las grandes casas editoriales de Iberoamérica.

Ante el anuncio de la creación del I Premio Iberoamericano de ensayo y actualidad en Castellano, de la Casa de América y la editorial Debate (la intención es que se convierta en la referencia principal de los premios de no ficción en el ámbito iberoamericano), el escritor e intelectual Carlos Monsivais, parte del jurado del premio mencionado, quiso profundizar en la sobreabundancia de los galardones para la literatura.

Un nuevo premio en el mapa de las letras de Hispanoamérica.¿Qué distingue a este premio de los otros ya existentes?

Lo que distingue a este premio es lo específico. Es un premio de ensayo que siempre ha tenido una importancia literaria-interpretativa en América Latina, que sin embargo ha sido un género desdeñado en el momento de los premios y los reconocimientos, o sólo otorgado a grandes ensayistas.

Se acentúa en la última década la proliferación de premios literarios a lo largo y ancho de las distintas disciplinas. ¿Qué explica el nacimiento de tantos premios literarios?

Puedo darle interpretaciones, ninguna de ellas muy sólida. Lo primero es la necesidad de fijar la atención en la literatura, en momentos en que los medios visuales concentran casi todo. Y en que muchísimo de los jóvenes que en otro tiempo hubieran querido ser escritores, ahora lo que les importa es ser cineastas o hacer televisión.

¿Es bueno para la literatura hispanoamericana la existencia de tan variopinta familia de premios?

Eso no sé si es necesariamente bueno, porque también da lugar a muchas supercherías a falsos algorosos que duran una semana o quince días en el mejor de los casos, pero nunca está mal reconocer la importancia de la literatura, con o sin premios. Y si los hay, ya cada premiado valida lo que tenga que iluminar. El premio, en sí mismo, puede pasar inadvertido, pero lo que sí me queda claro es que la literatura.

Usted es un intelectual cuya obra ensayística ha sido distinguida con una importante cantidad de premios literarios. ¿Han influido estos premios en su forma de escribir y analizar la realidad?

Creo que aquél que se deja influir por los premios, merece que se los quiten. Los premios lo alegran, le permiten cierta movilidad social o cultural, pero hasta ahí. Si un premio afecta la escritura es que la escritura está hecha de endebleces.

¿No se corre el peligro de que el escritor caiga en la dinámica de crear en función de un premio literario?

Los malos escritores escriben en función de los premios. Ya alguien que escribe en función de los premios está renunciando por ese hecho a la literatura. Parezco axiomático, pero así veo el tema.

¿Asistimos a una sobresaturación en la oferta de obras literarias premiadas?

Sí, pero tener miedo es desconfiar de la existencia de lectores agudos, críticos, inteligentes. Por el momento me atengo a esa fe. Hay lectores inteligentes.

La Prensa Literaria

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