El ex presidente y ex diputado constitucional, Arnoldo Alemán Lacayo, en un arduo cabildeo por evitar ser desaforado el 12 de diciembre del 2002, para que enfrentara cargos por actos de corrupción en su gobierno. (LA PRENSA/O. VALENZUELA)

Una noche de juerga precedió caída de Alemán

LA PRENSA tiene en su poder una grabación de una conversación entre el ex presidente Enrique Bolaños; el ex Secretario de Comunicación Social, Lindolfo Monjarretz; el antiguo ministro de Transporte e Infraestructura, Pedro Solórzano Castillo y el ex asesor presidencial, Frank Arana, entre otros, que revela los entretelones de la noche del 11 de diciembre […]

  • LA PRENSA tiene en su poder una grabación de una conversación entre el ex presidente Enrique Bolaños; el ex Secretario de Comunicación Social, Lindolfo Monjarretz; el antiguo ministro de Transporte e Infraestructura, Pedro Solórzano Castillo y el ex asesor presidencial, Frank Arana, entre otros, que revela los entretelones de la noche del 11 de diciembre del 2002, horas antes de la desaforación del ex presidente Arnoldo Alemán Lacayo
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LA PRENSA buscó a algunos de los protagonistas de la noche antes de la desaforación del ex presidente Arnoldo Alemán y de la noche del relato. Logramos contactar a dos. El celular de Orlando Tardencilla, actualmente fuera de la agenda política, se reporta como desconectado. Pedro Solórzano no respondió llamadas al móvil ni en su casa tampoco. Frank Arana tampoco respondió nuestras llamadas a su celular.

Jorge Matamoros, diputado conservador que actualmente forma parte de la bancada de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), dijo: “Yo no tengo ningún comentario, porque yo en su momento di mis declaraciones. Yo siempre expresé que había estado indispuesto por cuestiones de problemas estomacales. Eso fue lo que yo siempre dije cuando me recibieron en la Asamblea (el día de la desaforación del ex presidente Arnoldo Alemán). Ese es el único comentario que le puedo hacer. A mí no me llevó Pedro Solórzano. Si ellos (los protagonistas de la grabación) tienen esos comentarios, pues que lo hagan y que vean pues. Pero entrevístalos, porque después de lo que te estoy diciendo, ya sería cosa de que ellos lo que te puedan decir. Que digan lo que ellos quieran decir.

Lindolfo Monjarretz, ex Secretario de Comunicación Social, del gobierno del presidente Enrique Bolaños, expresó: “No hermano, no sé de esa grabación. No tengo ningún comentario al respecto. Ninguno, yo estoy vieras vos, trabajando para mantener a mi familia, no pensando en esas cosas”.

Numeritos “claves”

47diputados fueron necesarios para desaforar en el 2002 al ex diputado por mandato constitucional, Arnoldo Alemán Lacayo, para que enfrentara un juicio por actos de corrupción en su gobierno.

7 habitaciones en un hotel de Managua contrató el ex ministro de Transporte e Infraestructura, Pedro Solórzano para los diputados que votarían contra Alemán.

380 dólares costó la botella de whisky Jhonny Walker Blue Label, servida a los diputados que estaban alojados en un hotel.

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  • Notas Relacionadas >

    21 días de ausencia de la diputada Delia Arellano, bastaron para que Orlando Tardencilla argumentara que su escaño fuese asumido por su diputado suplente, Mariano Suárez.

    La desaforación del ex presidente Arnoldo Alemán en 2002, uno de los mayores acontecimientos políticos en la historia nicaragüense, surgió como parte de una conspiración planeada en una noche de whisky y que estuvo a punto de desmoronarse por culpa de una resaca parlamentaria.

    Un archivo digital, que tiene como principal voz relatora al ex ministro de Transporte e Infraestructura, Pedro Solórzano Castillo, relata con lujo de detalles los sucesos que se dieron la noche en que se planificó la caída de Alemán, que cualquier nicaragüense en la calle, quizás imaginó que se hizo con una estrategia bien planificada.

