(LA PRENSA/Cortesía)

Testimonio de la lucha cultural

Un breve fragmento del testimonio que revela los momentos más intensos de la brigada cultural Leonel Rugama en la que participó VidaLuz Meneses Después de Leonel Vanegas, yo era la de mayor edad en el grupo. En esos días cumpliría 39 años de edad. Mi padre había sido militar de la Guardia Nacional (GN), había […]

  • Un breve fragmento del testimonio que revela los momentos más intensos de la brigada cultural Leonel Rugama en la que participó VidaLuz Meneses

Después de Leonel Vanegas, yo era la de mayor edad en el grupo. En esos días cumpliría 39 años de edad.

Mi padre había sido militar de la Guardia Nacional (GN), había prestado sus servicios en el Comando de Ocotal en 1954 y luego fue comandante de El Jícaro, municipio de Nueva Segovia, por lo tanto, para mí tenía un significado especial llegar al lugar donde íbamos a pernoctar. Como dije antes, la casa donde nos alojaron resultó ser una casa confiscada a una familia somocista, recuerdo que a esa casa llegamos de noche.

El sábado 21 de mayo después de desayunar a las 6:30 a.m. nos preparamos para el acto en la Unidad Militar 3000 “Pedro Altamirano”, en Condega, donde nos presentamos a las diez de la mañana. Las condiciones eran muy buenas, había un gran salón, un escenario y la mayoría de los “compas” lograron caber en las bancas, se percibía mucho entusiasmo, el último número del programa era el de Pancasán y terminamos bailando todos.

En esa Unidad entrevisté a Juan Ramón Alemán Torres, le dicen o se hace llamar “Metapa”, es de ciudad Darío. Es combatiente que llega del Estado Mayor de Jalapa.

Se expresa así:

“Cambiar posiciones es difícil, no importa la comida, el frío, el desvelo. Quedarse sin tiros sería lo peor”. De pronto se pone sensual y continúa: “La música penetra por la piel… igual sensación sentís en el cuerpo a la hora del combate”.

Agrega: “Sería bueno que invitaran a participar a los compañeros, hay varios que saben cantar y tocar guitarra”.

Me informa que la mayoría de estas unidades militares la integran reservistas. En la frontera están las tropas permanentes.

Me da un poema que lo escribió después de un combate, al final dice a su interlocutora imaginaria “que teme más perder su cariño que enfrentarse al enemigo”.

Finalmente, cuando le cuento que vamos para Jalapa, me dice: donde estarán ustedes es más abajo. Lo montaña es terrible y a la vez hermosa. Lo ayuda a uno a conocerse mejor a sí mismo. Apreciación que años mas tarde yo encontraría en La Montaña es Algo Más que una Inmensa Estepa Verde, famoso testimonio del Comandante Guerrillero, Omar Cabezas.

Se toma el acuerdo que Luis Martínez, (el jefe), Leonel Vanegas (pintor) y Salvador Baltodano (del grupo Pancasán) se hagan cargo de la entrevista que solicita un sueco, quien la divulgará en el exterior. Atender las relaciones internacionales era vital pues necesitábamos el mayor número de testigos de la guerra de agresión financiada por el gobierno de Ronald Reagan, lo cual negaba cínicamente cuando era evidente el apoyo financiero que suministró su gobierno a las fuerzas contrarrevolucionarias.

Nos hablan de la posibilidad de presentaciones ante las Comités de Defensa Sandinista (organizaciones comunales), de Ocotal y Somoto.

Llegamos a Somoto a las 2:45 p.m.; desde allí enviamos telegramas a nuestras familias y algunas/ os, logramos hablar por teléfono. Ahora que reconstruyo este Diario, me doy cuenta que al menos yo, para tomar la decisión de irme con la brigada, congelé, por decirlo así, mis sentimientos. “No le puse mente”, como me diría un “compa” más adelante, a los riesgos de morir y dejar a mis hijos dentro de una familia desintegrada. Mi hija mayor, de 15 años, estaba en los Estados Unidos, no quiso quedarse en Nicaragua después que me divorcié de su padre. Mi hijo de 14 años quedó en casa de su padre y su nueva esposa. Mi hija de 11 años y el menor de 9, quedaron en mi casa junto con mi tía abuela de 90 años, Adelina Valle, bajo el cuido de Teresa Pérez Morales, excelente y fiel compañera que realizaba las tareas domésticas y su único hijo de 10 años, Eddie. Mi hija Vidaluz, de 11 años, estaba totalmente integrada a la Juventud Sandinista, era muy valiente, siempre ha tenido una personalidad muy definida desde niña y una especial identificación con todo lo que yo hago.

Mi opción por la revolución fue por mi formación cristiana, no sólo se trataba de cambiar el régimen de Anastasio Somoza Debayle sino de construir una sociedad con justicia y equidad; Ernesto Cardenal, Ministro de Cultura, mi jefe y amigo, había dicho en una ocasión: “Comunismo o Reino de Dios en la tierra”; esta frase yo la interpretaba como nuestra particular misión de refundar la iglesia original de la que nos hablan los Hechos de los Apóstoles: “Todos los creyentes vivían unidos y compartían todo cuanto tenían”. La verdad es que en la revolución, creyentes y no creyentes, sentíamos un imperativo ético, nadie se podía negar a colaborar, mucho menos cuando otros asumían la peor parte en defensa de un proyecto justo.

En Somoto realizamos un pequeño acto para la Unidad 3009 integrada por 35 “compás”. Participan teatro y música. Los pintores donan cada uno un afiche, un paisaje. Concluimos a las 5:51 p.m.; a las 6:10 p.m. después de cenar en la Unidad Militar, salimos para Ocotal. A las 7:35 p.m. ya estamos en descanso.

El responsable Político de la Unidad Militar valora la alegría de nuestro grupo y considera que es un buen estímulo, que les levanta la moral.

Nos informa del programa tentativo:

A las 8:00 a.m. saldremos hacia Ococona y luego a Santa María, poblados fronterizos ubicados en unos cerros. El Político nos recomienda más comunicación con la tropa, romper el hielo con los combatientes.

Me doy cuenta que continúa aplazada la gira hacia Jalapa que es nuestro destino, pero no hay explicaciones, ni las pedimos, diario recibimos instrucciones y así las acatamos. Recordé un principio militar que alguna vez le escuché a mi padre: “Las órdenes se cumplen, no se discuten”.

Como medida de seguridad antes de salir a los nuevos sitios nos dicen que van a distribuir 4 armas, una por escuadra. A mí no me ofrecen ninguna ni yo me intereso en que me den una de ellas, nací entre armas, estoy familiarizada con ellas, he recibido entrenamiento en las Milicias, pero la verdad es que desde que tomé la decisión de integrarme a la brigada por Unión de Escritores y asumir la responsabilidad de escribir el Diario con mis colegas, lo van a hacer en sus respectivas misiones, y tomando en cuenta que soy distraída y pacifista, nunca pensé verme en la necesidad de hacer uso de armas, nunca tuve la disposición para hacerlo.

La Prensa Literaria

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí