Fidel Castro fumando su famoso “Habano”, en los primeros años de la Revolución cubana. Actualmente tiene 48 años en el poder. ( LA PRENSA/ AP)

Castro: “El buen Dios me protegió”

[doap_box title=»Sobreviví» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] “Ahora comprendo por qué sobreviví a los planes de Bush y de los presidentes que ordenaron asesinarme: el buen Dios me protegió”, señaló el Presidente de Cuba, Fidel Castro, en respuesta a una frase que le atribuye al Presidente de Estados Unidos, George Bush: “Un día, el buen Dios se llevará […]

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“Ahora comprendo por qué sobreviví a los planes de Bush y de los presidentes que ordenaron asesinarme: el buen Dios me protegió”, señaló el Presidente de Cuba, Fidel Castro, en respuesta a una frase que le atribuye al Presidente de Estados Unidos, George Bush: “Un día, el buen Dios se llevará a Fidel Castro”.

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    Un documento divulgado por los Archivos de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, fue dado a conocer paralelamente a la divulgación de Las Joyas de la Familia, los documentos desclasificados de la CIA, en el que se reseña una conversación entre el presidente Gerald Ford y su secretario de Estado, Henry Kissinger, sostenida en la Oficina Oval el 4 de enero de 1975.

    De acuerdo a lo comentado por Kissinger, Robert Kennedy habría estado al frente del fracasado complot para asesinar a Fidel Castro:

    Henry Kissinger: “Lo que está ocurriendo es peor que durante los días de McCarthy. La CIA acabará haciendo sólo informes, no operaciones”.

    Gerald Ford: “Estoy de acuerdo”.

    Henry Kissinger: “Helms dice que estas historias son sólo la punta del iceberg. Si salen a la luz, correrá sangre. Por ejemplo, Robert Kennedy llevó personalmente la operación para asesinar a Fidel Castro. La cosa chilena, eso no está en ningún informe. Eso es una especie de chantaje contra mí”.

    La información no parece inmutar a Castro y su comentario sobre este tema se reduce a describir el hecho en un ensayo dado a conocer el pasado 30 de junio titulado La máquina de matar.

    En su ensayo, Castro pareciera comprender las razones del involucramiento de Robert Kennedy, quien habría estado persuadido de que el atentado contra su hermano, el presidente John Kennedy, tenía su marca.

    “El hermano del Presidente era entonces Fiscal General de Estados Unidos. Muere después, asesinado, cuando aspiraba a la Presidencia en las elecciones de 1968 en las que, al faltar tan fuerte candidato, se facilitó la elección de Nixon. Lo más dramático del caso es que al parecer había llegado a la convicción de que Jack Kennedy fue víctima de una conspiración. Exigentes investigadores, después de analizar las perforaciones, los calibres de los disparos y demás circunstancias que le causaron la muerte al Presidente, arribaron a la conclusión de que por lo menos fueron tres las personas que dispararon. El solitario (Lee) Oswald, usado como instrumento, no pudo ser el único tirador. Eso llamó mucho la atención al que esto escribe. Excúsenme que les cuente que el azar me convirtió en instructor de tiro con mira telescópica de todos los expedicionarios del Granma”, dice Castro en su escrito.

    Cuenta que entonces, en un afán por involucrar a Cuba en el magnicidio del presidente Kennedy, Oswald quiso pasar por Cuba en viaje a la URSS. “Ya había estado allá. Alguien lo envió a pedir visa en la Embajada de nuestro país en México. Nadie lo conocía ni lo autorizó. Se nos quería comprometer en la conspiración”, señala Castro en su ensayo.

    LA CENA CON JOHN JR.

    “Con posterioridad, en actividades internacionales o en visitas a Cuba, más de una vez me encontré con los adoloridos familiares de Kennedy, que me saludaban con respeto. Un hijo del ex presidente, que cuando asesinaron a su padre era un niño muy pequeño, visitó Cuba 34 años después, se reunió conmigo y lo invité a cenar”, relata Castro.

    “El joven, en la plenitud de su vida y bien educado, murió trágicamente en un accidente aéreo cuando volaba con su esposa en noche tempestuosa a la isla de Martha’s Vineyard. Nunca abordé con alguno de aquellos familiares el espinoso tema”, recuerda.

    RECUERDA CON RESPETO A KENNEDY

    En su reflexión sobre este intento de atentar contra su vida, finalmente admitido por la CIA, Castro recuerda con respeto a Kennedy y considera que si después del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos el Presidente hubiera sido Richard Nixon, Cuba habría sido atacada.

    “Nixon no se habría limitado a decir que la victoria tenía muchos padres y la derrota era huérfana. Consta que a Kennedy nunca le entusiasmó la aventura de Girón, adonde lo condujo la fama militar de (Dwight) Eisenhower y la irresponsabilidad de su ambicioso Vicepresidente”, comenta.

    No solamente habla con respeto sobre Kennedy, sino que, sorprendentemente, asegura que la peor parte de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos no se vivieron bajo el mandato del asesinado mandatario.

    “Lo peor de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba no había ocurrido todavía en abril de 1961. Cuando no se resignó al desenlace de Girón, vino la Crisis de Octubre. El bloqueo, la asfixia económica, los ataques piratas y los atentados se multiplicaron. Pero los planes de asesinato y otros hechos sangrientos comenzaron bajo la administración de Eisenhower y Nixon”, asegura.

    “Recuerdo que, precisamente el día y el minuto en que lo asesinan, conversaba yo en un lugar tranquilo fuera de la capital con el periodista francés Jean Daniel. Éste anunció que traía un mensaje del presidente Kennedy. Me contó que le dijo en esencia: “Vas a ver a Castro. Quisiera saber qué piensa él acerca del terrible peligro que vivimos, de vernos envueltos en una guerra termonuclear. Quiero verte de nuevo tan pronto regreses”. “Kennedy era muy activo, parecía una máquina de hacer política”, me añadió, y no pudimos seguir hablando, cuando alguien llegó rápido y nos trajo la noticia de lo ocurrido. Nos pusimos a escuchar la radio. Era ya inútil lo que pensaba Kennedy”, comenta Castro.

    ORTA, EL HOMBRE QUE TUVO MIEDO DE MATAR A CASTRO

    Castro escribe su ensayo sobre los planes para matarlo, aparentemente sin rencor con el hombre que estaba destinado a poner en su comida la pastilla letal que la CIA había producido para matarlo. Eso sí, no sabe qué fue de él.

    Juan Orta, un cubano antibatistiano que trabajaba en las oficinas del Instituto Nacional de la Reforma Agraria en los primeros años de la Revolución, fue recordado por Castro como un hombre “respetuoso y serio” que trabajaba junto a él.

    “No puede ser otro. Pasaron los decenios y por el informe de la CIA veo de nuevo ese nombre. No tengo a mano elementos de juicio para comprobar de inmediato qué fue de él. Pido excusas si ofendo involuntariamente a cualquier familiar o descendiente, tenga o no culpa la persona mencionada”, dijo Castro.

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