Mozambique a Pedacitos es un dramático y vibrante testimonio social, del doctor Miguel Aragón López, que en palabras cotidianas, emotivas y reveladoras, relata las duras vivencias del sufrido pueblo sudafricano en la década de 1990 al 2000, años que brindó sus servicios como médico y epidemiólogo.
Me sentí como en Nicaragua, como en el reparto Schick, la Fuente o el Riguero , nos relata Aragón al comparar parte de la violenta historia social de Mozambique con nuestro país, el de las últimas décadas, cercado por las guerras civiles, huracanes, enfermedades, la migración y la extrema pobreza.
Asimismo, recuerda que para estos días (dos semanas de su llegada a Mozambique, finales de febrero de 1990), tuvieron que atender a cientos de heridos de guerra.
Relata en una parte de su libro: Entré por emergencia, para tener una idea de la situación pero cuál fue mi sorpresa al ver las camas de observación ocupadas por heridos; se oían lamentos, llantos y gritos desesperados. Las enfermeras corrían de un lado a otro, vi médicos sobre los pacientes mas graves, pinzando vasos sangrantes para detener las hemorragias, la camillas pasaban a una velocidad espeluznante Otros menos graves pero ensangrentados, aguardaban en la sala de espera.
Todo había sido producto de un ataque de carnicería al tren de Ressano García, quienes a punta de hacha, machete y cuchillo, atacaron a los mineros que venían de África del Sur, añade.
Este terrible drama de guerra, de pobreza y marginación, las pestes hacían sus propios estragos: la epidemia del cólera hizo su acto de aparición. Corrían los años noventa, había sequía, luego fuertes precipitaciones invernales. El lodo, las heces y la orina se mezclaron anidando a la peste en las ciudades de Beira, Tete, Quelimane y más de la mitad de los 144 distritos. Para 1987, el brote epidémico, en su mas alta cifra, registró más de 80 mil casos de cólera, señala el libro.
Sobre la difícil situación de la salud pública, también recuerda el caso de una mujer que fue atendida en una clínica popular. Esta pobre mujer, que presentaba un aborto incompleto, un médico italiano, le practicó un legrado sin anestesia cervical, cuando éste se hace con anestesia general. La razón, justifica Aragón, no tenían fármacos anestesiantes, por lo que los pacientes eran atendidos con escasos o nulos recursos sanitarios.
En dicho testimonio, Mozambique a Pedacitos, Aragón, a modo de conversación directa, nos cuenta acerca de las costumbres de sus pobladores, la mayoría de habla portuguesa, y un pequeño sector fronterizo de swahili, lengua franca. El grupo étnico dominante en el norte es el makua-lomwe, y en el sur el tsonga. La mitad de la población adulta es analfabeta.
Según nos revela, todavía persiste la fuerte costumbre de la población nativa de acudir primero al curandero o partera. Las jóvenes, por su lado, rechazan el uso del condón porque éste es símbolo de infidelidad y de una relación amorosa sin el toque o roce ardiente de la piel. Por lo que la ve esta creencia como peligrosa, y facilitadora para el contagio de enfermedades de transmisión sexual.
No todo es noche negra. Mozambique tiene su lado festivo: como en los pueblos indígenas de Monimbó suena sonora la marimba de arcos, entre los Chopi, pueblo milenario de las costas de Mozambique.