Las ruinas de León Viejo, primera capital de Nicaragua y asiento de las autoridades españolas de la primitiva Gobernación de Nicaragua, constituyen una de las más preciadas joyas de nuestro patrimonio histórico y la placenta de nuestra nacionalidad. Hoy día forman parte, por declaración de la UNESCO, del Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.
Abandonada la ciudad por sus escasos y temerosos pobladores en enero de 1610, tras el gran terremoto que tuvo lugar el día once de dicho mes y que destruyó casi totalmente sus modestas casas, iglesias y edificios públicos, sus ruinas permanecieron sepultadas por una capa de ceniza volcánica y lodo de aluviones por cerca de tres siglos. Pese a su corta existencia (ochenta y seis años), la trágica ciudad, cuya historia se inicia con el degollamiento de su fundador, Francisco Hernández de Córdoba, por órdenes del primer gobernador español de la Provincia, Pedro Arias de Ávila, por contracción Pedrarias, fue escenario de acontecimientos de gran relevancia para la historia de Hispanoamérica. Entre sus primeros moradores figuraron capitanes y personajes que más tarde se hicieron célebres como descubridores, conquistadores, historiadores y fundadores de ciudades en varios puntos del continente.
Al conquistador español capitán Francisco Hernández de Córdoba, enviado a tierras nicaragüenses por el Gobernador de Castilla del Oro (después Panamá) Pedrarias Dávila, le corresponde el mérito de la fundación de las primeras ciudades erigidas en el territorio de lo que hoy se conoce como República de Nicaragua.
En orden de precedencia, Hernández de Córdoba fundó las ciudades de León y Granada, hacia fines de 1524. También fundó, a principios de 1525, la ciudad de Bruselas, al fondo del Golfo de Nicoya, en territorio de la actual República de Costa Rica, despoblada un año después por órdenes del propio Hernández de Córdoba. Asimismo, se le atribuye la fundación de la Villa de Segovia, cerca de la confluencia de los ríos Jícaro y Coco, destruida pocos años después.
Si bien algunos historiadores sitúan la fecha de la fundación de León en el mes de junio de 1524 y, más concretamente, el 15 de ese mes, Día de la Santísima Trinidad, un análisis serio de las fuentes documentales disponibles no permiten, según el historiador costarricense Carlos Meléndez Chaverri, retrotraer la fecha de la fundación de León más allá del mes de noviembre de 1524.
León y Granada, posiblemente, fueron fundadas entre noviembre y diciembre de ese año, siendo la fundación de León anterior, en pocas semanas, a la de Granada. De esta suerte, creemos que León fue la primera ciudad erigida por los españoles en el territorio de la actual Nicaragua y asiento oficial de las principales autoridades de la época. Sin embargo, el doctor Carlos Molina Argüello sostuvo, en una conferencia dictada en el Instituto de Historia de Nicaragua, a principios de 1994, que la primera en ser fundada fue la ciudad de Granada (8 de diciembre de 1524) y luego León, el 18 de diciembre del mismo año, aunque para entonces ya existía en el sitio de León una fortaleza.
La fundación de León Viejo siguió la costumbre española de establecer las ciudades en las proximidades de los poblados indígenas, con el evidente propósito de aprovechar su mano de obra. Así, León fue fundada en la provincia de Imabite (que Gonzalo Fernández de Oviedo llama de Nagrando o Nagarando), a orillas del lago Xolotlán (hoy de Managua), a poco más de una legua del volcán Momotombo.
Cuando la ciudad de León fue fundada, el volcán Momotombo no tenía su forma cónica actual. Su aspecto era más bien terrífico, pues entonces, según lo vio y dibujó Oviedo, tenía cinco bocas y desde la ciudad podía contemplarse la lava ardiendo que por la noche semejaba una inmensa fogata.
