- Lanzador de la selección nacional de 1950, Nicolás Bolaños participó en las dos primeras ligas profesionales (1956 y 1957) con el San Fernando. Aquí se resume su trayectoria en nuestro béisbol y también la de Róger “El Nene” Bolaños, otro masaya mundialista y jugador, con más persistencia, en la profesional
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Secretario/AGHN
Alejandro, el mayor, fue médico internista y a partir de 1973, historiador, especializado en la guerra nacional antifilibustera; Nicolás, farmacéutico y técnico laboratorista; Enrique, ingeniero civil, productor algodonero, líder empresarial, presidente de la república y Domingo, agricultor, ganadero e hípico. Me refiero, es claro, a los cuatro hermanos Bolaños Geyer. Cada uno sobresaliente en sus respectivos ámbitos profesionales y proclives como nicaragüenses genuinos, a disfrutar la emoción beisbolera.
Expulsado dos veces del terreno de juego
Nicolás se entregó por entero a nuestro deporte supremo. Y desde niño. “Mi papá decía que jugar beisbol era vagancia. Nunca hice caso y me iba al campo con el guante escondido dentro de la camisa. Mi equipo favorito era el San Fernando de 1936. De él heredé el amor por Masaya”.
A los diez años jugaba en el campito de beis del barrio de San Miguel con otros masayas: Humberto Caldera, Carlos Porras… A pesar de ser zurdo, era el short stop del equipo local en la liga infantil organizada por el dominicano Fernando Vicioso, manager del “Capitán Delgadillo” y juez.
En un tiro a segunda, tocó al corredor que se había pasado de la base, pero Vicioso cantó safe. Nicolás le reclamó entre dientes y fue expulsado del juego. “Usted debe acatar mis decisiones” —dictaminó Vicioso al infante, antes del inicio de otro partido, en su abierto “dog out” del mismo campo, bajo la sombra de unos árboles de mango.
Cuando tenía 24 años e integraba la selección nacional durante la Undécima Serie, Nicolás fue reconocido por Vicioso, delegado de República Dominicana. “Tú eres el zurdito”, le dijo en la ceremonia inaugural.
De 30, jugando en la segunda profesional con el San Fernando, Bolaños fue expulsado por el juez de home Manuel Tejada (el gran “Tejadita”), en un juego con el Cinco Estrellas ¿su causa? La protesta por un strike que había sorprendido al pelotero fernandino. 300 córdobas fue la multa, impuesta por el Presidente de la Liga José Antonio Cabrera. Una cantidad nada desdeñable entonces.
Significativamente, en el “Torneo 100 años de beisbol nicaragüense”, coincidieron los tres: Vicioso (octogenario); Tejada y Bolaños (ambos de 65), quien les solicitó posar para una fotografía juntos. Yo fui testigo de esa iniciativa. Carlos J. García me había invitado para recibir la placa de mi tío abuelo David Arellano Sequeira —lanzador victorioso del conmemorativo primer juego en Managua— y juramentar a los participantes.
En esa ocasión saludé a Nicolás Bolaños. Después lo vi en el despacho jurídico del doctor Julio Ycaza Tigerino y hasta ahora, en su residencia familiar “Alejandría” —kilómetro 36 y medio de la Carretera Panamericana—, puedo escucharle hablar sobre su trayectoria en nuestro béisbol.
SU DEBUT COMO PÍTCHER EN LA SERIE MUNDIAL
Bolaños cumplió 80 años el pasado 11 de diciembre. Ha perdido algo de vista, pero me identifica a sus compañeros de la selección nacional de 1950 y, especialmente, a la esplendorosa novia: Luvy Navas. Es (con su primo hermano “Chuyo” Velásquez Geyer y Róger Bolaños) uno de los tres peloteros vivos —naturales de Masaya— que jugaron en la Undécima Serie, celebrada en el Estadio Nacional bajo la organización de la Federación Internacional de Béisbol Amateur (FIBA).
