- Referencia del periodismo y de periodistas, Ryszard Kapuscinski muere a los 74 años cuando aún tiene fresco su último libro, Viajes con Heródoto. Este destacado escritor y reportero polaco dedicó toda su vida a la descripción periodística de lo que veía durante sus múltiples viajes por los cinco continentes
Kapuscinski está considerado como uno de los grandes maestros del reportaje. Su muerte el pasado 23 de enero ha sorprendido al mundo del periodismo. Nacido en la localidad de Pinsk, hoy perteneciente a Bielorrusia, trabajó como corresponsal de la Agencia de Prensa Polaca en numerosos países de África, Asia y América Latina, entre 1962 y 1972.
Estas experiencias le sirvieron para escribir libros de gran valor, como Cristo con la Carabina al Hombro, sobre las rebeliones latinoamericanas y La Guerra del Futbol, sobre la contienda que libraron Honduras y El Salvador, El Emperador, sobre el soberano de Etiopía Haile Selasie o El Sha, sobre el emperador Reza Pahlevi y la revolución de Irán.
Fue también un viajero incansable por los rincones más remotos de Rusia, cuya realidad narró en su libro, El Imperio, en el que relató cómo se derrumbó la Unión Soviética y cómo vivían sus habitantes, con temor y esperanza.
Ébano, una selección de reportajes sobre África, es considerado por muchos como su mejor libro, y Viajes con Heródoto fue su última obra, aparecida en castellano en el 2006.
Toda su creación, pero también sus ideas sobre la profesión de periodista, que consideraba una misión y una vocación, pero no una fuente de dinero, le mereció muchos premios, entre ellos, el premio del Pen Club polaco en 1989 y el Premio Príncipe de Asturias de las Comunicaciones y las Humanidades en el 2003.
Kapuscinski, que en los últimos meses vio mermada su salud hasta el punto de tener dificultades para andar y moverse, no dejó en ningún momento la máquina de escribir.
En su último viaje a España, el pasado mes de septiembre a Barcelona, apuntaba en una entrevista con EFE, que en el momento actual, como apuntan algunos autores, no estamos ante una guerra de religiones sino económica.
Con motivo de la presentación de su último libro, Kapuscinski explicaba que tras viajar por todo el mundo, en ese momento le interesaba especialmente todo lo que tenga que ver con la antropología natural.
Más que seguir la política mundial reconocía lo que hago es ver cómo cambian las sociedades en este mundo multicultural y qué relaciones tienen las diferentes culturas entre sí.
En aquella entrevista, el escritor polaco declaraba que a pesar de haber visitado muchos países de África, Asia, América y Europa, cree que el viaje dificulta la escritura, que demanda tranquilidad y mucha concentración.
Sin embargo, para el reportero polaco el viaje es una fuente, aunque simultáneamente sea un impedimento. Resolviendo esta contradicción se pasa la vida el reportero.
A preguntas de los periodistas, Kapuscinski reflexionaba sobre las realidades virtuales y aventuraba que estamos en un momento de la historia en la que la gente cree más en la verdad de la pantalla del televisor que en la realidad.
El problema que tenemos es que la gente cree lo que ve por la pantalla, lo que facilita la manipulación de las conciencias, por la fuerza que tiene la imagen. Y no sabemos adónde nos llevará esto porque es un fenómeno muy nuevo. La verdad es que creo que será muy difícil vivir en el siglo XXI, apostillaba.
Sobre el periodismo, que ha ejercido durante más de cuarenta años, opinaba que en algunos países del mundo todavía hoy desarrolla un papel muy importante, como fuerza que se opone a una dictadura, pero en otros, no.
Narrador de la condición humana
El tema de mayor interés para Ryszard Kapuscinski era América Latina y África, convulsionados por revoluciones violentas. Como corresponsal viajero para la agencia de noticias del estado polaco durante más de 20 años, cuatro de los cuales pasó en México, probablemente presenció más alborotos que cualquiera de sus colegas.
Pero Kapuscinski, quien murió a la edad de 74 años, hizo mucho más que correr los mayores riesgos con tal de penetrar en el corazón de los sucesos, adentrándose en los conflictos cuando sus colegas se marchaban en los últimos vuelos disponibles.
A principios de la década de l960, cuando África se estaba liberando del colonialismo, se sintió frustrado con las limitaciones del periodismo diario y comenzó a escribir libros, convirtiéndose en un narrador poético de la condición humana.