    Pero en realidad, según lo relatado por Solórzano años después, la forma de desaforar a Alemán prácticamente les “cayó del cielo”.

    Todo comenzó el 11 de diciembre del 2002, un día antes de la histórica sesión parlamentaria que culminó con la desaforación del caudillo liberal. En la antigua Casa Presidencial, el entonces presidente Enrique Bolaños paseaba ligero con un trago de tequila en la mano.

    La narración de Solórzano, contenida en la grabación, detalla que un grupo de denominados notables del liberalismo, diputados de derecha y miembros del gabinete de Gobierno, observaban silenciosos al mandatario, quien los había convocado para hacerles un anuncio de vital importancia. Los nombres que se mencionan son Ernesto Somarriba, Mario de Franco y Carlos “Chale” Mántica.

    Bolaños dispuso que todos pasaran al Salón Chino de la Casa Presidencial, pero ordenó que nadie llevara su teléfono móvil. Asimismo orientó a los agentes de seguridad y empleados que no dejaran entrar ni salir a ninguno de los presentes hasta que la reunión acabara. Lo que iba a decir era demasiado importante y no quería que se filtrara por ningún lado. Incluso, no invitó al encuentro al entonces recién nombrado Secretario Político de la Casa Presidencial, José Antonio Alvarado, porque consideraba que éste alertaría al Partido Liberal Constitucionalista (PLC) sobre la carta bajo la manga con la que pretendían derribar políticamente a Alemán.

    TARDENCILLARECOMENDÓ JUGADA

    “Ya tenemos al voto 47”, les anunció Bolaños a todos los convocados, de acuerdo a la grabación. El mandatario aseguraba que por fin ya contaban con los siete votos fijos en la Asamblea Nacional, que sumados a los del Frente Sandinista, reunirían el quórum necesario para aprobar la desaforación de Arnoldo Alemán.

    Lo dicho por el presidente, de paso, aclaró la presencia en la reunión del entonces diputado por Camino Cristiano, Orlando Tardencilla, que había llamado la atención a varios de los presentes.

    Fue Tardencilla quien ideó aprovechar la ausencia por más de 21 días de la diputada Delia Arellano, para argumentar que su escaño fuese asumido por su diputado suplente, Mariano Suárez, quien finalmente pasaría a la historia como el voto 47.

    “NIÑEROS” DE DIPUTADOS

    El funcionario más pintoresco del gabinete de Bolaños, Pedro Solórzano Castillo, junto a Ramón “Moncho” Lacayo, en ese entonces secretario privado del mandatario, fueron los designados por el Presidente para una misión de vital importancia: Atender y mantener en un solo lugar a los diputados no sandinistas que votarían a favor de desaforar a Alemán. Estos diputados eran Miguel López Baldizón, Alfredo Gómez Urcuyo, Augusto Valle, Jorge Matamoros y Mariano Suárez. Los otros diputados no sandinistas que votaron a favor de la desaforación de Alemán, pero que en la grabación no se mencionan para nada, son Jaime Morales Carazo, Jaime Cuadra Somarriba y Eduardo Gómez, más el voto de Orlando Tardencilla.

    La primera idea era llevarlos a la casa del entonces asesor presidencial, Frank Arana, para que durmieran allí y así partir temprano el día siguiente hacia la Asamblea Nacional. Los diputados hicieron “mala cara” a la propuesta. No les gustaba para nada la idea de compartir cuartos.

    PIDEN HOTEL

    Fue el entonces diputado y posterior vicepresidente de la República, Alfredo Gómez Urcuyo, quien le propuso a Solórzano cómo mejorar los ánimos de estos parlamentarios.

    “Pedro, si nosotros vamos a votar, tiene que ser de una manera elegante. Tienen que llevarnos a un hotel”, le dijo al entonces titular de Transporte e Infraestructura y uno de los hombres de mayor confianza del Presidente.