Nicaragua quedó en el quinto lugar con siete juegos ganados y cuatro perdidos, borrando en parte la desastrosa experiencia en la Décima Serie . El manager era el “tampeño” Andrés R. Espolita y el coach “Chuyo” Velásquez. Nicolás entró a relevar ante Colombia en el noveno inning con el juego empatado. “Iba pálido, sin sangre en la cara” —cuenta—. “Anime a su primo” —oyó a Espolita que le decía a “Chuyo”. La situación era crítica: dos embasados y dos outs. Pero Nicolás, sereno y crecido, resolvió la entrada ponchando al bateador colombiano. Este fue su debut en el primer juego, ganado en 11 entradas por Nicaragua 9 a 7. Stanley Cayasso decidió el triunfo con un doble. Era el 19 de noviembre de 1950. Bolaños, lanzando 2 innings y un tercio, se llevó el triunfo ante 25 mil espectadores.
Tres de los lanzadores de Nicaragua eran zurdos: Nicolás Bolaños, Manuel Mendoza (Managua, 14 de agosto 1926) y Etzel Brown. Los otros cuatro, derechos: Róger “El Nene” Bolaños (Masaya, 5 de agosto 1932), Gonzalo “El Negro” Poveda (León, 1926) Jorge “Campanita” Hernández y Alejandro “El Toro” Canales (León, 5 de enero 1925). Cinco de las siete victorias se las acreditó “El Toro”. Asistieron doce equipos, cantidad sin precedente. El mayor número convocado era nueve tanto en la Tercera Serie de La Habana (1941) como en la Novena de Cartagena (1947). República Dominicana obtuvo el trofeo.
Frente a los salvadoreños abrió el zurdo Mendoza, siguió Canales y finalizó el “El Nene” Bolaños. Se ganó 6 a 4. Estando en Nicaragua con 7-4 en victorias y derrotas, hizo frente a República Dominicana, perdiendo 11 a 4; lanzaron Canales, “El Nene” y “Campanita” Hernández. Nicolás Bolaños pegó dos hits.
En la ofensiva, Eduardo Green (Bluefields, 23 de agosto, 1923-Managua, 1980) alcanzó el liderato de bateo con promedio de .487 (de 39-19) y el de dobles (7). “Fito” García (Managua, 8 de mayo, 1930) bateó para 0.375. Francisco “El Americano” Fletes (Managua, 5 de agosto, 1920) fue el máximo empujador de carreras de la selección (10). Nicolás pegó dos hits contra República Dominicana. En otro partido, esta vez con Venezuela, resolvió otra situación peligrosa “dejando en guante” —como se decía— a Dixon Bello. Había sido el pítcher abridor. Al final, los nicas perdieron 11 a 10.
Nicolás conserva fotografías de la selección. En una se le ve practicando en posición de bateo. Le acompañan Carlos “Cachiro” Quiroz (Managua, 11 de agosto, 1922) Adolfo “Fito” García, Eduardo Green, Stanley Cayasso, Róger “La Panzona” Velásquez (Managua, 31 de julio, 1929), Jorge “Campanita” Hernández y Bert Bradford (Puerto Cabezas, 12 de octubre, 1923). La imagen fue tomada en los predios de un centro educativo de Managua. En otra, ya en el Estadio Nacional, figura como jardinero con Bradford, Green y García.
La victoria más memorable fue la propinada a Puerto Rico. Se perdía 7 a 4. Al cierre de la novena entrada, Cayasso se ponchó. La “Panzona” Velásquez abrió la brecha con un sencillo. Jorge “Conejo” Hernández, con otro, colocó a “La Panzona” en tercera base. Eduardo “Gallito” López (Managua, 23 de mayo, 1923) disparando uno más, llevó al home la carrera número cinco. Bradford, con un doble, impulsó las dos siguientes, empatando. El “Americano” Fletes conectó un batazo saltarín que el antesalista puertorriqueño no pudo controlar. Bradford se posesionó de la almohadilla y Fletes llegó safe a primera. Con el tiro, Bradford aprovechó para anotar la carrera del gane. La euforia inundó el Estadio.
Otros de los jugadores de Nicaragua fueron Mike Omier (Bluefields, 8 de diciembre, 1916) y el veterano Julio “Canana” Sandoval. Se escogió de mascota a Carlitos Lang.
DE MASAYA A MASAYA, PASANDO POR SAN LUIS
En un ameno artículo, Mario Cajina Vega evocó haber ponchado a Nicolás en un juego de colegio; el juez (un espontáneo de la barra) era zurdo y cantaba los strikes con esa mano. Y en el reverso de una fotografía del mismo Nicolás, correspondiente a un álbum de la profesional de 1957, se lee: “Comenzó jugando en el Colegio Centroamérica (en cuya promoción de bachilleres del 44 fue reconocido como el “Atleta número uno” por jugar beisbol y futbol) y luego en los Estados Unidos, más exactamente en San Louis, Missouri. Allí, en una ocasión, estrikeó a 19 bateadores y lanzó un juego no hit-no rum”. Como relevista del Kitres, ponchó a ocho bateadores, uno tras otro.
