- Managua, una ciudad de por sí caótica, se ve desde hace algunos meses sometida a un estrés adicional: los apagones. Hace 17 años, la cantante mexicana, Yuri, preguntaba “Con el apagón ¿qué cosas suceden?” Domingo contesta: esto es lo que sucede en Managua
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Nicaragua sufre un déficit energético de 126 megavatios y con ello han llegado los racionamientos energéticos.
Los problemas más visibles son los atascamientos vehiculares en las “horas pico” y el temor de la población que tiene que padecer la oscuridad de la noche. Y aunque ya existe una programación de cortes específicos por hora y lugar, además de la decisión del Estado de modificar el horario de trabajo para paliar la situación, los perjuicios que padecen la Cruz Roja, los Bomberos, los Juzgados, la Policía, los hospitales, Enacal, pulperías e industrias, no disminuyen.
Todos los entes consultados alegan que han visto perjudicado su funcionamiento. Además, temen que de no resolverse, o por lo menos disminuir los cortes de energía, las cosas podrían empeorar y no sólo para las instituciones sino para la población.
En el caso de la Policía, la falta de energía genera principalmente dos problemas. Uno es el congestionamiento vehicular en los semáforos apagados, y el otro es el incremento de los delitos gracias al provecho que los delincuentes sacan de la oscuridad. Si la Policía en situación normal no se da abasto con sus pobres recursos, los apagones la hacen disponer en Managua a 200 agentes en los puntos de tránsito para sustituir a los semáforos apagados y así evitar accidentes. Además, se reforzó la vigilancia en barrios peligrosos mientras duren los cortes de energía. Otra de las medidas para menguar la situación es la utilización de baterías en algunos semáforos de la capital; sin embargo, éstas presentan la dificultad de durar solamente dos horas. Y pese a estas medidas dispuestas, los inconvenientes no se han hecho esperar, sobre todo, con aquellos conductores que se muestran estresados cuando no logran cruzar un semáforo rápidamente.
En los medios televisivos se ha informado sobre casos en que policías de Tránsito hasta casi son agredidos por los choferes que desesperadamente quieren atravesar los puntos congestionados. Igual perjuicio sufren quienes tienen que esperar buses en paradas oscuras. Los pobladores temen que los delincuentes aprovechen la oscuridad para robarles o agredirlos.
La situación de los bomberos no es distinta. Miguel Alemán, comandante de los Bomberos de Managua, afirma que el uso de las velas para suplir la falta de energía eléctrica representa un peligro latente de un incendio. Dice que ellos han atendido este año cinco incendios más que los ocurridos en el año anterior en el mismo período.
Alemán explica que la negligencia de la gente es lo que genera los focos de incendio. Además, destaca que el 70 por ciento de los siniestros se producen en la capital.
“La principal dificultad que tienen los bomberos durante los apagones es accionar con rapidez. La falta de energía no sólo hace perder tiempo para llegar, sino también para encontrar los hidrantes”, asegura el comandante.
Otra preocupación de los bomberos por la falta de energía es el uso de las plantas en los negocios y domicilios. Estas plantas son potenciales bombas de tiempo.
“Estas plantas, por su capacidad, pueden funcionar máximo cuatro horas y la gente las está usando hasta siete horas, que es el tiempo que duran los apagones. Cuando la gente recarga de combustible, aunque apague la planta, el motor está caliente, el lugar está caliente y ello puede generar un incendio”, comenta.
Según Alemán, en los últimos tres meses los Bomberos han atendido cinco llamados de incendio por esta causa y si bien admite que no hubo muertos, asegura que dos jóvenes en Carretera Sur resultaron quemados en las manos y la cabeza.
Un daño colateral de los apagones es la intoxicación por monóxido de carbono, el cual es generado por el uso de las plantas. Los síntomas que presentan quienes están intoxicados son vómitos, dolores de cabeza, mareos.
Las cosas que suceden en los juzgados producto de los apagones, duplican los costos de las audiencias en los casos. Igualmente, ocasionan pérdida de dinero, paciencia y tiempo para quienes tienen que comparecer a éstas. Napoleón Chávez, presidente de la Asociación de Jueces de Managua, asegura que los gastos en papelería, recursos humanos y tiempo de las partes que asisten a las audiencias, representan los principales perjuicios para los juzgados.