    Solórzano dispuso entonces alquilar siete cuartos en el Hotel Intercontinental Metrocentro para alojar a los parlamentarios, pagados con su tarjeta de crédito. El único que no aceptó la invitación fue Tardencilla, quien argumentó que “como buen cristiano, él dormía en su casa”.

    Con Mariano Suárez, quien también es evangélico, no hubo tal flexibilidad. Había llamado telefónicamente tanto a su casa, como a la de su madre y la de su hermana y en todas le respondieron que estaba siendo “taloneado” por varios diputados liberales. A todas las casas de sus familiares las rondaban vehículos con gente esperándolo.

    SACO PRESTADO

    Esto implicaba un problema. Al no poder ir a su casa, Suárez no podría buscar su saco para votar al día siguiente. Solórzano, como buen resuelveproblemas, consideró que ambos tenían más o menos la misma talla y le dijo que le prestaría uno de los suyos.

    Ya en el hotel, Solórzano alquiló los cuartos y entregó a cada uno su llave electrónica. Sin embargo, sólo el voto 47 subió a su cuarto para descansar. El resto de diputados exigieron que si iban a votar en un hecho tan trascendental, pues que los trataran a cuerpo de rey, invitándolos a beber whisky en el bar del hotel.

    ACOMODÁNDOSE EN EL BAR

    De acuerdo al relato de Solórzano contenido en la grabación en poder de LA PRENSA, uno a uno fueron tomando su lugar en la barra todos los diputados que exigían ser atendidos con unos traguitos “técnicos”: Miguel López Baldizón, Alfredo Gómez Urcuyo, Augusto Valle y Jorge Matamoros. Para que la cuenta saliera barata, Solórzano pidió de una sola vez una botella de whisky Johnny Walker Black Label.

    Los mejores al trago como Miguel López Baldizón y Jorge Matamoros le pidieron a Solórzano, quien como buen chaperón también tuvo que hacer de bartender y mesero, que les sirviera tragos dobles. Todos estaban alegres, celebrando su “contribución por la democracia de Nicaragua”.

    EL DONANTE DELA BLUE LABEL

    Un hombre, alto y elegantemente vestido, quien también estaba en el bar, le grita a Solórzano: “¡Pedro Carretón, no seas pinche, invitalos a un Blue Label. No te preocupes, yo la pago!”.

    Generosa propuesta, tomando en cuenta que una botella de Johnny Walker Blue Label, servida en el bar del hotel Intercontinental Metrocentro, cuesta 380 dólares.

    “En ese momento se les iluminaron los ojos a todos los bebedores. Agarro la botella y empiezo a repartir. Ya no era que me decían echame un poquito, me decían, echame doble. No le echaban ni agua, porque eso se bebe sólo con hielo. Todos felices”, relata Solórzano en la grabación.

    La alegría era tanta, que Solórzano olvidó darle las gracias al generoso benefactor de esa sesión etílica. De pronto, las risas y relajadas pláticas se vieron interrumpidas por una llamada al móvil de López Baldizón. Era Mariano Suárez exigiendo prácticamente a gritos que pusieran a Solórzano al teléfono.

    EL INCIDENTE DE LA MUJER DESNUDA

    —“Mirá, yo con esto no juego. Una cosa es que des un cuarto, pero yo soy cristiano y con mujeres desnudas no me vas a comprar ni convencer. Con eso no juego”.

    —¿Cuál mujer desnuda?, preguntó Solórzano.

    —“La mujer desnuda que me pusieron acá en el cuarto”, ripostó Suárez.

    —“¿Pero cuál mujer?”, preguntó nuevamente Solórzano.

    — “Aquí hay una mujer desnuda que me acaba de sacar del cuarto”, dijo Suárez.

    —“Calmate hombre, debe haber una confusión. Esto ya no es obra mía, esto me supera”, expresó Solórzano.