Desde luego, esa experiencia de cinco años —de 1944 a 1949— resultó determinante para su futuro. Pero no trascendió mucho. El estudiante nicaragüense —según Bayardo Cuadra— fue contactado por un scout de grandes ligas para hacerle una prueba. Sin embargo, Nicolás no me dijo nada al respecto, acaso por modestia; más bien, confirmó su entrega al San Fernando. Gratísimos son sus recuerdos.
Uno de ellos, el de Agustín Castro —jardinero central— permitiéndole fildear algunas pelotas en las prácticas. Otro: cuando anotó una carrera en el Estadio del Hospital jugando contra el Granada. Una fotografía lo presenta llegando a home, mientras el catcher Ramón “Lotario” Rodríguez —el alto y voluminoso cubano de color— dirige su mirada al jardín izquierdo.
—”¿Y el juego del Boricuas que usted ganó?”— “Yo fui prestado al San Fernando para reforzar al Boricuas”. Etzel Brown, de Bluefields, fue el lanzador contrincante. Ganamos 3 a 2 ó 2 a 1. No me acuerdo. El Boricuas lo patrocinaba un funcionario puertorriqueño del Banco de Reconstrucción y Fomento, radicado en Nicaragua: Lucas Vincent. Y fue a mediados de 1950, gracias a Nicolás, campeón nacional.
SU ACTUACIÓN EN LAS PROFESIONALES DEL 56 Y 57
Nicolás tenía 29 años al jugar con el San Fernando en la primera profesional de 1956. Actuó como lanzador y jardinero. Su promedio ofensivo fue de .295 (de 241-71) en 72 juegos, anotó 47 carreras e impulsó 11. Como se sabe, esa primera liga se truncó con el atentado al mandatario general Anastasio Somoza García. Al día siguiente, “Chaflán” —concierto de su finca— golpeaba muy de mañana su casa en Masaya para decirle que la leche y la camioneta habían sido requisadas por la Guardia Nacional. Nicolás fue a investigar al Comando. En el trayecto, su tía María Haydeé Geyer Abaunza, le informó del atentado de Somoza García en León. El Comando estaba lleno de presos. Pero él reclamó y la autoridad militar ordenó la devolución de su leche y su camioneta. Él era beisbolero, no político.
Entre sus compañeros de equipo no olvida al pitcher cubano Frank López. “Abandonó Cuba en 1960. Hizo plata en Miami instalando sistemas eléctricos en casas privadas. Una vez preguntó por mí. Llegó a saludarme con un gran puro”. Tampoco olvida un doble juego en Chichigalpa —el primero de siete innings— con un calor de padre y señor mío. Al concluir la jornada, no podía caminar. Estaba agotado y le dolían los raspones en las rodillas. Sus medias quedaron adheridas a las plantas de los pies. El San Fernando, con sus fanáticos, había viajado el sábado anterior en autocarril.
En la Profesional del 57, su averaje fue .236 (de 89-21); bateó un jonrón. “Bolaños era veloz. Tenía un gran brazo y un ojo excelente tanto para batear como para faldear” —recordó Tito Rondón en La Prensa del 4 de julio de 2001. Pero no jugó toda la temporada. Sumando sus turnos al bate y hits en las dos, dan respectivamente 330 y 92 para un promedio de .279
SUS HIJOS: CON EL BEISBOL EN LOS GENES
Sus hijos Nicky, Carlos, Eduardo y Jimmy siguieron sus pasos, llegando a jugar en primera división. Los dos primeros debutaron en la primera liga amateur montada por Carlos J. García en 1970 con el San Fernando. Eduardo debutó en 1971 y Jimmy, cursando aún el quinto año de secundaria, en 1972; ambos también con el San Fernando. Luego los cuatro se incorporaron al equipo de la UCA después del terremoto.