Valentín García, administrador de los juzgados, considera que además del tiempo, los costos pasan por los gastos en seis miembros de los ocho jurados que a diario se efectúan. Otros gastos son los de la reparación de aparatos que se dañan con los golpes de energía y el combustible de 15 galones al día para la planta que cubre las oficinas donde ingresan las causas y los escritos únicos.
Una repercusión menos visible, pero no menos importante es la del trabajo que se realizaba durante las tardes en los juzgados civiles. Según Napoleón Chávez, de manera interna se trabajaba en la preparación de los autos, remitiendo las cédulas, agilizando el sistema de notificación. “Es evidente que al faltar el fluido eléctrico se interrumpen las actividades, no sólo del día, sino las posteriores, en materia civil y penal”, afirma.
Para Enacal, el panorama tampoco es alentador. “El suministro de agua potable en Managua en un ciento por ciento es agua subterránea, para eso se necesita un equipo eléctrico y mecánico o equipo de bombeo. Esto significa que cuando se va la luz, se va el vital líquido”, dice Santos Martínez, ingeniero de Enacal. Por esta razón es que 20 pozos de Managua se ven afectados, junto con las 254 mil personas que abastecen esos pozos.
“Son dos los grandes problemas: el lucro cesante o volumen de agua que dejamos de vender (44,048 galones de agua) y, el otro, la imagen de la institución, porque si se va el agua no dicen Unión Fenosa; los reclamos llegan a Enacal”, señala Martínez.
Los hospitales representan un caso especial. Unión Fenosa informó que existía un convenio en el que se priorizarían los sectores aledaños a los hospitales para garantizar la atención en el sistema de salud. Así también lo confirmaron seis hospitales de la capital, desde donde se informó que el convenio se respetaba y que en casos de cortes, estos no sobrepasaban las dos horas.
“No hemos tenido mayores problemas con los cortes. Unión Fenosa acordó priorizar los sectores de los hospitales y eso permite mantener los servicios. Lo máximo que ha durado un corte en el hospital ha sido de media hora. En ese caso, ponemos a funcionar una planta que cubre el área de cuidados intensivos”, dice Gerardo Mejía, director del Hospital La Mascota.
El Ministerio de Salud fue consultado sobre las declaraciones de Maritza Cuan, quien recientemente dijo que algunos hospitales estaban siendo afectados por los cortes. Sin embargo, no recibimos respuesta.
Las empresas y pequeños negocios también lamentan la situación de los apagones. Para ellos, el tema pasa tanto por las pérdidas que están experimentando como por las facturas de luz. Consideran injusto que aunque no se brinde un servicio completo, y más aun eficiente, los cobros lleguen iguales a los meses anteriores.
Mario Salvo, directivo de Eskimo S.A., reporta que en los últimos meses en los que se ha incrementado la crisis energética, las pérdidas para la empresa han estado entre 15 y 20 por ciento, lo que se traduce en casi tres millones de córdobas mensuales. Él explica que la industria láctea depende de una cadena que inicia con los pequeños productores y finaliza con los consumidores.
“Con estos cortes ha habido una gran merma en los productos lácteos, leche, queso, helados, todo. La gente tiene miedo de comprar porque no saben si van a tener energía. Lo mismo el ama de casa no compra porque sabe que se le va a deteriorar en su casa”, dice Salvo.
Esto lo confirma Oscar Guerrero, propietario de la pulpería Guerrero, ubicada detrás de la UCA, quien asegura que de 30 litros de leche que antes compraba, ahora solamente compra 15. El temor porque se dañen los productos lácteos generan esta baja en la compra. En general, estima que sus ventas descendieron en un 30 por ciento, desde que se iniciaron los apagones.
El problema no se soluciona con el uso de plantas de emergencia. “Nosotros tenemos nuestra propia planta, pero invertimos el doble al producir con la planta de emergencia y nos obliga a producir de noche y eso eleva los costos en horas extras del personal. Estamos hablando de unos 300 mil córdobas mensuales (en gastos de más)”, explica Mike Thompson, gerente administrativo de Eskimo.