Piano: suave y dinámico

Cada vez que la destreza pianística es representada en Nicaragua, crece la admiración, con múltiple despliegue hacia ese cuerpo sonoro considerado de “mundo aparte”, estimación adjudicada al órgano, situado más allá por los habitantes de la “organología”, de los instrumentos polifónicos como el clavecín y aun el propio piano, su desarrollo, su evolución. El diletante […]

Cada vez que la destreza pianística es representada en Nicaragua, crece la admiración, con múltiple despliegue hacia ese cuerpo sonoro considerado de “mundo aparte”, estimación adjudicada al órgano, situado más allá por los habitantes de la “organología”, de los instrumentos polifónicos como el clavecín y aun el propio piano, su desarrollo, su evolución.

El diletante nicaragüense ha tomado siempre en cuenta los antecedentes del piano con el fin de oír sus efectos sumamente arraigados en el campo musical, con mayor énfasis en el género que lo distingue.

El anuncio de la visita a Nicaragua de Valentina Díaz Frenot para realizar en el salón de los cristales del Teatro Nacional Rubén Darío, una sola presentación, esperada y lamentada al mismo tiempo desde el mismo momento en que por su renombre, merecía ser llevada al primer escenario de nuestro coloso cultural.

No podía ser excluido el porte de los resistentes a no fenecer en el campo selectivo de la música pianística, especializada para imponerse y estar siempre abrigada por ese teclado. Debussy, Chopin, Mozart, Ginestera y Ravel. Ya tenía conocimiento comprobado de poseer la argentina cualidad para interpretar al francés Eric Satie, el excéntrico y bohemio recreador al mejor estilo de Clidat.

Ella sabe cuadrar el equilibrio y proponer en cada uno de sus conciertos las distancias en la forma y el fondo de las creaciones de quienes dedicaron gran parte de su vida a honrar las dotaciones vibrantes de este instrumento.

Motivaciones ajenas a la voluntad impidieron la testificación de sus manos deslizándose sobre la dentadura bicolor. Su inclusión en los caminos del alma nos hizo recordar a Paul Badura Skoda, a Jorge Demus, a Felipe Entremont, a tantos distinguidos ejecutantes de esa concordancia estética y acústica, decorada y sonante en los salones imperiales, en las abadías, en los escenarios de los teatros del mundo, en la holgura interior de las casas.

Y como un “punto y aparte” del comentario posterior a este sobre su presentación, nada más apropiado, ilustrativo y colateral que ocuparse no sólo de los compositores invocados por ella sino del empleo “ad líbitum” de este instrumento tecnológico en cuanto a su formación y complejidad y su estructura, inspiradora del estudio de lo que es creciente en cuanto a insinuar, a sugerir descubrimientos. De ahí que sea de ayer, de hoy y de mañana, de ahí que no sucumba su atracción respetuosamente renovada.

El innovador contribuye a llevarle a la elegante simbología de su cola, los tonos reclamados de esa constante impregnación de registros, de orquestación plena acompañante de una sola figura, no obstante protagonista blando y vigoroso de sus cuerdas.

Se oye decir “quién va piano va lontano”. Quién va despacio, llega lejos. Y ello tiene su significación a pesar de la inclinación dinámica, a pesar de convidar a la suavidad. “Suave que es bolero” es una aseveración popular que no colinda con la desesperación.

La Prensa Literaria

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