El 1 de marzo de 1981 Jimmy abandonó el terreno de juego para siempre a causa de un balazo, caído del cielo, que le perforó la visera de su gorra. Eduardo se apareció durante la entrevista. Tenía ocho años cuando me vio jugar en el colegio por primera vez. Acababa de ver en televisión un juego de las Grandes Ligas. Como sus hermanos, lleva el beisbol en sus genes.
MANAGER DE LA SELECCIÓN DE 1970
La dirigencia de la FENIBA nombró en 1970 a Nicolás Bolaños, quien había logrado conducir al San Fernando a la disputa del banderín nacional, manager de la selección. Al llegar a Cartagena, un cronista entrevistó a Nicolás. “Yo soy el que pierde los juegos porque vengo como manager” —declaró—.
Y así fue. Casi todos los cronistas locales, buscando un “chivo expiatorio”, lo culparon de la mayoría de las derrotas. Bolaños tuvo que defenderse escribiendo y publicando un folleto: único caso en la historia de nuestro beisbol.
“Se ganaron 4 juegos y se perdieron 7. Se bateó para .227 colectivamente, muy bajo; los tres peloteros que actuaron como cuarto bate fallaron a la hora buena. Encontraron a 38 corredores y solamente pudieron impulsar una carrera con hits y dos por batazos de escogencia. Los lanzadores tuvieron una efectividad de 3.36. Sergio Lacayo ganó dos juegos, Audrey Taylor y Julio Juárez 1, Cuba fue campeón con 10-1” (Genet, 10 de diciembre, 2000).
Por su lado, Edgard Tijerino —en relación a los otros países de la cuenca del Caribe— observó que nuestro beisbol estaba caduco: “Nuestra organización actual es excelente, pero hay otros problemas inmediatos sin solución. Alimentación, disciplina y hasta nuestro tradicional coraje. Todos conocemos a Nicolás Bolaños y su gran personalidad, su don de gente para influir en el grupo humano, su dignidad y respeto por el jugador”. (Tijerino, diciembre, 1970, enero, 1971).
“¿USTED ES EL QUE JUGABA BEISBOL?”
Para terminar, pregunté a don Nicolás Bolaños cuál era la anécdota más grata de su vida beisbolera. Y me contestó: — “En los años 80 un policía me detuvo en Las Esquinas. Pidió los papeles de mi vehículo y una vez revisados, me dejó ir. Pero de inmediato advertí en el espejo retrovisor que regresaba, preguntándome: ¿Usted es el que jugaba béisbol? —Sí, le confirmé. —Yo fui fanático suyo— añadió”.
CON “EL NENE” BOLAÑOS
Al arribar a La Habana, durante el viaje a Buenos Aires en 1951 para asistir a los Primeros Juegos Panamericanos, la Selección Nacional se hospedó en el Hotel Saratoga. Al día siguiente, fue invitada al estadio La Tropical donde Stanley Cayasso —al ser reconocido— recibió una impresionante ovación. No en vano había brillado allí en las series mundiales de 1939 y 1940. Quien evoca este recuerdo, orgulloso de haber sido testigo, Róger Bolaños, nacido en Masaya el 5 de agosto de 1932.
Tenía 19 años cuando fue seleccionado para el evento de Argentina con otros lanzadores: Alejandro “El Toro” Canales, Gonzalo “El Negro” Poveda, Alfredo Medina (“Medinita”), Félix “Zancudo” Bustos, Guillermo “Sarita” Flores, Emilio Mendoza, de Ticuantepe. Nicaragua quedó en tercer lugar empatada con Venezuela y le ganó a Estados Unidos. “El Nene” (ya había sido bautizado con este cariñoso apodo por Sucre Frech) recuerda haber dado la mano al Presidente de la República Argentina Juan Domingo Perón.
También recuerda sus primeros pasos como lanzador en “Huracán”, un equipo de las ligas juveniles de Masaya y a su compañero Bayardo Reyes, pítcher y bateador derecho como él, de Nindirí. “Ya le dieron su nombre al estadio (de ese pueblo) —refiere Bolaños—. Él deseaba mi control. Yo, su velocidad, superior a las 90 millas”. Otros integrantes del “Huracán” eran los hermanos Taleno y los “Mayuyos” —también hermanos— Miranda. Corría el año 1948. Después de estudiar con los salesianos, Bolaños era alumno del Instituto.