El primer acontecimiento histórico que tuvo lugar en la recién establecida ciudad fue el ajusticiamiento de su fundador, Hernández de Córdoba, quien llegó a Nicaragua como lugarteniente de Pedrarias Dávila. Mal aconsejado, Hernández de Córdoba decidió solicitar al Rey su nombramiento como Gobernador de Nicaragua, hecho que disgustó profundamente a Pedrarias quien, a pesar de su edad y padecimientos, emprendió viaje de Panamá a Nicaragua para castigar al rebelde. Capturado y hecho prisionero en Granada, aun antes de la llegada de Pedrarias, Hernández de Córdoba fue sometido a juicio sumario, iniciándose el expediente en Granada y concluyéndose en León, donde en julio de 1526 fue condenado a ser degollado en la plaza principal de la ciudad que él fundara dos años antes.
Muerto Hernández de Córdoba, Pedrarias asumió el control de Nicaragua por varios meses, hasta que se vio precisado a regresar a Panamá para hacer frente a un juicio de Residencia. Por sus influencias en la corte de los Reyes Católicos, Pedrarias fue nombrado primer gobernador de Nicaragua. Cuando llegó a León era un anciano mayor de ochenta años pero lleno aún de energía y pasiones, pese a sus dolencias y quebrantos de salud. Pedrarias, célebre por sus crueldades con los indios, trajo de Panamá ganado vacuno, bovino, porcino y mular, así como otros animales domésticos, granos e implementos agrícolas. Pedrarias se esforzó por precisar los límites de su gobernación, continuó las expediciones al Desaguadero y con él se inicia para Nicaragua el período propiamente colonial. La ciudad de León dejó de ser una simple colección de miserables barracas y las primeras construcciones, al modo de España, comenzaron a levantarse.
Otro hecho histórico que repercutió en todo el mundo hispánico y que tuvo lugar en León Viejo, fue el asesinato de su tercer Obispo, el fraile dominico español Fray Antonio de Valdivieso por Hernando de Contreras, hijo del segundo gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras y nieto de Pedrarias. No sólo la ciudad fue testigo de este crimen sacrílego sino que el mismo se dio en el contexto de la confrontación provocada entre la Corona española y los descendientes de los conquistadores, con motivo de la promulgación de las llamadas Leyes Nuevas, dictadas en Barcelona por el Emperador (1542), en respuesta a las incansables gestiones de Fray Bartolomé de las Casas. El Obispo Valdivieso fue el primer mártir de la Iglesia muerto por defender los derechos humanos de los indios americanos.
Pronto se produjo el choque entre el obispo Valdivieso y la familia del gobernador Contreras. Las prédicas de Valdivieso contra los abusos de los encomenderos subieron de tono, al extremo que un domingo, la esposa del Gobernador, María de Peñalosa, se vio obligada a retirarse de la catedral, mientras sus hijos proferían públicamente claras amenazas contra el obispo. El obispo Valdivieso era persona de carácter enérgico. En su celo obsesivo, en defensa de los naturales, no reparaba en hacer uso de sus armas teológicas, como lo era decretar excomuniones contra quienes contradecían sus disposiciones. Pero sus acciones estaban inspiradas en la defensa de los indígenas en contra de tantos abusos y en el cuestionamiento al sistema imperante.
La conspiración de los Contreras perseguía el propósito de desconocer la autoridad del Rey y proclamar a Hernando Príncipe del Cuzco o Príncipe del Nuevo Mundo, abolir las Nuevas Leyes y restablecer el orden social y económico instituido por los conquistadores, basado en la esclavitud de los indios encomendados. Lejos, pues, estaba de ser este un movimiento precursor de la Independencia de las tierras americanas, pues la preocupación fundamental no era la libertad de estos pueblos sino el mantenimiento de los privilegios de un reducido sector, que había trasplantado al Nuevo Mundo lo peor del régimen feudal europeo, que ya para entonces declinaba.
