A Benjamín Anaya
Si tan sólo estuvieras aquí esta noche
como cuando veías en mis ojos
vapores de barco que regresa
en tardes vestidas de azucenas
bebiendo amor de mi pupila
y en mi cintura atravesando mares.
Yo llegaría con alamedas y jardines
una penumbra de oro entre las venas
y los ríos sin alas que nos dejó la muerte.
Las golondrinas preguntarían por el otoño vivo
y por las flores blancas en los ojos
de las mujeres tristes.
La luna se eclipsaría despacio
y la noche bajaría a bebernos la risa
con su violín de arena.