CON EL BEISBOL EN LA SANGRE
El beisbol lo llevaba en la sangre. Su padre, Félix Ignacio, había jugado en el Waterloo de los años 10 y su hermano “Nachín” (Ignacio Félix) se destacó como manager y jugador del San Fernando. Al “Nene” también le decían “El Benjamín” en 1949. Pero evoca sus hazañas de ese año. Apenas se afirma que en San Salvador (jugaba con otro nica, “Marañón” Blandón en el Municipal) superó el récord de nueve ponches consecutivos y añade: “En la Undécima Serie Mundial (Managua, 1950) lució muy bién”. Al concluir esta jornada, conducida por el manager de la selección Andrés Espolita, los jugadores se enfilaron para saludar al presidente general Anastasio Somoza García.
Bolaños no olvida cuando Espolita lo designó para relevar sin ningún out, 3 embasados y 3 bolas frente a Puerto Rico. “ “Ponga strikes”, le ordenó. Bolaños le tomaría la palabra fulminando a los tres amenazantes bateadores. Había relevado, igualmente, en los juegos con Venezuela, El Salvador y República Dominicana. En el primero se perdió 11 a 10, el segundo fue ganado 6 a 4 y el tercero el score fue desfavorable de nuevo a Nicaragua: 11 a 4.
LLORÓ A MOCO TENDIDO EN MÉXICO
En los Cuartos Juegos Centroamericanos y del Caribe (México, 1954) se enfrentó dos veces al equipo anfitrión, una a Venezuela, otra a República Dominicana. Abriendo en el primer juego con México, lanzó cinco entradas pero se perdió 9 a 5; en el segundo, trabajó con maestría hasta el noveno inning. Faltaba un out para ganar 3 a 1, pero al short stop Chabelo Meza se le cayó un fly y el siguiente bateador le conectó jonrón. Al fin, tras haber empatado, los mexicanos se impusieron 4 a 3. Bolaños lloró a moco tendido. En “Panchito y la Rana”, la caricatura diaria de “Chilo” de La Noticia, fue registrada esta incidencia.
Luego, ante los venezolanos, relevó a Edmundo Roberts en el séptimo inning y frente a los dominicanos desde el segundo. Ambos partidos se perdieron: 10 a 7 y 7 a 6. Debido a su actuación, fue entrevistado por el Mago Septiem en la emisora XEW y recibió oferta para jugar con los “Diablos Rojos”. Había acudido a la cita radial con Stanley Cayasso y José “Cheo” Ramos, manager de la escuadra nica.
En la primera Profesional del 56, con el San Fernando naturalmente, fue reconocido como lo que era: un lanzador de recursos: cambios, curvas e ingenio- en tareas de relevo. En 143 y dos tercios de innings, a lo largo de 30 juegos, obtuvo el mejor promedio de efectividad entre los lanzadores de su club: 2.48. Ganó 70 y perdió 5. En la profesional del 57 vistió otra vez el uniforme del San Fernando. Otros tres masayas —Alberto “Guaracha” Castellón, Nicolás Bolaños y Ramiro Noguera— le acompañaron.
En la tercera Liga Profesional, Róger “El Nene” Bolaños fue contratado por el Cinco Estrellas (el San Fernando ya no existía). En el álbum de figuras correspondientes a esa liga, el pie de su foto dice: “A pesar de su cuerpo delgado (pesaba 135 libras) es un lanzador que cuando despliega sus recursos se convierte en algo inexplicable desde el montículo”. Ganaba 2,400 córdobas que entregaba a su madre: Cándida Carrión. Y medía 5 pies 11 pulgadas de alto.
Pete Pavlick, del circuito Doble A de las ligas menores de los Estados Unidos, era el manager. Entonces “El Nene” firmó dos contratos con los Senadores de Washington, representado uno por Agapito Mayor, manager del San Fernando y el otro por Joe Cambria; al fin, no decidió aventurarse en los Estados Unidos. “Hubieras sido un relevista de 2 ó 3 innings en las Grandes Ligas” —le dijo Ponciano Lombillo.
Retirado del beis a los 29 años, optó por dedicarse a labores agrícolas. Casado con Juanita Jarquín Alvarado, tiene tres hijos: Róger José, Allan Martín, y Johann. Es un católico ferviente. Cuando terminó de dar su testimonio, pasó a oír misa en la parroquia de la Asunción.
Masaya, Calle de San Jerónimo, 26 de mayo, 2007.