    Suárez bajó aún nervioso al lobby del hotel, mientras que Solórzano, según el relato que les hacía al ex presidente Bolaños como al resto de sus incondicionales, decidió ir a la recepción para ver cuál había sido el problema con el cuarto. De pronto, se topó con el donador de la botella de Johnny Walker Blue Label, quien lo invitó a sentarse con él.

    —“Perate hombre que acá tengo un clavo”, es lo que recuerda Solórzano haberle contestado al donante de la Blue Label. “Uno de los invitados que andaba con nosotros acaba de encontrar una mujer en bola en su cuarto”, le dijo Solórzano apresurado.

    Inesperadamente, el donante de la botella de Blue Label perdió toda la elegancia, tiró el vaso al piso y violentamente agarró a Solórzano de la camisa.

    —“!Esa es mi esposa!”, gritó al funcionario, quien estaba sorprendido por la reacción del personaje.

    —“Perate, perate, yo no tengo nada que ver con eso. Ese fue un error de los del hotel. Si el hombre ya se bajó del cuarto”, respondió apresuradamente.

    El donante, loco de ira, se dirigió hasta la recepción y prácticamente agarrando del cuello al empleado que lo atendió, le reclama por el incidente. La intervención de otros trabajadores y una pronta explicación de un funcionario del hotel calmaron la situación y de paso la ira del donante de la Blue Label.

    Esta es la parte de la grabación que más carcajadas sacó a sus protagonistas, principalmente al Secretario de Comunicación, Lindolfo Monjarretz.

    A BUSCAR EL SACO

    Aclarado el incidente con la mujer que encontró Suárez, Solórzano, cercana la medianoche, decidió ir a su casa para buscar su saco y el que le prestaría al voto 47.

    Debido a que no había tenido tiempo de hablar con su esposa por el ocupado día que había tenido, Solórzano decide entrar sigiloso a su casa para buscar el saco. Pero una luz encendida repentinamente le hizo ver que de nada sirvió entrar a hurtadillas.

    Solórzano le trata de explicar rápidamente a su esposa todo lo del voto 47, que lo hacían por Nicaragua, que era un encargo del presidente Bolaños.

    —“Pues andate a vivir con el Presidente”, reclamó la esposa de Solórzano.

    —“Pero es que el Presidente me mandó a pedir el traje…”

    —“Pues que se lo preste el Presidente”, respondió la mujer.

    —“Pues no se puede porque es alto”, dijo Solórzano.

    —“Me vale que le quede brinca charco”, exclamó la esposa y dio la vuelta molesta.

    MATAMOROS ANSIOSO

    Luego del incidente en su casa, Solórzano pensó que ése era su último “clavo” y que por fin dormiría tranquilo para estar listo en unas cuantas horas en ese histórico 12 de diciembre del 2002. Se equivocó.

    El diputado Matamoros lo estaba esperando en el lobby del hotel y le dijo que le urgía salir para “seguirla”, que no podía seguir encerrado en el hotel. Solórzano aceptó a regañadientes, pero le dijo a Ramón Lacayo que viniera con ellos.

    Sin embargo, luego de casi media hora de acompañar a Matamoros, Solórzano se hartó y le dijo a Lacayo: “Ve Moncho, hacete cargo de todo esto, porque ya tengo bastante de estar de chino”. Se regresó al hotel y Lacayo se quedó con Matamoros hasta que éste terminara de festejar.

    ¡TODOS ARRIBA!

    A las seis y media de la mañana del 12 de diciembre, Solórzano recuerda haber hecho una llamada en cadena a todos los cuartos en los que dormían los diputados, diciéndoles que había que levantarse. “Esto no es un internado”, contestó Matamoros, molesto porque lo había despertado.

