Por toda la tierra
erremos los migrantes;
por toda la tierra
se eleva nuestro canto.
Nuestro canto, carne, sueños
más altos que murallas. Fuertes son
nuestros brazos, nuestros pensamientos,
claros; alboradas que habrán de ver
nuestros hijos.
Dejamos nuestras tierras buscando
abrazos, manos amigas, corazones
donde se acurruque tibia solidaridad:
esa leche. Ese pan. Esa escuela.
No somos criminales. Nuestra piel
no dice que lo seamos. No lo dice
nuestro idioma. Somos sólo
migrantes de amplio corazón.
No somos malignos capitales que migran
sangre y carne buscando. No somos
molinos financieros ni creadores
de norias con esclavos.
Por toda la tierra
erramos los migrantes;
por toda la tierra
se eleva nuestro canto.
Buscamos un lugar, espacio pequeño
donde sea clara la vida. Un manantial
buscamos, no espanto. No muros
para nuestra lamentación; no buscamos
ser comidos por perros de presa,
ni ametrallados ni cocidos en desiertos
o en carros herméticos.
Por toda la tierra marchamos
ondeando nuestros sueños.
Por toda la tierra
erramos los migrantes;
por toda la tierra
se eleva nuestro canto.