- Casino Royale (2006), de Martin Campbell, devuelve a Jame s Bond la agresividad que había perdido desde que Sean Connery lo abandonó definitivamente en 1983
Con Pierce Brosnan en el rol protagónico, la serie de James Bond parecía avanzar por inercia. Después del debut de Brosnan en Golden Eye (1995), que trataba sobre la mafia rusa surgida tras el colapso de la Unión Soviética, la serie comenzó a abusar cada vez más de los efectos especiales de alta tecnología, descuidando la lógica y el desarrollo de los personajes. Además, Brosnan proyectaba una personalidad demasiado afable para resultar convincente como alguien que se gana la vida matando.
Casino Royale (2006), de Martin Campbell (que también dirigió Golden Eye), devuelve al personaje la agresividad que había perdido desde que Sean Connery lo abandonó definitivamente en 1983. La penetrante mirada del nuevo Bond, Daniel Craig (veterano del teatro clásico inglés, con experiencia en el cine) y su compleja personalidad, lo convierten en el mejor Agente 007 después de Connery. Pero el filme tiene otros méritos.
La película está basada a grandes rasgos en la novela homónima de Ian Fleming (la primera de la serie), la cual fue dramatizada en 1954 para la televisión estadounidense con Barry Nelson y Peter Lorre (como el villano Le Chiffre).
Los derechos de la novela habían pasado al dominio público, por lo que la parodia producida por la Columbia en 1967 (con David Niven como Sir James Bond y Orson Welles como Le Chiffre) no forma parte del llamado canon de la serie, es decir, las 21 películas producidas por la EON Productions, fundada por Albert Cubby Broccoli y Harry Saltzman (dueños de los derechos de las restantes novelas de Fleming).
La nueva versión de Casino Royale (la única oficial; producida por la hija de Cubby, Barbara Broccoli) incorpora como parte del argumento, el auge del terrorismo internacional. Le Chiffre (interpretado por el descolorido Mads Mikkelsen) es ahora un banquero inescrupuloso que financia ataques terroristas y se beneficia manipulando la bolsa en base a su conocimiento de antemano de esos ataques.
Le Chiffre tiene que ganar 100 millones de dólares en una partida de póquer en el Casino Royale de Montenegro, para pagar a sus acreedores después de un ataque fallido. De lo contrario, su vida correría peligro y se vería obligado a pedir protección a los Servicios Secretos Británicos a cambio de proporcionarles toda la información que posee sobre terrorismo. La misión de Bond consiste en ganarle a Le Chiffre.
La nueva relectura de la novela de Fleming es una recreación mitológica del mundo postmoderno y globalizado en que vivimos. La acción se desarrolla en entornos de lujo habitados por multimillonarios, superestrellas del mundo del entretenimiento, miembros de la realeza y hampones de alto vuelo.
Dentro de la aparente inconsciencia social del filme, podemos encontrar un sentido de crítica política: las ideologías parecen haber muerto pero han sido sustituidas por el afán desmedido de lucro. En este nuevo panorama mundial, como lo presenta el filme, el idealismo fanatizado de los terroristas y la política misma son simples peones en un tablero de ajedrez más amplio, en el cual la ficha principal (el Rey) es una plutocracia para-gubernamental, de dimensiones insospechadas.
Pero lo que realmente convierte a Casino Royale en la mejor película de la serie desde la trilogía inicial (Dr. No, Desde Rusia con Amor y Goldfinger) es el nuevo enfoque del personaje central. Si bien Bond es ahora más superhombre que nunca (el trabajo de los dobles especiales es excepcional), el filme nos muestra también su vulnerabilidad. Bond se retuerce de dolor ante la tortura, siente la necesidad de tomarse un trago de Whiskey después de sobrevivir un combate desigual y llora abiertamente ante la muerte de la mujer que ama (atrapada bajo el agua en la cabina de un ascensor).
En Casino Royale, igual que en Al Servicio Secreto de su Majestad (1969, con el australiano George Lazenby), el agente 007 encuentra el verdadero amor y decide abandonar su vida de violencia constante que le impide realizarse plenamente como ser humano. Pero las circunstancias que lo condicionan y marcan, le impiden escapar de su destino. El tema central de Casino Royale es que, por más que luche por cambiar de piel, James Bond está condenado a seguir siendo James Bond. En boca de Craig, la frase Soy Bond, James Bond, adquiere un profundo dramatismo.
La película contiene una enérgica interpretación del tema de James Bond compuesto por Monty Norman para Dr. No. Los interiores del Casino fueron rodados en el Atlantis Casino de Paradise Island, en las Bahamas. La espléndida fotografía (con secuencias fuera de serie en el Aeropuerto Internacional de Miami y en Venecia) es de Phil Meheux (el mismo de Golden Eye). La actuación de Eva Green (la Sybilla de Las Cruzadas), como Vesper Lynd, agente del Tesoro, es tan buena que llamarla la mejor chica Bond es ofensivo.