    A eso de las siete y media, los diputados no sandinistas que votarían a favor de la desaforación de Alemán se reunieron con el presidente Bolaños en la Casa Presidencial para recibir las últimas instrucciones acerca del papel de cada uno en la Asamblea Nacional. Orlando Tardencilla fue el que se llevó a Mariano Suárez, quien llevaba puesto el saco prestado por Solórzano.

    Se había planificado que el primer golpe de timón en la sesión era cambiar la Junta Directiva para que ésta pusiera de inmediato en la agenda del día la discusión del desafuero. Sin embargo, una pieza clave faltaba. El diputado conservador Matamoros, quien incluso asumiría uno de los puestos en la Junta Directiva, no había llegado.

    BUSCAN REVIVIR A DIPUTADO

    Anestesiado aún por los efectos del licor, Matamoros se encontraba todavía acostado, indiferente a su responsabilidad por la cual había exigido tanto whisky.

    No respondía las llamadas telefónicas de sus padres ni de los reconocidos dirigentes conservadores Azalia Avilés y Mario Sebastián Rappaccioli.

    Sin embargo, Solórzano volvió a aparecer en escena. Él aseguraba que podía convencer a Matamoros para que llegara a la Asamblea. Que había hecho buena química luego de rescatarlo de una situación etílica similar por la cual estuvo a punto de quedar abandonado en un hotel en República Dominicana.

    “Noel Vidaurre y Mario Sebastián Rappaccioli lo habían dejado tirado en un hotel (en República Dominicana). Yo lo encontré en un pasillo de ese hotel, bueno yo iba encontrando los zapatos, la camisa, bueno yo iba como iba, encontrando pedazos de Matamoros por todos lados. El hombre no bajaba al check-out del hotel. Me di cuenta de que el hombre estaba borracho. Lo agarré en peso, lo metí en la tina y le prepare un café”, cuenta Solórzano, de acuerdo a la grabación, al referirse al incidente por el cual era la persona más indicada para buscar a Matamoros.

    El día de la desaforación de Alemán, Solórzano fue a buscar a Matamoros y logró convencerlo de que se levantara y se fuera a la Asamblea.

    “El se acordó de ese acto generoso, de buen samaritano, que tuve con él (en República Dominicana) y me hizo caso, pero me pidió calma. Que se iba a bañar y a alistarse”, continuó con su relato el ex ministro de Transporte.

    Solórzano le dio al diputado todo el tiempo que quiso, mientras era acosado a telefonazos preguntando si había logrado convencer “al hombre”.

    “Yo tenía que estarle diciendo a Mario de Franco, a Julio Vega, a todos, que calmaran la situación en la Asamblea, que el hombre iba a llegar. Pero cada vez que yo hablaba, más lento se me ponía. Las peinadas eran eternas, las bañadas eran eternas”, añade Solórzano en su narración.

    EUFORIA ETÍLICA

    En la grabación, Solórzano comenta que a eso de las nueve y media de la mañana, con más inconsciencia que conciencia, logró que Matamoros finalmente ingresara al hemiciclo parlamentario. Según el funcionario, el diputado todavía iba mareadísimo y en un arranque de euforia, levantó los brazos, mientras los diputados que iban a pasarle la cuenta a Alemán, lo aplaudían entusiasmadamente.

    Finalmente, luego de una noche de vaivenes con botellas de whisky, esposos molestos, mujer desnuda y saco prestado, la histórica sesión parlamentaria dio inicio.

    El resto es ya conocido. Alemán fue desaforado, enjuiciado y condenado a 20 años de cárcel por actos de corrupción.

    El voto 47 fue considerado un héroe político. Bolaños se sintió orgulloso de haber logrado su objetivo sin tener que “cañonear” a ningún diputado, aunque después le hizo el “favorcito” a Suárez de conseguirle un trabajo a su esposa en el Ministerio de Transporte e Infraestructura.

    Aparte de eso, conseguir el voto 47 sólo había costado unos cuartos de hotel, unas botellas de whisky y un saco. Por cierto, dice Solórzano en la grabación, que no le devolvieron su saco.

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