A raíz del asesinato del obispo Valdivieso, los habitantes de León Viejo se convencieron de que la ciudad estaba maldita y pronto recibiría un castigo por el sacrílego crimen. Las frecuentes erupciones del vecino volcán Momotombo, los temblores y terremotos que provocaba (1594-1610) y otras calamidades (clima excesivamente caluroso, insalubridad, malas aguas), ayudaron a alimentar ese convencimiento.
Convocado un cabildo abierto, los vecinos decidieron, sin esperar la autorización real, trasladar la ciudad a la mayor brevedad. De ahí que después del último terremoto, al contemplar sus habitantes la ciudad casi totalmente destruida, decidieron abandonarla, encabezados por el Alférez Mayor, Pedro de Munguía Mendiola, el síndico del Ayuntamiento, Agustín Díaz Larios y el cura de la Catedral, Esteban Rodríguez. No se detuvieron hasta llegar, el 16 de enero de 1610, a un llano aledaño al pueblo indígena de Sutiava, donde procedieron a fundar la actual ciudad de León.
Quienes han investigado las capas de la tierra en las excavaciones de León Viejo sostienen que todo hace suponer que años después del terremoto de 1610, el Momotombo desató sobre las ruinas de la ciudad una tremenda lluvia de arena y lava que como un inmenso manto cubrió casi todo, plegándose a la forma en la que habían quedado las ruinas y escombros, sirviéndoles como sello protector. Arropada en este sudario, la ciudad inició un sueño de más de tres siglos. Las ruinas ilustres, dadas por perdidas o imaginadas bajo las aguas del Lago de Managua, no volvieron a ver la luz del día hasta que un grupo de profesores de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), encabezados por quien estas líneas escribe, las relocalizó el 26 de abril de 1967, casualmente el año en que Nicaragua celebraba el Centenario del nacimiento de su máxima gloria nacional, Rubén Darío.
Pese a su corta existencia, en León Viejo residieron varios de los personajes que ocupan lugar destacado en la historia de los primeros años del dominio español en América.
El célebre impugnador de la conquista y defensor de los indios, el dominico Fray Bartolomé de las Casas, visitó León en 1530, de paso para el Perú y luego en su viaje de regreso, en 1533. Fue entonces que fundó en León Viejo el convento de San Pablo, a instancia del primer obispo de León, monseñor Diego Álvarez de Osorio (1532-1539).
Sebastián de Benalcázar (Sebastián Moiano), uno de los primeros vecinos de León, adonde llegó acompañando a Hernández de Córdoba, fue el primer Alcalde Mayor del Cabildo de León, organizado días después de su fundación. Tuvo casa en León y mujer indígena, con quien procreó varios hijos mestizos, que años después hizo trasladar a su Gobernación de Popayán. Benalcázar, a las órdenes de Pizarro, participó en la conquista de Quito (1534) y fundó las ciudades de Popayán (1536) y Cali (1536), en tierras de la actual Colombia.
Hernando de Soto y Hernán Ponce de León fueron dueños de una amplia casa en León, no muy lejos de la iglesia de La Merced, calle de por medio, cuyas ruinas han sido puestas al descubierto. Hernando de Soto participó también con Pizarro en la conquista del Perú. Ya rico pasó a España donde se casó con la hija menor de Pedrarias Dávila, Isabel de Bobadilla. Luego fue gobernador de Cuba, de donde salió en 1539 a la conquista de la Florida, de la cual fue su primer Gobernador. Es el descubridor del río Mississipí, en territorio de los actuales Estados Unidos. Es el río más largo del mundo. Hernán Ponce de León también acompañó a Pizarro en la conquista del Perú y disfrutó, junto con su compañero Hernando de Soto, del reparto del tesoro del Inca Atahualpa en Cajamarca.
Otro personaje que residió en León Viejo, durante más de un año (1528-1529), fue el gran cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, quien fue testigo de muchos de los hechos que narra en la parte dedicada a Nicaragua de su monumental crónica Historia General y Natural de las Indias.