Junto con otros escritores como Truman Capote, Norman Mailer y Gabriel García Márquez, se le considera el creador de un nuevo periodismo: la literatura de reportaje.
García Márquez alguna vez llamó a Kapuscinski, el verdadero maestro del periodismo.
Con economía de medios y bellas metáforas, sabía captar la esencia de una nación, un rasgo humano universal, la génesis de una revolución.
El punto de arranque es la observación, los viajes, aquello que veo, aquello que encuentro, gente, lo que yo mismo experimento, me dijo Kapuscinski durante una entrevista en 1994. Pero todo eso es ser capaz de impartir verdades universales, guiar a una más amplia reflexión, de una reflexión histórica.
Desde África es una afectuosa semblanza del continente, realizada en bocetos individuales, ya que hubiera sido temerario intentar abarcar el continente como un todo, me dijo Kapuscinski.
Léase Imperio para un retrato comprensivo del homo sovieticus, ese paradigma de humanidad sometido por un Estado sin corazón.
O maravíllese, leyendo Otro Día con Vida, ante su intrepidez y disposición para someterse a la depredación en la guerra civil de Angola.
Este hombre, quien presenció 30 golpes de Estado y revoluciones y contó al Che Guevara, a Salvador Allende y a Patrice Lumumba entre sus amigos, también fue un apasionado luchador por el papel del periodismo en el discurso humano y dedicó gran parte de los últimos años de su vida a formar a jóvenes reporteros.
De hecho, Kapuscinski impartió lecciones a numerosos periodistas en la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada por García Márquez.
Mejor que cualquiera que yo haya conocido, podía explicar el valor de la profesión a la cual he dedicado mi vida.
Cuando los comunistas me obligaron a abandonar Polonia a principios de 1983 yo había estado trabajando para The Associated Press con visa de estudiante, él me despidió en el aeropuerto.
Reflexionó sobre la era virtual
Después de una intensa vida dedicada al periodismo que lo llevó a viajar a muchos países, el veterano periodista expresó su interés por todo lo que tenga que ver con la antropología natural.
Kapuscinski fue rotundo al afirmar que no le gustarÍa entrevistar a Osama Bin Laden y recordó que una vez le ofrecieron mantener un contacto con Henry Kissinger cuando era secretario de Estado de Estados Unidos y que lo rechazó.
El escritor reflexionó sobre las realidades virtuales y aventuró que estamos en un momento de la Historia en el que la gente cree más en la verdad de la pantalla del televisor que en la realidad, lo que facilita la manipulación de las conciencias, por la fuerza que tiene la imagen.
Y no sabemos adónde nos llevará esto, porque es un fenómeno muy nuevo. La verdad es que creo que será muy difÍcil vivir en el siglo XXI, aseveró el autor polaco.
Ryszard Kapuscinski consideraba al padre de la Historia, Heródoto, como el primer globalista que, en su opinión, supo entender que el mundo no está poblado por una sola nación o cultura y que rompió una lanza en el mundo helénico al tratar de comprender al otro.
Según rememoraba el reportero, en el siglo V a.C., la época de Heródoto, se consideraba bárbaro y subhumano a todo aquel que no hablaba griego y, en ese contexto, el historiador viajó a otras tierras, otros pueblos, para conocer otras culturas.
Para el periodista polaco, el mensaje de Heródoto es muy contemporáneo y tiene su constatación en el momento que vivimos hoy en todo el mundo.
Después de quinientos años de monopolio europeo, en la actualidad, diferentes naciones y culturas quieren ocupar también la mesa del mundo. El resto del mundo nos está avisando de que ellos también tienen proyectos, planes, ambiciones, afirmó.
Al hilo de las constantes oleadas de inmigrantes que llegan a las costas españolas como puerta de entrada a la rica Europa, Kapuscinski reflexionaba sobre este fenómeno como una segunda fase del proceso de descolonización emprendido a partir de la segunda mitad del siglo XX.
Al principio, los países del Tercer Mundo buscaban la confrontación y un ejemplo de esta estrategia fue la creación del Movimiento de los Países No Alineados.
Sin embargo, y ante la falta de resultados, el siguiente paso ha sido lo que Kapuscinski denominó la penetración para buscar una mejor y más justa distribución de los recursos.